Con motivo del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), Casa Asia vuelve a situar en el centro del relato las voces y experiencias de mujeres asiáticas y de sus diásporas en España a través de una nueva serie de ocho entrevistas. Este especial del 8M 2026 no solo pone en valor trayectorias personales y profesionales marcadas por la resiliencia, la creatividad y el compromiso, sino que también ofrece un espacio de reflexión sobre identidad, pertenencia y transformación social en contextos diversos.
Estas entrevistas permiten visibilizar historias a menudo invisibilizadas y contribuir a un diálogo más amplio sobre igualdad, diversidad y representación. Las protagonistas —procedentes de distintos países asiáticos y residentes en ciudades como Barcelona, Mallorca o Madrid— comparten vivencias que conectan lo íntimo con lo colectivo, abordando desde la creación artística y la investigación académica hasta el activismo cultural y social.
Iram Batool Qadri
Pakistán - BarcelonaGran Dong 동그란
Corea del Sur - MadridNajiah Mohammadi
Afganistán - ValldoreixRourou Ye 叶柔柔
China - BarcelonaAsyl Ryskulova Ibraeva
Kirguizistán – RubíAnoushka DasGupta
India - BarcelonaRosie Nguyen
Vietnam - MallorcaSayeh Somayeh Sabokbar
Irán- BarcelonaIram Batool Qadri

Iram Batool Qadri es poeta e investigadora, originaria de Pakistán y residente en Barcelona. Junto a su labor académica en la Universidad de Barcelona dentro del ámbito de la Psicología Organizacional, promueve activamente la literatura urdu y la tradición del Mushaira en Europa. Su poesía da voz a las experiencias y la resiliencia de las mujeres. Entre sus poemas más conocidos se encuentran Awaz, Dukhtary Adam y Gunehgar, obras que exploran la identidad, la fortaleza interior y el universo emocional femenino. Es miembro fundadora de AhleQalam y de la Urdu Academy Barcelona, y ha participado en numerosos encuentros poéticos internacionales y locales.
¿Puedes contarnos un poco sobre tu trayectoria?
Me llamo Iram Batool Qadri y soy originaria de Pakistán. En 2009 me trasladé a Alemania para realizar estudios doctorales en Psicología Organizacional, tras completar mi máster en la Quaid-i-Azam University de Islamabad. Tras casarme, mi camino me llevó a Barcelona, donde actualmente vivo junto a mi familia —mi esposo y nuestro hijo.
Barcelona se ha convertido poco a poco en nuestro hogar: un espacio donde conviven mi trabajo académico, mi vida familiar y mi identidad poética. Mi recorrido entre distintos países no solo ha definido mi trayectoria profesional, sino también mi crecimiento emocional y cultural, enseñándome que la identidad puede expandirse sin perder sus raíces.
¿En qué se centra tu trabajo en la universidad?
Actualmente trabajo en la Universidad de Barcelona como investigadora y coordinadora de proyectos. Mi trabajo se centra en el estudio de los estilos de liderazgo —especialmente el liderazgo transformacional y el liderazgo abusivo— y en cómo estos influyen en el estrés laboral y de equipo, así como en fenómenos como el ciberacoso laboral y el bienestar psicológico de los empleados. Mi objetivo es contribuir a la creación de entornos laborales más humanos, respetuosos y saludables.
¿Qué recuerdos destacarías de tu vida en Pakistán?
Pakistán representa una de las etapas más hermosas y formativas de mi vida: un tiempo rodeado de familia, amistades y libertad emocional.
Allí nació también mi vínculo profundo con la poesía urdu. Desde muy joven descubrí que las palabras podían expresar aquello que el lenguaje cotidiano no alcanzaba. La poesía se convirtió en mi lenguaje interior, una forma de comprender el amor, la pérdida, la identidad y la sensibilidad humana.
¿Qué ha significado para ti llegar a España?
Llegar a España fue parte de un proceso continuo de migración y reinvención personal. Cada país implica aprender nuevas lenguas, culturas y formas de pertenecer. España me ofreció un espacio donde mi identidad científica y artística pudieron crecer juntas.
¿Cuál es tu relación con la poesía?
La poesía llegó a mi vida desde muy temprana edad. De niña empecé leyendo y escribiendo versos, y más adelante estudié formalmente el arte clásico de la poesía —Fun-e-Shaeri— y la métrica poética (Arooz).
También enseñé métrica y poesía urdu en círculos culturales y programas televisivos en Ludwigshafen, Alemania, así como anteriormente a jóvenes —especialmente mujeres— en Pakistán.
Para mí, la poesía no es solo arte: es conocimiento emocional y reflexión interior.
¿Hay muchas mujeres poetas en Pakistán? ¿Cuáles te han marcado más?
Sí, Pakistán posee una sólida tradición de mujeres poetas. Admiro profundamente a Zahra Nigah y Noshi Gilani, aunque la poeta que más ha influido en mí es Parveen Shakir. De hecho, mi tesis de máster estuvo dedicada a su obra: un análisis psicológico de la representación de la mujer en su poesía.
Su escritura refleja con enorme sensibilidad el mundo emocional femenino: el amor, la traición, la soledad, la vulnerabilidad, el dolor de la infidelidad, la maternidad y el deseo de dignidad y empoderamiento. A través de ella aprendí que la vulnerabilidad también puede ser una forma de fortaleza.
Gracias a la comunidad pakistaní en Barcelona, conociste la tradición de los Mushairas. ¿Nos puedes explicar en qué consiste?
El Mushaira es una de las tradiciones poéticas vivas más hermosas del subcontinente indio: un encuentro colectivo donde la poesía se comparte y se siente en comunidad.
Históricamente, los Mushairas se celebraban en cortes reales, donde los poetas recitaban ghazales, nazms y otras formas poéticas ante reyes y eruditos. Grandes figuras como Mir Taqi Mir, Mirza Ghalib, Allama Iqbal o Faiz Ahmed Faiz enriquecieron esta tradición.
A diferencia de muchas lecturas poéticas occidentales, el público participa activamente: expresa su admiración con el «Wah Wah» y pide la repetición de versos con el «Mukarrar Irshad». La poesía se convierte así en una experiencia emocional verdaderamente compartida.
¡Y también se organizan Mushairas en Barcelona!
Sí, y es una parte muy importante de mi trayectoria cultural. Soy miembro fundadora y vicepresidenta de AhleQalam y de la Urdu Academy Barcelona, desde donde hemos organizado numerosos Mushairas internacionales en la ciudad, creando un puente cultural entre Oriente y Occidente.
Anteriormente también organicé Mushairas en la Universidad de Heidelberg, en Alemania, y entre 2011 y 2012 coordiné encuentros poéticos internacionales en línea a través de Radio Pakcelona Barcelona. Asimismo, colaboramos en conferencias internacionales como los encuentros de literatura urdu de Córdoba y Barcelona.
He tenido además el honor de participar en recitales organizados por el Ajuntament de Barcelona, especialmente con motivo del Día Internacional de la Mujer.
Uno de los momentos más especiales de mi trayectoria fue recitar un poema frente a la Sagrada Familia, mientras una poeta española lo recitaba en catalán. Fue un momento simbólico: lenguas diferentes unidas por una misma emoción.
¿Cuáles han sido los mayores retos de tu vida?
El idioma ha sido al mismo tiempo mi mayor desafío y mi mejor maestro. Mi vida ha transcurrido entre Pakistán, Alemania y España, y cada transición exigió aprender nuevas lenguas para poder pertenecer de verdad. Aprendí alemán y catalán, y continúo aprendiendo español.
La migración no es solo un desplazamiento geográfico: es también un renacimiento emocional y lingüístico. La poesía fue siempre mi ancla, el espacio donde mi identidad nunca necesitó traducción.
¿Qué te hace más feliz?
Las conexiones humanas auténticas. Leer poesía, enseñar, mantener conversaciones profundas y compartir tiempo con mi familia. Ver crecer a mi hijo con curiosidad y sensibilidad es una de mis mayores alegrías.
¿Cuál es tu sueño?
Construir puentes entre culturas, lenguas y generaciones a través de la investigación y la poesía, y mantener viva la belleza de la literatura urdu en Europa.
¿Qué mujer te ha inspirado más?
La mayor inspiración de mi vida ha sido mi madre: una mujer de fortaleza silenciosa, paciencia y dignidad.
En la literatura, Parveen Shakir me enseñó que una mujer puede ser intelectual, sensible y poderosa al mismo tiempo. Su poesía me mostró que la autenticidad es, en sí misma, una forma de valentía.
¿Qué consejo darías a las mujeres jóvenes?
Que crean en la educación y en su propia voz. La independencia emocional y económica es esencial. Que no teman al cambio, porque el crecimiento comienza siempre fuera de la zona de confort.
Las recomendaciones de Iram
Comida favorita: la cocina casera pakistaní, especialmente el biryani
Poetas: Parveen Shakir, Mirza Ghalib, Faiz Ahmed Faiz y Jaun Elia
Música: ghazales clásicas, especialmente Mehdi Hassan
Película: Kamli, por su profundidad psicológica y emocional
Libros: Deewan-e-Ghalib, Khushbu de Parveen Shakir y obras de psicología
Rincón favorito de Barcelona: Montjuïc al atardecer, plaza de España y las calles del Barrio Gótico
Iram en vídeo:
https://www.youtube.com/watch?v=yCbVat0eyk8
https://www.youtube.com/watch?v=45_kFpJSFYI
https://www.youtube.com/watch?v=adQRP1_TBRE
Entrevista realizada por Gaëlle Patin Laloy, responsable del Programa Interculturalidad de Casa Asia, con motivo del 8M.
Gran Dong 동그란

Gran Dong ha nacido en Seúl, Corea del Sur y reside actualmente en Madrid. Es intérprete de gayageum, un instrumento tradicional coreano de cuerdas, y profesora de idioma coreano.
¿Cuál es tu trayectoria musical en Corea?
Bajo la influencia de mi madre, artista de minhwa —la pintura tradicional coreana—, empecé a aprender gayageum a los siete años. Más tarde estudié música tradicional coreana en el Instituto Nacional de Artes Tradicionales de Corea, en la Universidad Nacional de Artes de Corea (K-arts) y en la Universidad de Hanyang.
¿Por qué decidiste venir a España?
La idea partió de mi madre. Después de graduarme, ella me sugirió que podría vivir en otro país y difundir la cultura coreana. Mientras pensaba cuál sería el destino más adecuado, me decanté por España, un país reconocido por su arte y su cultura. Además, no había nadie que interpretara música tradicional coreana aquí, lo que me hacía pensar que habría mucho por hacer.
Una vez en Madrid, ¿cómo empezaste a difundir la música tradicional coreana?
Al llegar, enseñé janggu y gayageum en el Centro Cultural Coreano en España y ofrecí numerosos conciertos en colaboración con la Embajada de Corea y el propio Centro Cultural.
Para conocer mejor la música española, cursé un máster en Música Española e Hispanoamericana en la Universidad Complutense de Madrid. Aunque no llegué a defender el TFM, la experiencia me permitió profundizar en la tradición musical de este país. Posteriormente regresé a Corea para completar un máster en Estudios Coreanos, y actualmente realizo un doctorado sobre música coreana en el Departamento de Estudios de Asia Oriental de la Universidad Autónoma de Madrid.
Con el tiempo comencé a desarrollar proyectos de colaboración con músicos españoles, arreglando piezas de ambas tradiciones para interpretarlas juntos. Tuve la oportunidad de actuar como solista de gayageum con la Orquesta de RTVE, y una de las experiencias más especiales fue grabar música junto al compositor de bandas sonoras Roque Baños.
¿Nos presentas el gayageum?
El gayageum tradicional tiene 12 cuerdas y utiliza una escala pentatónica: sol, la, do, re y mi. Hoy en día también toco el gayageum de 25 cuerdas, que emplea una escala de siete notas y resulta más versátil para colaborar con la música occidental.
A menudo se compara el gayageum con el guzheng chino y el koto japonés. La diferencia principal es que, mientras estos dos instrumentos se tocan con púas en los dedos, el gayageum coreano se toca directamente con los dedos, lo que le da un sonido más suave y cálido.
Con el gayageum tradicional interpreto música como el Arirang o el estilo Sanjo; con el de 25 cuerdas me adentro en el repertorio contemporáneo.
Gracias a tu trabajo, en España tenemos acceso no solo al K-pop, sino también a la música tradicional y experimental coreana.
El K-pop es muy popular en España, especialmente entre los jóvenes, gracias a la influencia de la ola coreana. Sin embargo, la música tradicional todavía no es muy conocida, y eso me genera cierta pena. Por eso intento ofrecer más conciertos y actividades que acerquen esta tradición al público español.
¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
Ahora mismo tengo dos proyectos en marcha. El primero es con mi grupo: estamos creando música de jazz fusión basada en el sanjo, un género de la música tradicional coreana. Ya hemos terminado dos piezas —Muwisa y Chamyari—, publicadas en un álbum disponible en Spotify, y seguiremos desarrollando nuevos sanjos.
El segundo es un proyecto personal que comencé hace dos años: visito colegios en España para ofrecer charlas sobre la cultura y la música coreana a niños y adolescentes. El objetivo es acercar Corea a estudiantes que todavía saben poco sobre el país.
¿Cómo es la escena musical en Corea? ¿Cómo conviven el K-pop y la música tradicional?
Antes, muchos jóvenes en Corea solo escuchaban K-pop y mostraban poco interés por la música tradicional. En los últimos años, sin embargo, esto ha empezado a cambiar: varios artistas de K-pop han comenzado a incorporar elementos de la tradición, lo que ha despertado la curiosidad de las nuevas generaciones. Cuando BTS interpretó Arirang en un concierto en Francia, el interés por esa canción creció notablemente. También BLACKPINK incorporó el sonido del geomungo, un instrumento tradicional coreano, en una de sus canciones, lo que hizo que más personas se interesaran por los instrumentos tradicionales.
Además, el año pasado el éxito de K-pop Demon Hunters también despertó curiosidad por la cultura tradicional coreana. Por otro lado, el nuevo grupo de JYP llamado Dodri, que basa su estilo en la música tradicional, muestra que incluso dentro de la industria del K-pop está creciendo el interés por las raíces musicales tradicionales.
Gracias a todo esto, hoy en día el K-pop y la música tradicional coreana interactúan y se influyen mutuamente, creando nuevas formas musicales y coexistiendo de manera muy positiva.
¿Qué posición ocupa la mujer en el mundo de la música coreana?
En el ámbito de la música tradicional, la posición de las mujeres no siempre fue elevada. Durante la dinastía Joseon, la mayoría de los músicos de la corte eran hombres, y esa música se consideraba de mayor estatus que la popular o folklórica. Incluso después de la ocupación japonesa y tras la independencia, las mujeres dedicadas a la música tradicional sufrían discriminaciones: salarios más bajos que los de sus colegas masculinos e imposibilidad de ocupar roles relevantes.
Esta situación llevó a la creación de una compañía teatral formada únicamente por mujeres: el Yeoseong Gukgeuk, o teatro nacional femenino.
Afortunadamente, la situación está mejorando poco a poco. La sociedad avanza hacia una época en la que importa la habilidad, no el género. Espero que cada vez más músicas con talento puedan recibir el reconocimiento que merecen.
¿Quieres compartir un sueño?
Me gustaría formar nuevas generaciones de músicos. Quisiera enseñar música tradicional coreana a personas en España para que, en el futuro, ellas también puedan transmitirla a otros. Sueño con crear un grupo con músicos españoles y viajar juntos por el mundo compartiendo esta música.
¿Qué consejo darías a las mujeres jóvenes?
Si hay cosas que quieres hacer, atrévete a intentarlo. Aunque haya obstáculos y fracases, eso te ayudará a crecer, y no te arrepentirás.
¿Qué mujer te ha inspirado más?
Mi madre, Kim Kyoung-bok, pertenece a una generación en la que la discriminación de género era todavía muy fuerte. Se esperaba que, tras casarse, la mujer se dedicara a criar a los hijos y a cuidar el hogar. Ella también dejó su trabajo al poco de casarse y de tenernos a mi hermano y a mí.
Sin embargo, cuando nosotros entramos en la escuela secundaria, volvió a empezar a pintar. A pesar de lo que dijera la gente a su alrededor, siguió creando sus obras con determinación. A los 60 años comenzó estudios de maestría y finalmente obtuvo su título. Incluso ahora sigue muy activa: recibe invitaciones para exponer en países como China, Japón, España, Francia, Argentina, Mongolia, Turquía y Rusia.
Aunque escuchó muchas veces comentarios como: “¿Qué hace una madre pintando y haciendo exposiciones? Quédate en casa, cuida a tus hijos y atiende a tu marido”, nunca abandonó su sueño y llegó a convertirse en una maravillosa artista de minhwa (pintura popular tradicional coreana).
Al ver a mi madre, aprendí a no rendirme y a seguir adelante con mis sueños.
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Entrevista realizada por Gaëlle Patin Laloy, responsable del Programa Interculturalidad de Casa Asia, con motivo del 8M.
Najiah Mohammadi

Najiah nació y creció en la provincia de Jawzjan, en Afganistán. Estudió economía y empezó a trabajar en la universidad. Nos cuenta cómo cambió drásticamente su vida con la llegada de los talibanes. Vive en España desde 2022, gracias al apoyo de Afghan Women on the Run.
¿Cómo te definirías y qué te gustaría destacar de tu propio recorrido?
Nací y crecí en Afganistán, en una provincia llamada Jawzjan, en el norte del país. Allí cursé mis estudios primarios y secundarios. Después me fui a la India para estudiar Economía, donde estuve desde 2015 hasta 2018. A finales de ese año, o quizá ya en 2019, regresé a Afganistán.
Desde mi vuelta, quería trabajar para nuestra gente, especialmente para las mujeres y las niñas. En la India aprendí mucho; cuando llegué allí no tenía demasiada experiencia, pero esa etapa me ayudó a formarme y a crecer. Por eso, al regresar, empecé a trabajar como voluntaria en una organización que ofrecía educación a mujeres que no podían acceder a la escuela o que no podían permitirse clases privadas. También dábamos clases a niños que trabajaban en la calle. Yo enseñaba inglés e informática, transmitiéndoles las habilidades que necesitaban.
En 2019 comencé también a trabajar como asistente educativa en la universidad. Más tarde ejercí en un instituto durante aproximadamente un año y medio. A principios de 2021, la intensificación de la guerra —sumada a la pandemia de la COVID-19— nos obligó a quedarnos en casa, y las posibilidades de trabajar se redujeron enormemente.
¿Cómo viviste la llegada de los talibanes al poder en 2021? ¿Qué cambió de forma inmediata en tu vida?
Para el mundo puede parecer que los talibanes llegaron en un solo día, pero para nosotras no fue así. En algunas partes de Afganistán hubo resistencia. En mi ciudad, la guerra duró tres o cuatro meses. Las fuerzas del gobierno no querían ceder el control fácilmente y se produjeron enfrentamientos continuos.
Durante esos meses estuvimos en casa todo el tiempo, con un miedo constante. Recuerdo especialmente el 15 de agosto, cuando los talibanes tomaron el poder. Pero incluso un mes antes ya era imposible dormir por las noches, porque escuchábamos explosiones de forma continua. El miedo era enorme.
Tengo sobrinos y sobrinas pequeños que también tenían miedo, aunque no entendían del todo la situación. Recuerdo que uno de ellos decía que quería ir a matar a los talibanes, porque oía las explosiones y no comprendía lo que estaba pasando.
A principios de agosto decidimos abandonar nuestra ciudad porque ya no era segura. Nos fuimos a otra provincia, a Balkh, en Mazar-i-Sharif, que está cerca. Desde ese momento vivíamos en una preocupación constante: pendientes de las noticias en todo momento, esperando que el gobierno pudiera resistir. Pero finalmente lo dejaron todo y los talibanes tomaron el poder. Eso afectó profundamente nuestras vidas.
Luego saliste del país. Si no me equivoco, primero fuiste a Irán y después llegaste a España. ¿Cómo fue ese trayecto?
Dejé Afganistán en octubre de 2021. Hubo razones que me obligaron a irme, aunque ahora prefiero no entrar en detalles. Me fui a Irán, donde estuve un año, a pesar de que solo disponía de un visado de tres meses —que, por cierto, tampoco fue fácil de conseguir.
Al principio pensé que sería algo temporal y que podría regresar a mi país, porque no imaginaba que los talibanes fueran a permanecer tanto tiempo. Cuando el visado estaba a punto de caducar y la situación en Afganistán no cambiaba, tuve que decidir si lo renovaba o me marchaba a otro país.
Extender el visado no era sencillo. Con frecuencia había que pagar de forma irregular, porque legalmente el proceso no estaba gestionado. Era todo en negro. Además, al ser mujer sola y en una situación vulnerable, algunas personas intentaban aprovecharse. Recibí mensajes de hombres que decían poder ayudarme con el visado, pero insinuaban que teníamos que estar juntos en una habitación. Fue una situación muy difícil y aterradora.
Pasé un año en Irán viviendo sola. Encontrar trabajo sin visado era muy complicado, y también resultaba difícil acceder a un alojamiento sin estar matriculada en una universidad. Mi familia, además, no podía ayudarme económicamente, porque mi padre tampoco se encontraba en una situación segura.
Yo no quería volver a Afganistán ni aceptar esa realidad. Siempre pensé que tenía que seguir luchando. Finalmente, tras un año de espera, pude venir a España en octubre de 2022, gracias al apoyo de Afghan Women on the Run.
¿Qué han significado para ti organizaciones como Afghan Women on the Run y Refugees Welcome, especialmente en lo que respecta a la acogida y la convivencia?
Cuando llegué a España, entré en un programa de acogida del gobierno que ofrece alojamiento, comida y clases de idioma durante un año y medio. Adaptarse no es fácil: vienes de una situación muy dura y hay normas que seguir.
Afghan Women on the Run me acompañó desde Irán hasta mi llegada aquí. Después conocí a Refugees Welcome, y las personas que trabajan en estas organizaciones se han convertido en parte de mi familia. Siempre están ahí para apoyarme. Llegué a tener familiares en otros países que me ofrecieron ayuda, pero decidí quedarme aquí porque sentía que ya tenía a mi familia en estas organizaciones.
Cuando dejas tu país, es muy difícil sentir que otro lugar puede ser tu hogar. Pero cuando encuentras personas que te apoyan de verdad, puedes empezar a sentirlo así.
¿Qué te gustaría que la sociedad española entendiera mejor sobre las mujeres afganas?
Me gustaría que entendieran que venimos de situaciones muy difíciles. Con el tiempo podemos recuperarnos, pero eso no significa que olvidemos todo lo que hemos vivido.
A veces siento que me hacen muchas preguntas por llevar hijab. Algunas personas preguntan porque quieren entender, pero otras lo hacen de forma que parece un cuestionamiento o un juicio. Nosotras ya hemos pasado por mucho; no necesitamos más presión. Llevar o no llevar hijab es una elección personal. Ahora estoy en una situación en la que puedo elegir, y eso es importante.
También creo que a veces la gente no se acerca a las mujeres refugiadas, y nosotras necesitamos ese acercamiento. Es difícil dar el primer paso cuando estás aprendiendo un idioma o adaptándote a una nueva realidad. A veces esperamos que sean los demás quienes se acerquen. Y no siempre se trata de dinero, hay muchas formas de apoyar: escuchar, acompañar, mostrar interés. Me gustaría que hubiera más empatía y más voluntad de comprender.
Todos tenemos la capacidad de hacer algo, aunque sea acercarse para saber y romper la brecha del desconocimiento.
Sí. Algunas, como yo, hemos tenido la suerte de encontrar personas a nuestro alrededor que nos comprenden muy bien. A veces ni siquiera necesito hablar: con solo verme ya saben cómo estoy. Pero me gustaría que todo el mundo pudiera tener eso.
Estudiaste Economía. ¿Qué te gustaría hacer en los próximos años?
A veces no lo sé. Quizá porque las oportunidades que teníamos allí eran muy limitadas. A veces quiero hacer muchas cosas a la vez, y cuando quieres abarcar demasiado, al final no puedes hacer ninguna bien.
Estudié Economía y después hice un máster en investigación en economía y empresa. También he realizado un curso de análisis de datos, que puede abrirme puertas en el ámbito de la investigación o en el sector empresarial. Una parte de mí quiere desarrollarse profesionalmente en lo que ha estudiado.
Pero al mismo tiempo, si me enfoco únicamente en mí misma, no duermo tranquila. Desde que regresé de la India a Afganistán siempre he querido hacer algo por las mujeres que están allí. Quiero encontrar más oportunidades de educación y trabajo para mujeres, niños y niñas. Eso es algo que me hace sentir bien.
Sé que la educación puede cambiar las cosas. Si yo estoy aquí hoy es porque tuve la oportunidad de estudiar, de abrir los ojos. Por eso quiero que otras también tengan esa oportunidad. Me gustaría que la escuela creciera y que pudiéramos apoyar a más mujeres. No sé exactamente cómo, pero sé que no quiero abandonar esa idea.
Esta entrevista se publica con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. ¿Qué mensaje te gustaría compartir con otras mujeres que han tenido que huir de su país, o con las mujeres en general?
Como mujer y como refugiada, he vivido momentos muy difíciles, pero nunca he perdido la esperanza. Habrá días muy oscuros —eso es inevitable—, pero también pasan. Tenemos que mantener la esperanza, porque sin ella es muy difícil levantarse.
También es importante sentir la responsabilidad de apoyar a las demás. Si yo estoy aquí con oportunidades, y hay otra mujer en Afganistán que no las tiene, seguimos siendo iguales. Cuando tenemos oportunidades, debemos pensar en quienes no las tienen.
A las mujeres que están atravesando un momento duro les diría que tengan esperanza. La noche puede ser muy oscura, pero el día siempre llega. No sabemos cuándo, pero llega.
¿Tienes algún proyecto que quieras compartir?
Me gustaría hablar de las escuelas y clases en línea que llevamos a cabo a través de Afghan Women on the Run. Estos programas están dirigidos a chicas afganas que viven en Afganistán, Irán y Pakistán, donde a menudo es muy difícil acceder a una educación.
Ofrecemos clases de inglés, español, informática y otras materias que les ayudan a desarrollar habilidades y a recibir formación. Nuestro objetivo es darles esperanza, conocimientos y oportunidades que de otra manera no tendrían.
Se puede colaborar dando clases como voluntario o voluntaria, ejerciendo como profesor o profesora de idiomas, o participando como compañero o compañera de conversación.
Y para acabar, algo más ligero ¿tienes un día favorito del año?
Es una pregunta interesante. Para mí no es fácil elegir un día concreto. Cuando lo pienso, me doy cuenta de que normalmente no me enfoco demasiado en los cumpleaños u otras celebraciones.
Crecí en Afganistán, en un contexto marcado por la incertidumbre y el conflicto. Eso me enseñó a valorar otras cosas. En lugar de buscar un día ‘perfecto’, aprendí a apreciar los días tranquilos y seguros.
Para mí, mi día favorito es cualquier día en el que todo esté en calma: un día en el que termino la jornada en paz, no recibo malas noticias, mi familia está bien y puedo irme a dormir con tranquilidad. Esos días sencillos y estables significan mucho para mí. Y cada vez que tengo uno así, me siento muy agradecida.
Muchas gracias por la entrevista y gracias a Casa Asia por el trabajo que hacen por nosotras.
Más información:
www.instagram.com/afghanwomenontherun/
www.instagram.com/refugeeswelcomees/
Entrevista realizada por Ona Albiol, estudiante en prácticas en el Programa Diversidad e Interculturalidad de Casa Asia, con motivo del 8M.
Rourou Ye 叶柔柔

Rourou Ye es una bailarina y coreógrafa nacida en Wenzhou, China y recién establecida en Barcelona. Comparte en esta entrevista su trayectoria formativa, artística y su proceso creativo.
“I’m a visual artist, and dance is my tool.”
Wenzhou, Shanghái, New York, Los Ángeles, San Francisco…¿Podrías explicarnos tu trayectoria y cómo has llegado a Barcelona?
Nací y crecí en China a finales de los 80. A los 25 años, di el salto y me mudé a Estados Unidos, sola, con una clara ambición: seguir mi carrera como coreógrafa. Me matriculé en un programa de posgrado en Nueva York y, tras graduarme, me quedé en la ciudad para crear. Nueva York me regaló seis años increíbles. Después me mudé a la Costa Oeste (Los Ángeles y San Francisco) durante cuatro años más, lo que aportó una nueva energía y perspectiva a mi práctica.
Fue en Estados Unidos donde conocí a mi pareja, que es portuguesa. En 2024 tuvimos un bebé, y eso lo cambió todo, de una forma maravillosa. Decidimos mudarnos juntos a Barcelona, buscando una mejor calidad de vida y un entorno más acogedor para criar a nuestro hijo. Y aquí estoy, continuando mi carrera como coreógrafa y también desarrollando mi trabajo como profesora de danza online.
¿Puedes explicar tu formación y trayectoria profesional?
Empecé a bailar a los 5 años. Mi formación inicial se basó en la danza folclórica y la danza clásica china, y paralelamente, también me formé en ópera china y kung fu. Desde muy joven, mi cuerpo se moldeó con estas tradiciones ancestrales y altamente técnicas.
Cuando me mudé a Estados Unidos, mi mundo se expandió por completo. Descubrí la danza contemporánea occidental, la danza posmoderna, el teatro musical de Broadway y las formas de danza callejera, todo me trajo un lenguaje físico y conceptual totalmente diferente. Al cursar mis estudios universitarios en una escuela de arte, también estuve expuesta a un trabajo artístico multidisciplinar (teatro, artes visuales, multimedia), y esa interacción se convirtió en algo fundamental para mi forma de pensar y crear.
Siempre he tenido un profundo interés por la edición de cine y video de danza, y con el tiempo, he entrelazado todas estas influencias (las raíces clásicas chinas, las formas contemporáneas occidentales, lo teatral, lo visual, lo cinematográfico) en una práctica integral que es completamente mía.
¿Cuál es tu inspiración y tu proceso creativo?
En el centro de mi enfoque creativo reside la fascinación por lo cotidiano. Me gusta tomar objetos y espacios cotidianos y buscar el ángulo extraordinario que se esconde en ellos: una sombra, un tipo de luz, una perspectiva inesperada. Y luego me pregunto: ¿cómo puede surgir el movimiento de ahí?
Para mí, en la danza no se trata solo de bailar. Se trata de moverse con intención. Cada gesto, cada forma que el cuerpo realiza, dialoga con una narrativa. Me interesa profundamente la narración, y en particular la lucha humana. Las tensiones, las contradicciones, la silenciosa resiliencia del ser humano: eso es lo que me impulsa a crear.
Así que mi proceso se basa principalmente en la observación. Miro. Encuentro el ángulo que transforma la percepción. Y luego exploro cómo las diferentes cualidades del movimiento pueden dar forma a diferentes historias: cómo el cuerpo se convierte en vehículo de algo mucho más grande que él mismo.
¿Por qué viniste a Barcelona? ¿Qué encontraste aquí?
La razón inicial fue personal: mi pareja es portuguesa, tuvimos a nuestro bebé en 2024 y queríamos una mejor calidad de vida y un entorno más acogedor para criar a nuestro hijo. A la hora de elegir el lugar, Barcelona nos pareció perfecto en todos los sentidos.
Es una ciudad increíblemente vibrante: siempre hay algo nuevo en el mundo del arte, la cultura y el espectáculo. La ubicación en sí misma es casi irracional por su belleza: montañas a un lado, el mar al otro. El clima te invita a estar al aire libre, a moverte, a crear.
Y algo que importó más de lo que esperaba: hay una gran comunidad china aquí. Eso significa que puedo encontrar mi sentido de pertenencia, mantenerme conectada con mis raíces y, muy importante, ¡encontrar buena comida china! Puede parecer poco, pero cuando te has mudado de país varias veces, saber que puedes encontrar el sabor de tu tierra natal significa mucho.
¿A qué te dedicas concretamente ahora aquí en Barcelona?
¿En serio? Ante todo, estoy criando a un bebé.
Mi pequeño tiene casi 2 años, y desde que llegué a Barcelona, la maternidad ha sido mi principal mundo. Es absorbente, hermoso y agotador a la vez.
Pero además de eso, me esfuerzo al máximo para seguir presentándome como artista. Acabo de terminar una performance y una residencia en el Centre Cívic Barceloneta, lo que fue un verdadero hito: una forma de arraigarme en la escena creativa local.
Y luego está mi trabajo de educación en línea, que se ha convertido en mi principal misión diaria. He creado una plataforma donde enseño a bailar a la gente, completamente desde cero, sin necesidad de experiencia previa. Tengo muchos seguidores en las redes sociales chinas (Rednote y Bilibili), así como en YouTube, donde llego a audiencias de habla china de todo el mundo. No se trata solo de técnica; los entreno a diario, construyendo una verdadera comunidad en torno al movimiento y la danza.
Así que mi vida aquí, ahora mismo, es un equilibrio constante: entre madre, coreógrafa y educadora. Y no pretendo que siempre sea elegante. Encontrar ese equilibrio es realmente difícil. Pero sigo intentándolo.
¿Para ti cuáles son los puntos de encuentro entre China y España?
Cuando la gente me pregunta esto, probablemente esperan una respuesta sobre historia o rutas comerciales. Pero para mí, la conexión es mucho más personal y sentida.
Lo primero es la comida. La pasión por la comida en España me recuerda genuinamente a China. En ambas culturas, la comida no es solo sustento, sino que es fundamental para la vida, para la reunión, para la identidad. Encontré mucho que amar en la cocina española, y esa familiaridad me hizo sentir como en casa más rápido de lo esperado.
La segunda conexión son los valores familiares. Aquí en Barcelona, la gente está profundamente orientada a la familia. Hay una calidez y una colectividad en la vida cotidiana que se siente mucho más cercana a mi propia cultura china que cualquier cosa que haya experimentado en Estados Unidos. En Estados Unidos, el individualismo lo es todo. Aquí, se siente más como si fueras parte de algo más grande que tú mismo. Eso me resuena profundamente, tanto como persona que como madre.
¿Cómo expresas tu viaje migratorio a través de la danza?
La esencia de la obra que estoy desarrollando “The Intangible Hallucination of Rourou during Daytime” es un cuestionamiento. Un cuestionamiento sobre lo que significa perseguir un sueño a toda costa. Sobre la tensión constante entre seguir tu camino y pertenecer a un lugar, a alguien. Sobre el sacrificio: a qué renuncias y si valió la pena darlo.
Mi viaje migratorio está entretejido en cada una de sus capas. El anhelo de raíces. La búsqueda de pertenencia. La negociación imposible entre la familia y el sueño. La danza se convirtió en el espacio donde podía albergar todas esas preguntas sin forzar una respuesta.
¿Podrías compartir algunos consejos o inspiraciones para mujeres jóvenes basados en tu experiencia?
Cuando tenía veintitantos, solo veía mi potencial. Quería perseguir mi sueño y nada más importaba. Pero a medida que crecí, la realidad se impone: la vida se vuelve más compleja, las prioridades cambian y empiezas a verte a ti misma y tu lugar en el mundo con mayor claridad.
Y lo que he aprendido es esto: cuida de ti misma primero. Y no lo digo de forma suave, sino práctica. Mira la realidad con claridad. Comprende la sociedad en la que te mueves. Encuentra la manera de mantenerte económicamente. Porque el camino de una artista, especialmente como mujer, no es fácil ni se recompensa automáticamente.
Así que sé inteligente con las oportunidades. Establece tus prioridades con claridad. Soñar es esencial, pero también lo es construir una base que realmente pueda sostener ese sueño. Lo más radical que puedes hacer es descubrir cómo prosperar y perseguir lo que amas. No una cosa o la otra.
Más información:
Instagram: @rourou_dance
YouTube: https://m.youtube.com/@rouroudancecoaching
Website: www.rourouye.com
Entrevista realizada por Gaëlle Patin Laloy, responsable del Programa Interculturalidad de Casa Asia, con motivo del 8M.
Asyl Ryskulova Ibraeva

Asyl Ryskulova Ibraeva se define como una kirguisa sincretizada. También se presenta como madre, esposa y mujer trabajadora, poeta y narradora de cuentos, un ejercicio vital y complejo de navegación entre identidades que comparte en esta entrevista. Ha nacido en Kirguistán y actualmente reside en Rubí (Barcelona).
¿Cómo fue tu llegada a España?
Mi trayectoria comienza con la historia de mi tío, el hermano de mi madre. Un kirguís apuesto e inteligente, formado en Uzbekistán y con un doctorado en Moscú, quien en los años 90 conoció a una joven catalana-alemana en Biskek. Se enamoran y, esta vez, el ‘rapto’ kirguís (el famoso Kidnapping practicado en Asia Central) ocurre al revés: ella se lo lleva a Europa, convirtiéndose en nuestra tía extranjera, curiosamente llamada Núria (en kirguís tenemos el mismo nombre).
Gracias a ellos, llegué como au pair para cuidar a mi prima recién nacida, tenía entonces diecinueve años. A cambio, estudié castellano en Barcelona.
Pero un año no fue suficiente: quería más, no tenía claro mi futuro y soñaba con volver a Kirguistán con un diploma, quizá para enseñar el idioma. Así que dejé la casa de mis tíos, busqué trabajo y seguí estudiando. Ahí comienza mi trayectoria ‘en soledad’, en Poblenou.
¿Qué te sorprendió más al llegar?
Todo era distinto: el idioma, las costumbres, la gente. Percibí una forma de comunidad más distante que en Kirguistán. Sin embargo, al aprender castellano encontré compañía en otras jóvenes europeas que se convirtieron en grandes amigas. Desde entonces, mi mejor amiga y ‘hermana europea’ es Deirdre Payne, una irlandesa de Galway a quien conocí en la escuela ABC, en el barrio de Gràcia.
¿Qué destacarías de tu infancia/adolescencia en Kirguistán?
Nací en un pueblo llamado Manas, tierra del héroe nacional que le da nombre y del escritor kirguís Chingiz Aitmatov, en la región de Talas, al noroeste de Kirguistán. Un lugar rodeado de majestuosas montañas.
De niña no tuve muchos juguetes, ni los necesité: eran los ríos, las flores y las piedras. Mis parques eran las montañas y las estepas, donde jugaba libre de sol a sol. Los veranos eran mágicos, llenos de estrellas por las noches que parecía, si alargaba la mano iba a atrapar una. En invierno, la nieve me llegaba hasta las rodillas y brillaba dorada bajo el sol, o plateada por la noche y todo parecía un cuento.
Esperaba con ilusión la primavera para buscar las “baychechekey”, flores que nacen con el deshielo. Apartaba la nieve con las manos, las recogía y las guardaba secas entre las páginas de mis libros.
Y tenías una relación especial con tu abuela…
La otra cara de mi infancia fue ayudar a mi apa, (apa es madre en kirguís), era mi abuela paterna. Ella tras quedarse viuda con poco más de treinta años, sacó adelante sola a sus cinco hijos. Habían sido con mi abuelo contables y comerciantes en el pueblo, en una región donde la vida giraba en torno a la agricultura, eran gente de bien.
Cuando mi padre se fue a la universidad a la capital conoció a mi madre, una chica de ciudad que no quiso vivir en el pueblo. Después de nacer yo, me dejaron con mi apa, como un intercambio por su libertad. Era algo común entonces en la cultura kirguisa, aunque hoy está cambiando.
Crecí con ella, entre una granja y un huerto inmenso, sintiendo que éramos las dueñas de todas aquellas bellezas de la naturaleza que nos rodeaba. Hasta los quince años no supe qué era generar basura, ni comprar comida: lo hacíamos todo, desde la mantequilla hasta las conservas para el invierno. De hecho, si nombrara no terminaría nunca la lista de cosas que hacíamos. El tiempo parecía infinito.
Entre tanto trabajo, mi apa me enseñó a leer la naturaleza, a cuidar la tierra y a los animales, pero, sobre todo, a valorar los estudios y a seguir esforzándome.
¿Y cómo fue tu traslado a la ciudad?
El día que me marché del pueblo, mi apa pasó el día en silencio. Me subí al autobús y la dejé atrás, sin más, para ir a la capital, donde me esperaban mis padres, mis dos hermanos y una vida nueva en el Liceo Turco, al que había sido admitida para completar la secundaria.
El cambio fue grande: a veces me perdía en la ciudad, pero me refugié en la literatura y la poesía, en aprender el turco — un idioma nuevo para mí — y en mejorar el inglés. En el instituto fui muy activa: participé en asociaciones juveniles, en la Unión de Poetas Jóvenes de la capital y en el teatro juvenil.
Cuatro años después, antes de venir a Barcelona, ya había escrito un par de manuscritos de poesía en kirguís.
¿Cuál ha sido tu formación?
En Barcelona obtuve el nivel C2 de castellano en la EOI de Drassanes y cursé un FP superior en Administración en la Escola de Treball (2005). Poco después gané una beca europea Leonardo da Vinci y elegí Cork, en Irlanda, donde realicé prácticas durante seis meses en Apple Computers Europe (2007).
Más adelante obtuve el C1 de catalán e inicié el grado de Psicología en la UOC (2015). Con el tiempo, y al no poder abarcarlo todo, lo dejé en pausa y me cambié a Humanidades, que curso actualmente a mi ritmo, es decir, lento y espero terminarlo antes de jubilarme (se ríe).
¿Combinas un trabajo en una empresa y tu actividad como poeta?
Siempre he trabajado en empresas privadas, en su mayoría del ámbito tecnológico, desempeñando distintos roles, desde administrativa hasta gestora de cobros, adaptándome a las oportunidades y a cada etapa profesional.
También escribes cuentos…
En paralelo, mi faceta creativa — los cuentos, la poesía o las exposiciones sobre Kirguistán— ha sido siempre una contribución voluntaria, mi pequeño granito de arena a la sociedad.
Decir que soy escritora, son palabras mayores; me considero más bien una aspirante. Hace un par de años autopubliqué Parábolas Orientales, en catalán y castellano, una recopilación de cuentos traducidos del kirguís —y algunos del ruso y del turco— que forman parte de las historias que escuché y leí en mi infancia y adolescencia.
Todos tienen su origen en la tradición cultural musulmana y hablan de belleza, espiritualidad y romanticismo. Con este libro también quise aportar a mi cultura y ofrecer otra mirada, lejos de estereotipos, porque a mí —y a todos en Kirguistán— nos enseñan, solo la belleza del Islam.
También te interesa difundir la cultura de Kirguistán aquí…
Hace años participé, junto a mi tío, en varias exposiciones sobre Kirguistán en Casa Asia. Más adelante, también colaboré en otras iniciativas con el escritor barcelonés Eduard Balsebre, a través de su asociación Amu Daria, y con la asociación catalana Coneguem el Món.
¿Existe alguna asociación de Kirguistán en España?
Sí, tenemos un grupo de WhatsApp de kirguises en España. En Madrid, mi paisana Altinay lidera la asociación Sumalak, y en Barcelona mi tío, Samagan Ibraev, fundó Kerben para promover Kirguistán en Catalunya, de la que formo parte. Hoy Kirguistán es un destino muy visitado por los españoles y europeos en general, y hay mucha información y agencias disponibles en Internet.
También eres madre, ¿cómo educar navegando entre dos culturas?
Tengo dos hijos adolescentes y gracias a Dios son buenos chicos. Criar en dos culturas es un gran reto: manejar dos o más idiomas en casa y las diferencias culturales no siempre es fácil. A veces mis hijos se sienten divididos por lo que oyen sobre el mundo musulmán o comentarios absurdos sobre mi integración, mi forma de vestir o el no comer carne de cerdo.
Por suerte, cuento con un esposo como un ángel, que me apoya y respeta cada decisión. Con eso me basta: confío en que mis hijos encontrarán su propio camino.
¿Cuáles fueron los retos más difíciles a los que te has enfrentado y cómo te has superado?
Después de mi primer año en Barcelona, dejé la casa de mis tíos y tuve que espabilarme, pero las montañas seguían pesando en mis hombros. Me sentía como una vieja atrapada en un cuerpo joven, y de algún modo había vivido la vida a través de los ojos de mi apa, sintiendo su dolor y sus preocupaciones. La familia de mi tío, especialmente su suegra alemana, me ayudó a encontrar una terapeuta que me convenció de vivir como una joven, y no ser tan melancólica.
Así cerré el capítulo de Kirguistán y con el, mi práctica espiritual, tratando de sentirme joven y europea, mientras que estudiaba castellano por las mañanas, la formación profesional por las tardes y trabajaba fines de semana sin descanso durante tres años. Al cuarto año, agotada y añorando las montañas, viajé a París, Bruselas y Madrid pensando que ya quería volver a Kirguistán, y ese verano, de vuelta en Barcelona, conocí a mi marido en el Festival Asia. No fue amor a primera vista, el amor vino más tarde, pero con el tiempo me ‘rejuvenecí’ y nos casamos después de unos años.
Pero, llego la maternidad y con ella los fantasmas de los glaciares de la estepa. Con mi primer hijo tuve que viajar a Kirguistán para aprender de mi madre cómo criar, cómo empezar de cero en la maternidad. Esa etapa fue dura: como mujer, madre y persona, incluso con la ayuda de la familia de mi marido, me sentía sola. Allí, comprendí la razón de la tradición kirguisa porqué una mujer, si no es la madre, siempre ha de acompañar a la otra recién parida durante los primeros cuarenta días. Volví a la terapeuta de mi juventud y, junto a mi esposo, decidimos que dejara de trabajar unos años para centrarme en la crianza y cuidar mi integridad física y emocional.
Es ahí cuando tomé la vida como una segunda oportunidad: volver a nacer con mis hijos y aprender de nuevo. Aunque amo mi infancia, comprendí lo que era bello y lo que no era tan bello y por mucho que pensara o dijera conscientemente – “¡Va! Porqué tanta tristeza si no he vivido hambruna, no he visto guerras, ni catástrofes” mi subconsciencia había registrado la otra cara de mis vivencias.
En ese proceso comencé a investigar mi religión desde la espiritualidad, lo que me salvó de una depresión crónica. Y si hay un momento en que el alma pide respuestas profundas, la maternidad es, sin duda, uno de ellos.
Y lo más gratificante de la búsqueda espiritual, con los años nos enseña, que al fin y al cabo no importa dónde, ni en qué familia naces. Todos cargamos una “mochila invisible” para los demás y para cada uno, lo suyo pesa. Lo importante es elevar la conciencia: de eso se trata. Así no te centras únicamente en tus experiencias, ni te compadecerás de lo que es o fue tu vida, sino que empiezas a empatizar y comprender fácilmente a los demás.
¿Todavía tienes familia en Kirguistán?
Mi hermano con su familia y mis tías y tíos paternos siguen en Bishkek, en la capital. Algunos en Talas. Y mi madre vive en Valencia con mi hermana, pero quiere volver a Kirguistán después de ya más de diez años en España.
¿Cómo ves la situación de las mujeres en Kirguistán?
Como vengo diciendo, Kirguistán es un país musulmán, pero muy diferente a lo que aquí se piensa sobre los países musulmanes o la mujer musulmana. Tengo amigas maestras, emprendedoras y directoras de fábricas textil, todas con tres o cuatro hijos, sus trabajos y bonitas casas sin hipotecas de “mil años” y siempre me pregunto cómo lo hacen.
¿Quieres compartir un sueño?
Mi sueño es poder transmitir a mis hijos los valores que me han transmitido a mí, para que, a pesar de las dificultades, sepan hacer el bien, buscar el sentido de la verdad y que sepan compartirlo.
¿Qué consejos darías a mujeres jóvenes?
Mi consejo a los jóvenes: soñar con ganar mucho dinero está bien, (sobre todo si sabes que tendrás una deuda de por vida con el banco aquí en España) pero no olviden que el conocimiento material no lo es todo. Es fundamental cultivar el conocimiento moral y espiritual, que nos ayuda a resolver conflictos internos y también con los demás, comprender la vida mejor. Y nunca dejen de aprender y de crecer como personas: la identidad profesional puede cambiar con un cambio de jefe, con una crisis, pero la personal no. Como dijo Confucio, no somos completos sin la unión de mente, cuerpo y alma.
¿Qué mujer te ha inspirado en tu vida y por qué?
Hay varias mujeres en mi vida que me inspiran: mi apa, quien me dio la misma sensibilidad que la fortaleza de las estepas; mi madre, con sus espaguetis hechos a mano que aprendió de su madre; mi hermana cuando se preocupa por cada miembro de la familia. Y entre grandes figuras de la historia, me quedo con dos: Kurmanjan Datka, la reina de las montañas que gobernó Kirguistán en la anexión con Rusia imperialista. Una fascinante líder y política del pueblo kirguís del siglo XIX, que, por cierto, os recomiendo mucho la película, y la Madre Teresa, por su amor incondicional hacia los demás.
Asyl nos recomienda….
La película de Kurmanjan Datka, “La reina de las montañas”. Líder y política del pueblo kirguís del siglo XIX.
Enlaces y redes:
Instagram: @amorespetoinspiro
Como autora: https://editorialcirculorojo.com/autores/asyl-ryskulova-ibraeva/
Esta entrevista fue realizada por Gaëlle Patin Laloy, responsable del Programa Diversidad e Interculturalidad con motivo del 8M.
Anoushka DasGupta

Anoushka nació en Jaipur, India, aunque sus padres son de Calcuta y Pune. Ha vivido en Londres y lleva más de 20 años en Barcelona. Se mueve entre la danza kathak y los restaurantes de su familia. Su proyecto escénico más destacado fue junto al rapero canario de ascendencia india Abhir Hathiramani. Nos lo cuenta aquí.
Tienes dos vidas (por lo menos). ¿Cómo te gusta presentarte: bailarina, emprendedora…?
Me gusta presentarme como bailarina de kathak, aunque también estoy en una fase de exploración de otros lenguajes como el ballet, la danza contemporánea o la urbana. Mi fortaleza es el kathak: llevo diez años formándome bajo la mentoría de Shreyashee Nag. Formo parte de su compañía de danza y también doy algunas clases. El kathak es una de las ocho danzas clásicas de la India y tiene muchas similitudes con el flamenco. De hecho, se dice que el flamenco podría tener raíces en el kathak: se parecen en el trabajo de pies, los giros, los movimientos de manos e incluso en los ritmos.
También me presento como Guest Relations, ya que estoy graduada en Turismo y Dirección Hotelera. Trabajo en uno de los restaurantes del Grupo Bembi S.L., un grupo de restaurantes indios en Barcelona, cada uno con una identidad propia: desde cocina tradicional hasta comida callejera o platos del sur de la India. Mi rol principal es la atención a reservas, correos electrónicos y grupos, pero al ser un grupo pequeño hago un poco de todo: dirección artística vinculada al marketing, apoyo en sala como camarera… un poco de todo, vaya.
Antes de llegar a Barcelona, tu familia pasó por Londres. ¿Teníais redes familiares en España? ¿Qué relación mantienes con la India?
Nací en Jaipur, India, pero solo viví allí mis primeros tres años de vida. Voy a menudo a visitar a mi familia y me siento india en muchas facetas de mi vida.
Nos mudamos a Londres cuando tenía tres años, por oportunidades laborales de mis padres. Más adelante, cuando tenía casi ocho años, vinimos a Barcelona también por una oportunidad laboral, esta vez como emprendedores. Fueron ellos quienes crearon su propia empresa de restauración y se convirtieron en pioneros en traer gastronomía india de calidad a Barcelona en 2006 con nuestro primer restaurante, Bembi. Antes de mudarnos ya teníamos familia aquí (primos y tíos), que hoy siguen siendo nuestra familia más cercana. Mis abuelos viven en la India, por lo que viajamos con frecuencia y ellos también vienen a visitarnos.
¿Tu camino en el sector de la restauración viene de la empresa familiar?
Totalmente. Al tener padres que se han dedicado toda la vida a la restauración y la hostelería, desde pequeña te mueves en ese entorno y aprendes a dar importancia a los detalles del servicio, la comida y la calidad. Fueron ellos quienes me introdujeron, directa e indirectamente, en este mundo. La hostelería es un trabajo muy sacrificado, y yo lo he visto reflejado en su estilo de vida. Se romantiza mucho el emprendimiento: tiene beneficios, sí, pero siempre implica un gran coste personal. Diría que mis padres son una fuente enorme de admiración para mí. He crecido siendo una persona espabilada, con energía y disciplinada, gracias a ver los esfuerzos que han hecho —y siguen haciendo— cada día.
He leído que vuestra familia ha abierto algunos de los mejores restaurantes indios de Barcelona. ¿Cómo es formar parte de un proyecto emprendedor familiar?
(Ríe) Sería poco modesto decir que son los mejores restaurantes indios de Barcelona, pero sí puedo asegurar que somos pioneros en nuestras propuestas gastronómicas y que llevamos más de 20 años en la industria de la restauración en Barcelona. En palabras simples: lo que hacemos, lo hacemos bien. En 2022 ganamos una competición estatal (Joc de Cartes) como mejor restaurante asiático de Barcelona.
Actualmente tenemos cuatro restaurantes con propuestas distintas. Bembi, fundado en 2006, ofrece una experiencia de comida india tradicional en un espacio moderno. Rangoli, fundado en 2011, está centrado en comida callejera de la India y algunos platos tradicionales. Ambos comparten ciertas similitudes. Mumak Tropical, en Ibiza, fundado en 2015, es el único que no pertenece al Grupo Bembi ni es un restaurante indio: ofrece cocina tropical (platos peruanos, jamaicanos, mexicanos, indios, sándwiches exóticos, cócteles…) y tiene un público muy diferente.
El último es Little Andaman, fundado en 2020, que ofrece cocina de la costa y del sur de la India en formato de tapas y cócteles de autor. Trabajo en Little Andaman desde sus inicios, principalmente con mi padre. Al principio pensé que podría ser más conflictivo trabajar en familia, pero la experiencia ha sido muy positiva: se me da responsabilidad y se valoran mucho mis ideas. Creo que eso es clave: dar espacio y valor a las nuevas generaciones.
Mis padres son el alma del proyecto. Cuando un proyecto es tuyo, lo cuidas como a un hijo, y por eso el trabajo no se queda solo en el trabajo: muchas veces vuelve a casa. Es algo que hemos normalizado y que forma parte de nuestra vida.
De la tradición culinaria a la emprendeduría… y en tu camino como bailarina, ¿cómo te llevó la danza tradicional al rap?
Mi mentora, Shreyashee Nag, es quien me ha transmitido el arte del kathak. Es una disciplina muy poco conocida en España y, además de conectarme con mi cultura, me diferencia como bailarina. Gracias al kathak he tenido oportunidades muy grandes, siendo la más destacada la gira de 2024 con el rapero indo-canario Abhir Hathiramani, con su álbum Brown Boy. Fui su bailarina solista durante la gira, coreografié y bailé en unos 40 conciertos por toda España y en festivales como Sónar, Arenal Sound o Fan Futura, entre otros.
Siempre agradezco haberme formado primero en una danza clásica y no directamente en una danza comercial. La técnica te da la base para desarrollar otras capacidades: el entendimiento no viene solo del movimiento, sino de la consciencia corporal y de las raíces del movimiento.
¿Cómo te llegó la pasión por la danza?
Bailo desde pequeña, pero empecé a tomármelo de manera profesional cuando comencé con el kathak. No fue algo inmediato, porque es una danza clásica muy exigente. Empecé por amor al arte, porque siempre me ha encantado bailar y enfrentarme a retos. El kathak es uno de los mayores retos de mi vida, y sé que lo será siempre. Nunca se acaba de aprender del todo: no hay un nivel básico, todo puede ser avanzado si te fijas en los matices.
Hace relativamente poco empecé a ver el kathak como una salida profesional. Mi guru, Shreyashee Nag, siempre ha visto potencial en mí y me ha impulsado a focalizar mi energía en el ensayo y en darle prioridad a esta disciplina. Además, desde hace tres años y medio complemento mi formación con base técnica occidental: ballet y jazz con Andrea Sala, y la formación de Albert Sala.
¿Cómo dialogan una danza tradicional como el kathak y el rap? ¿Cómo conviven ambas narrativas?
Pueden parecer mundos totalmente distintos, pero tienen muchos puntos en común. El kathak es una danza clásica muy ligada al ritmo. Como bailarinas, siempre buscamos cerrar bien los ciclos rítmicos, y el recitado es fundamental en nuestra práctica. Si lo piensas, el rap también se basa en recitar sobre un ritmo. En kathak utilizamos palabras que imitan instrumentos de percusión como la tabla o el pakhawaj. Cuando recitamos composiciones rápidas, casi parece que estemos rapeando.
Con Abhir Hathiramani ese diálogo fue muy natural. Su álbum abraza sus raíces indias y el elemento cultural clásico, que es lo que yo representaba. A veces bailaba sobre su ritmo, otras sobre su lírica. Incluso le propuse un interludio en el que yo recitaba una pieza técnica a gran velocidad, como si estuviera rapeando. El público alucinaba.
¿Qué planes de futuro tienes?
Mi objetivo es desarrollar mis propios proyectos, especialmente Jhansi ki Rani, que es en el que estoy más centrada este año. Es una pieza sobre una figura histórica femenina: una reina luchadora que combatió contra los británicos durante la colonización de la India. El 18 de abril presentaré un fragmento de cinco minutos, con la idea de ampliarlo al menos a quince. Habla sobre el empoderamiento de la mujer y mezcla kathak con artes marciales, ya que soy cinturón negro de judo. Quiero producir la música, grabarlo y llevarlo a diferentes plataformas escénicas. Me siento muy motivada.
También tengo otros proyectos coreográficos en mente, aunque no requieren tanta dedicación como Jhansi ki Rani.
Como mujer, ¿cómo navegas entre todos estos mundos?
Vivimos en un mundo en el que el esfuerzo que tiene que hacer una mujer para llegar a los mismos resultados que un hombre suele ser mayor. Siento que tenemos que demostrar nuestra validez constantemente y que no siempre se nos dan las mismas oportunidades. Desde pequeña me marcó mucho una frase: “Haz lo que quieras, pero lo que hagas, hazlo bien; sé la mejor en eso”. Es una frase poderosa, pero también conlleva mucha presión. Aun así, es lo que me motiva a seguir luchando y dar lo mejor de mí.
Tengo el apoyo de mi familia y de mi entorno, y eso me ayuda mucho. Soy una persona enérgica, luchadora y bastante desinhibida. Creo mucho en la naturalidad: está infravalorada y da muchísima confianza. Vocalizar lo que una piensa es algo que a las mujeres muchas veces no se nos enseña a hacer. Hay que hablar, comunicar y no dejarse paralizar por el juicio ajeno, porque ese juicio siempre existirá.
¿Qué mujeres han sido una fuente de inspiración para ti?
Muchas: mi madre, mi abuela, mi hermana, mis profesoras, mis amigas. Aprendo cada día de mi entorno y me rodeo de mujeres a las que admiro.
Anoushka nos recomienda…
Música: talento emergente en España como Judeline, Ralphie Choo, Abhir, Mala Cotton, San Tosielo, Bad Gyal, entre otros.
Películas: Mamma Mia, la película que más veces he visto.
Un rincón de Barcelona: pasear por el Born siempre es un acierto.
Enlaces:
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Esta entrevista ha sido realizada por Gaëlle Patin Laloy, responsable del programa Diversidad e Interculturalidad de Casa Asia, y Claudia Marbán López, estudiante de la UPF, con motivo del 8M.
Rosie Nguyen

Rosie Nguyen nació en Hanoi y reside actualmente en Mallorca. Es artista plástica y escritora, aunque en Vietnam llevó una vida y tuvo aspiraciones completamente distintas. Estudió dos carreras —Finanzas y Derecho— y trabajó en un banco, en una agencia de marketing y durante siete años como oficial de policía. Lo dejó todo para estudiar Bellas Artes en Barcelona y establecerse posteriormente en Mallorca, donde desarrolla su carrera artística. También impulsó la creación de la Unión de Creadores de Mallorca, con el objetivo de transformar el ecosistema cultural de la isla.
¿Cuáles fueron las circunstancias de tu llegada a España?
Llegué a España con 34 años, después de tomar la decisión más difícil de mi vida: dejarlo todo en Vietnam. Había viajado por toda Europa y Barcelona fue la ciudad que más me marcó, así que decidí volver con un visado de estudiante para aprender castellano y, más adelante, cursar un máster en negocios.
¿Y cómo acabaste siendo artista en Mallorca?
La pandemia cambió mis planes y, en el fondo, lo hizo para mejor. Tras un año de pandemia, estudié Bellas Artes en Barcelona durante un año. En marzo de 2022 me mudé a Mallorca. La relación que me había llevado a la isla terminó al mes de llegar, en Caimari. En ese momento tuve que elegir: volver a Barcelona o quedarme sola en una isla que apenas conocía. Decidí quedarme, y fue la mejor decisión que he tomado.
Llegaste a España con 34 años. ¿Qué hacías antes?
Tenía una vida muy estructurada en Hanoi. Estudié dos carreras simultáneamente —Administración Financiera en La Trobe University y Derecho en la Universidad de Derecho de Hanoi— y después trabajé en un banco, en una agencia de marketing y finalmente más de siete años como oficial de policía. Es una tradición familiar: la mayoría de mis parientes han servido en el ámbito militar o de seguridad. Era el camino trazado. Lo seguí durante muchos años, pero siempre hubo algo dentro de mí que tiraba en otra dirección.
¿Qué destacarías de tu infancia?
Crecí en Hanoi en una familia con recursos limitados. Mis padres estudiaban y trabajaban al mismo tiempo para el gobierno, y había momentos en los que yo me quedaba sola en casa, mirando el techo e inventando personajes. Era muy imaginativa. A pesar de las dificultades económicas, mi madre nunca dudó en invertir en mi educación: aprendí danza, artes marciales y dibujo. Nadie en mi familia se dedica al arte, pero ella buscaba buenos maestros para mí, hiciera el tiempo que hiciera. Le debo mucho.
¿Qué echas de menos?
De Vietnam echo de menos, sobre todo, la comida. La cultura gastronómica vietnamita es extraordinaria, especialmente en Hanoi, donde existen cafeterías secretas que solo conoce quien sabe buscarlas. Y, por supuesto, echo de menos a mi familia.
También añoro los olores y los sonidos de Hanoi: el bullicio del mercado por la mañana, el aroma del phở recién hecho, esas cafeterías escondidas en patios interiores tras fachadas discretas. Echo de menos también la densidad humana, esa forma de vivir muy cerca unos de otros que en Mallorca no existe, aunque aquí he encontrado algo igualmente valioso: el espacio para estar conmigo misma.
¿Qué fue lo más sorprendente cuando llegaste a España?
El ritmo. En Vietnam todo es velocidad, colectividad, ruido. Aquí descubrí la calma como algo valioso, no como una carencia. Lo más difícil fue aprender a estar sola de forma práctica: en Vietnam siempre estaba rodeada de familia y de una red de apoyo constante. Aquí tuve que aprender a cocinar, a cuidarme y a resolver dificultades por mí misma. Aun así, nunca estuve completamente sola: la gente de Mallorca —especialmente en Muro y en Cala Millor / Cala Bona— me abrió las puertas con una generosidad que todavía me emociona.
¿Puedes explicar tu trayectoria artística?
De niña gané mi primer premio de dibujo con unos 12 años, y desde entonces mi madre siempre me orientó por ese camino. Sin embargo, al presentarme al examen de ingreso a la escuela de arte en Vietnam me quedé fuera por medio punto. Ese medio punto me llevó a estudiar Derecho y Administración, y durante años el arte quedó en segundo plano, aunque nunca desapareció del todo.
Entonces, ¿ya te interesaban los estudios de arte? ¿Cuál fue el punto de inflexión?
La pandemia fue el detonante. Empecé a crear mis primeras obras en acuarela durante el confinamiento y, después, me apunté a un curso de dibujo de un año en la Academia de Arte de Barcelona. Fue una revelación. Con 36 años, rodeada de estudiantes recién salidos del instituto, me di cuenta de que había esperado demasiado y de que no podía permitirme no tomarlo en serio. Trabajé duro. Desde 2021 he avanzado mucho, y creo que tenía un talento que había permanecido guardado demasiado tiempo.
¿Nos puedes explicar tu trabajo artístico?
Trabajo principalmente la pintura realista: retratos, figura humana y naturaleza. Me formé en técnicas clásicas del siglo XIX —grafito, carboncillo, acuarela y óleo— copiando a maestros como Fortuny, Sorolla, Ramón Casas o Miguel Blay. La precisión es la base: precisión en la estructura y en los valores de luz. Pero dentro de ese rigor busco también capturar algo más sutil: lo que hay debajo de la superficie de un rostro, de una flor o de un paisaje.
¿Y también eres escritora?
Sí. La pintura no es mi único lenguaje. También soy escritora, y la escritura es para mí una herramienta de acción. En Vietnam estudié cómo grandes líderes utilizaron la palabra escrita para transformar realidades. Ho Chi Minh, uno de los mayores estrategas comunicativos de la historia moderna, empleó la escritura como arma para que el mundo conociera y entendiera Vietnam. Esa lección la llevo conmigo.
Hoy aplico ese mismo principio como fundadora de la Unión de Creadores de Mallorca: escribo artículos, propuestas y manifiestos —no para hacer ruido, sino para cambiar condiciones reales y llegar al corazón del público y de las instituciones—.
También doy clases de dibujo y pintura, y ese intercambio con el alumnado es otra forma de práctica. Todo lo que aprendí en Vietnam —el rigor, la estrategia, la capacidad de comunicar con precisión— lo aplico ahora aquí. Tengo clara la misión: convertir Mallorca en un lugar más justo para todos los artistas.
¿Qué te inspira más en tu camino creativo?
La naturaleza, ante todo: las flores, los animales, el agua, la luz mediterránea. También las personas que me encuentro en el camino; cada rostro tiene una historia. Y la vida cotidiana en general: cocinar, caminar, cuidar el huerto. Me inspiro en casi todo. Creo que eso es una suerte, aunque a veces también supone un reto saber por dónde empezar.
¿Cuál ha sido el reto más difícil al que te has enfrentado y cómo te has superado?
Dejar mi trabajo en Vietnam a los 34 años fue la decisión más difícil. Tenía estabilidad, estatus, una carrera que muchos envidiarían. Renunciar a todo eso me sacó completamente de mi zona de confort. Y después, cuando la relación que me llevó a Mallorca terminó al mes de llegar, tuve que decidir si seguir adelante sola en una isla desconocida. Elegí quedarme.
No tenía contactos en Mallorca, ni red familiar, ni un conocimiento profundo del sistema. Lo que sí tenía era una convicción clara: el trabajo artístico es trabajo, y el trabajo se paga. Mirando hacia atrás, todas aquellas crisis —el examen de arte que no pasé, los años en la policía, la pandemia, la ruptura en Mallorca— fueron peldaños. Sin ellos no sería la artista ni la activista que soy hoy.
También eres activista.
Cuatro años después de llegar a Mallorca, me encuentro liderando un movimiento que representa a cientos de creadores. No lo imaginé cuando llegué. Pero creo que cada etapa de mi vida —el rigor de la policía, los estudios de Derecho, el aprendizaje del castellano desde cero— me fue preparando para este momento sin que yo lo supiera.
¿Cuáles son los retos de la carrera artística en España y en Vietnam?
En Vietnam, el arte contemporáneo lucha aún por un reconocimiento institucional sólido. La formación artística clásica existe, pero la escena contemporánea es joven y trabaja con pocos recursos. En España el reto es distinto: existe un ecosistema cultural más desarrollado, pero la precarización del artista visual es muy real.
Lo viví en primera persona. Mi primera exposición individual fue emocionante: meses de trabajo, un espacio precioso, buena asistencia. Pero no me pagaron. Más aún: invertí cerca de 3.000 euros de mi bolsillo en producción, transporte y montaje. Al principio pensé que era normal para artistas nuevos. Pero vinieron más exposiciones —once individuales, cuarenta colectivas, dos premios— y la historia se repetía: sin honorarios y con costes personales que iban de 4.000 a 6.000 euros cada vez.
Vengo de una familia modesta. He trabajado en banca, en marketing y como policía. En ninguno de esos trabajos me habrían pedido trabajar gratis por “la experiencia” o “la visibilidad”. Entonces, ¿por qué en el arte?
En enero de 2026 decidí dejar de asumir y empezar a medir. Creé una encuesta y la envié a artistas visuales de toda Mallorca. Los datos fueron contundentes: el 56,7 % nunca había recibido honorarios por exponer en espacios públicos en los últimos tres años; el 67 % no recibió compensación en eventos institucionales como la Nit de l’Art. Esto no era un problema personal. Era sistémico.
Así nació la Unión de Creadores de Mallorca: no como un grupo de quejas, sino como un movimiento con datos, estrategia y voluntad de colaborar con las instituciones para cambiar el sistema desde dentro. Hoy representamos a más de 70 artistas activamente organizados. Tenemos propuestas concretas: honorarios mínimos, contratos claros y pagos puntuales. Y las estamos presentando al Consell de Mallorca, a los ayuntamientos y al Govern.
Como artista, ¿cuál es tu disciplina de trabajo?
Tengo una disciplina que viene de mis años en la policía: constancia, compromiso con el proceso y rigor. Cuando no pinto, escribo, leo, cocino, hago deporte o cuido el huerto. Todo forma parte del mismo ciclo creativo. La calma no es para mí un destino; es un ritmo que aprendo a mantener. Y cuando el mundo se acelera demasiado, mi respuesta es detenerme.
Un punto de inflexión importante en mi mentalidad fue conocer a Adolf Gil, artista de Muro, que se convirtió en un mentor. Me ayudó a entender que el conocimiento técnico no es suficiente: también hace falta una mentalidad de crecimiento para trabajar como artista independiente.
¿Cómo es la escena artística en Vietnam? Aquí se desconoce mucho.
Vietnam tiene una tradición artesanal y pictórica muy rica —la laca, la seda, la pintura en técnicas tradicionales—, pero la escena contemporánea es joven y está en plena ebullición. Hay artistas muy valientes trabajando en los márgenes del sistema, con energía y poco presupuesto. Lo que falta, tanto allí como aquí, es una infraestructura que sostenga económicamente a los creadores. El talento no debería depender del mecenazgo privado ni de la suerte.
¿Son diferentes los retos de la mujer en Vietnam y en España?
Son diferentes en la forma, pero similares en el fondo. En Vietnam, las expectativas sobre el rol de la mujer están muy marcadas: familia, obediencia, discreción. En España existe más libertad formal, pero persiste una mirada que a menudo minimiza el trabajo de las artistas mujeres. En ambos contextos, la mujer artista tiene que demostrar el doble. Y en ambos contextos, lo que más ayuda es la red: otras mujeres que te sostienen, te nombran y te abren puertas.
¿Quieres compartir un sueño?
Ahora mismo estoy participando en una exposición colectiva en una galería de Porto Cristo (Mallorca) junto a otras tres artistas mujeres extraordinarias. Es un encuentro de voces muy diferentes y complementarias, y me siento muy honrada de compartir espacio con ellas. A lo largo de este año también participaré en varias exposiciones colectivas con la comunidad artística de Manacor y con artistas de todas las Islas Baleares.
Pero la exposición que más me emociona es la única individual que haré este año: en Muro, durante la fiesta de Sant Francesc (12/4). Muro fue el primer pueblo que me acogió cuando llegué a Mallorca y empecé mi carrera como artista. Esta exposición es mi manera de decir gracias: un tributo al pueblo y a las personas que creyeron en mí antes de que yo supiera muy bien qué estaba haciendo aquí.
Y el sueño más grande sigue siendo que la Unión de Creadores de Mallorca logre un acuerdo real con el Consell de Mallorca sobre condiciones laborales justas para los artistas. Eso cambiaría vidas. Eso es lo que me levanta cada mañana.
¿Qué consejos darías a mujeres jóvenes?
Que no tengan miedo de empezar tarde o de empezar de nuevo. Yo encontré mi camino a los 36 años, después de ser policía, después de una pandemia y después de una ruptura en una isla desconocida. El momento perfecto no existe. Lo que existe es la decisión de ser fiel a una misma, aunque eso signifique decepcionar expectativas ajenas.
También les diría que aprendan a escribir. No solo a pintar, cantar o bailar; también a escribir. La escritura es una herramienta de poder. Cada artista, cada mujer, tiene historias y verdades que merecen ser contadas. Cuéntalas tú misma, con tu propia voz, antes de que otros las cuenten por ti.
Si ven una injusticia, que no esperen permiso para actuar. Las historias de superación no tratan solo de vencer obstáculos personales; también de identificar un problema colectivo y decidir hacer algo al respecto. Se trata de construir comunidad donde había individualismo y de transformar la frustración en acción organizada. Ese es el verdadero espíritu del 8M: no solo celebrar a las mujeres que superan obstáculos solas, sino construir sistemas donde menos mujeres tengan que superarlos en soledad.
Y, por último, que entiendan que no existe el “mejor consejo”. El secreto es simplemente hacerlo. Una vez que empiezas, aprendes. Se aprende mucho más de las luchas y las dificultades que de los manuales. Así que, simplemente, ¡hazlo!
¿Qué mujer te ha inspirado en tu vida y por qué?
Mi madre. De niña no era capaz de comprender del todo el sacrificio que hizo por mí. Ahora, con los años, lo veo con claridad y me emociona profundamente.
Cuando estudiaba dos carreras universitarias al mismo tiempo en Vietnam —Administración Financiera y Derecho— hubo momentos en los que dudé de si podría con todo. Y ella siempre me decía lo mismo: “Sí, tú puedes hacerlo”. No con grandes discursos, sino con esa frase sencilla, repetida con convicción. Esa frase me sostuvo en los momentos más difíciles y sigue haciéndolo hoy.
Mi madre no es artista ni académica, pero me enseñó que la fortaleza y la ternura no son opuestos, que se pueden llevar juntas. Eso lo llevo conmigo cada vez que me planto frente a un lienzo o frente a una institución que necesita escuchar lo que los artistas merecen.
Rosie recomienda…
Plato: El phở de Hanoi. Un caldo que te reconcilia con el mundo.
Música: Los Gipsy Kings, porque llevan el Mediterráneo en las cuerdas; y Carla Morrison, para los momentos en que necesito sentir las cosas a fondo.
Películas: Whiplash (2014), por su reflexión sobre la obsesión por la excelencia y el precio que se paga por ella; y Séraphine (2008), la historia de una artista autodidacta que pintaba desde una necesidad casi espiritual. Me toca muy de cerca.
Libros: El Alquimista, de Paulo Coelho; Vida y enseñanzas de los Maestros del Lejano Oriente, de Baird T. Spalding; y El libro de la sabiduría, de Harry B. Joseph.
Rincón de Mallorca: Cala Bona en invierno, cuando el pueblo vuelve a ser de sus habitantes y el mar tiene un azul que no existe en ningún otro lugar.
Enlaces
Instagram: www.instagram.com/rosienguyen.art
Esta entrevista ha sido realizada por Gaëlle Patin Laloy, responsable del programa Diversidad e Interculturalidad de Casa Asia, con motivo del 8M.
Sayeh Somayeh Sabokbar

Sayeh Somayeh Sabokbar nació en la provincia de Kermanshah, en Irán, y actualmente vive en Barcelona. Es poeta, artista, escritora y profesora. Sayeh es su nombre artístico y simboliza una presencia constante, como una imagen siempre presente pero no evidente. Imparte clases de Historia del Arte y lengua persa (farsi). Es autora del libro de poesía Shadows (en persa), de la novela gráfica 23 horas más 60 minutos en la calle, y de los libros Una nueva mirada al arte de la época Qajar y El color del género. Algunos de sus poemas han sido interpretados como canciones y también adaptados para composiciones musicales y bandas sonoras de películas.
¿Eres poeta y también artista e ilustradora? ¿Puedes explicar tu trayectoria?
Mi trayectoria se desarrolla en el cruce entre la literatura, el arte y la enseñanza. Comencé a pintar desde niña, inspirada por mi madre, quien fue una artista todavía desconocida en el mundo del diseño de patrones de alfombras. Su mirada creativa hacia el color y la forma encendió en mí las primeras chispas de interés por el arte y me enseñó a ver la imagen y la palabra como herramientas para expresar emociones y experiencias.
Con el paso de los años empecé a escribir poesía y narrativa, y pronto descubrí que la escritura no era solo un pasatiempo, sino un medio para comprender el mundo y comunicar experiencias humanas profundas. Durante muchos años fui profesora titular en Irán, enseñando Historia del Arte y Diseño Gráfico, y acompañando a generaciones jóvenes en el descubrimiento y la práctica del arte, compartiendo con ellas la pasión por el pensamiento crítico y la creatividad (digo “ellas” porque en Irán, hasta el nivel universitario, las escuelas suelen estar separadas por género).
Más adelante publiqué ensayos sobre filosofía del arte, colecciones de poesía y obras narrativas, y en los últimos años me he volcado en la narrativa gráfica y en proyectos interdisciplinares, porque creo que la combinación de imagen y palabra permite explorar la identidad, la migración y la experiencia femenina de una manera más profunda. Hoy, además de continuar con mis proyectos artísticos y docentes, estoy realizando un doctorado en Humanidades en Barcelona, con el deseo de transformar mis experiencias vividas en un puente entre culturas y en un lenguaje artístico universal.
¿Cómo has llegado a España?
Podría decir que, quizá, fue por un gran amor. Llegué a España para continuar mis actividades artísticas y literarias en un entorno internacional y plural, y también para desarrollar mis investigaciones sobre el arte de las mujeres musulmanas en un espacio donde se pueda hablar libremente sobre la experiencia femenina. Barcelona, con su riqueza cultural y artística, ofrecía la oportunidad de dialogar con diferentes lenguas, tradiciones y perspectivas, algo que considero fundamental para mi desarrollo como artista y escritora.
Debo añadir que, en medio de las limitaciones que existen para las mujeres en algunos países, incluido Irán, muchas formas de creatividad encuentran nuevas vías de expresión. A veces, esa misma voz que surge en el silencio adquiere una fuerza propia, lo cual podría ser la historia de muchas mujeres de mi país. Por otro lado, la migración implica empezar de cero y dejar atrás todo lo construido en el país de origen, un proceso que puede resultar muy difícil y exigente, pero que al mismo tiempo abre oportunidades para crecer y descubrir nuevas dimensiones de la creatividad y de la experiencia.
¿Cómo recuerdas tu infancia en Irán? ¿Qué destacarías?
Mi infancia transcurrió en una familia culturalmente rica y llena de tradiciones valiosas; nací en la provincia de Kermanshah, al oeste de Irán. En el ambiente cálido y cercano del hogar, la riqueza de nuestras tradiciones y mi interés por el arte se fueron formando poco a poco, y las obras y enseñanzas de mi madre marcaron profundamente esta etapa, junto con las historias del Shahnameh de Ferdowsi que mi abuela me contaba.


Figura 1. Fragmentos de «Una persa en Cataluña», novela gráfica aún inédita de Sayeh Somayeh Sabokbar
Al mismo tiempo, el entorno fuera del hogar implicaba enfrentarse a limitaciones sociales, especialmente para las mujeres. Incluso los zapatos blancos o de otros colores distintos al negro estaban prohibidos para las niñas en la escuela primaria y en otros niveles educativos. En los dibujos de la infancia, todas las princesas de los cuentos animados, como Blancanieves o Cenicienta, llevaban telas oscuras (negras). Así es: la experiencia de la censura comenzaba ya en la escuela. Desde entonces aprendí a encontrar formas de expresar mi creatividad dentro de esos límites. Estas vivencias moldearon mi sensibilidad artística y literaria y me motivaron a explorar distintas disciplinas, desde la pintura hasta la poesía y la narrativa gráfica.

Figura 2. Fragmentos de «Una persa en Cataluña», novela gráfica aún inédita de Sayeh Somayeh Sabokbar
Mi adolescencia estuvo marcada por la curiosidad intelectual y el descubrimiento de diferentes formas de expresión artística y literaria. Podría decirse que la combinación entre el apoyo, la protección y el ánimo constante de mi familia, por un lado, y los desafíos sociales a los que me enfrenté, por otro, ayudaron a formar una mirada crítica, curiosa y creativa que todavía guía mi trabajo hoy.
¿Te has formado en artes visuales en Irán?
Mi formación en el ámbito del arte y el diseño comenzó en Irán. Primero obtuve un título de grado asociado (A.Sc.) en Diseño Gráfico en la Universidad Técnica de Kermanshah; posteriormente, una licenciatura en Artes Visuales en Teherán y más tarde un máster en Comunicación Visual. Actualmente, como ya he mencionado, continúo un doctorado en Humanidades en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona.
Mi educación y mis investigaciones siempre han estado profundamente vinculadas a mis experiencias personales y al encuentro con diversas limitaciones. Para muchas personas, mi experiencia vivida aparece únicamente como una imagen distante y mediada, transmitida a través de capas de medios, prejuicios culturales y restricciones sociales y religiosas. Enfrentar esta distancia y la censura, especialmente en Irán y durante la publicación de mi tercer libro, El color del género, definió mi camino investigativo y artístico y me llevó a plantear una pregunta fundamental: ¿por qué las obras de mujeres musulmanas en la historia del arte no se muestran o, cuando se muestran, aparecen como imágenes lejanas, extrañas y silenciosas?
Esta pregunta, junto con mi experiencia personal como mujer, artista musulmana y migrante, marcó el inicio de mi investigación doctoral y moldeó mi enfoque crítico, teórico y emocional. Este camino también me llevó a España y, en especial, a Cataluña, donde por primera vez encontré la posibilidad de crear libremente y de que la voz de las mujeres musulmanas fuera escuchada en un espacio abierto y sin restricciones visibles. Esta experiencia no solo amplió mis investigaciones sobre el arte de las mujeres musulmanas, sino que también me permitió continuar mi trayectoria artística y académica desde una perspectiva abierta, multicultural y profundamente humana, convirtiendo la experiencia vivida en una herramienta de análisis y expresión.
¿Cómo has visto cambiar la situación en Irán, especialmente para las mujeres?
La situación en Irán ha cambiado a lo largo de los años, pero estos cambios suelen estar llenos de contradicciones. Por un lado, la sociedad civil, y especialmente las mujeres, han desarrollado una conciencia social y cultural muy fuerte. Las mujeres iraníes participan activamente en la educación, el arte, la literatura y muchos otros ámbitos de la vida intelectual y cultural. A pesar de las limitaciones sociales y legales que todavía existen, lo que más me impresiona es la fuerza y la resiliencia de las mujeres iraníes.
Muchas de ellas continúan creando, estudiando, escribiendo y participando en la vida cultural con una gran determinación. Para quienes no han vivido esa realidad desde dentro, puede resultar difícil comprender o incluso imaginar la complejidad de esta experiencia. La vida cotidiana de muchas mujeres en Irán está marcada por una negociación constante entre límites y deseos de libertad. En este contexto, el arte y la literatura se convierten en espacios fundamentales de expresión: no solo como formas creativas, sino también como lugares de reflexión y de resistencia cultural.

Figura 3. Fragmentos de «Una persa en Cataluña», novela gráfica aún inédita de Sayeh Somayeh Sabokbar
¿Cómo desarrollas tu proceso creativo?
Mi trabajo creativo surge a menudo de la observación y de la memoria. Me interesa cómo las experiencias personales, la historia y la cultura pueden transformarse en imágenes y narrativas. En mis proyectos suelo partir de una idea o de una pregunta, y a partir de ahí busco la forma visual o literaria más adecuada para desarrollarla. A veces este proceso se materializa en ilustraciones; otras, en escritura o narrativa gráfica.
Para mí, el proceso creativo es también una forma de investigación: una manera de explorar emociones, símbolos y experiencias que a menudo no pueden expresarse únicamente con palabras.
Y eres una artista pluridisciplinar…
Sí, trabajo de manera pluridisciplinar y me interesa explorar diferentes lenguajes artísticos. Sin embargo, la poesía es para mí un medio fundamental y principal. Me permite expresar emociones, experiencias personales y sociales, así como mi mirada crítica, de una manera directa y profunda. Por otro lado, la narrativa gráfica, el cómic y la ilustración me ofrecen la posibilidad de crear combinaciones distintas y generar un espacio donde la palabra y la imagen dialogan entre sí, permitiéndome transmitir múltiples capas de significado y emoción.
Algunos de mis poemas han sido publicados y varios de ellos se han adaptado como canciones, composiciones musicales y bandas sonoras de películas. Quizá podría decirse que algunos de mis poemas funcionan como un espejo de la sociedad: a veces son metáforas de igualdad; otras, voces de protesta, defensivas o surgidas del silencio y la represión. De este modo, la poesía puede mantenerse viva y transmitir su mensaje a través de diferentes lenguajes.
¿Cómo usas el arte para expresar tus ideas?
Utilizo el arte y la literatura como formas de pensamiento y de diálogo. Mis proyectos parten de preguntas, observaciones o experiencias personales y sociales, y a partir de ahí busco la forma más adecuada para expresarlas. Me permiten transformar emociones y vivencias en imágenes, símbolos y narrativas que invitan a la reflexión y al cuestionamiento.
¿Cuál ha sido el reto más difícil al que te has enfrentado y cómo lo has superado?
Uno de los mayores retos fue crear y difundir mis obras en un contexto donde la censura y las restricciones culturales y sociales limitaban la expresión, especialmente siendo mujer en Irán. Mi primer libro de poesía, publicado en 2009, no obtuvo autorización debido al clima de protestas del Movimiento Verde. Digo “autorización” porque todas las producciones artísticas y culturales —incluyendo poesía, novelas, artes visuales o cine— deben obtener previamente un permiso oficial del Ministerio de Cultura y Orientación Islámica antes de ser publicadas.
Este proceso es extremadamente exigente, ya que incluso ciertas palabras o imágenes deben ser censuradas si pueden considerarse problemáticas. Recuerdo un día en el que un proyecto visual y mural de mis estudiantes se presentó en la escuela, y la directora me pidió que eliminara los labios de las imágenes de mujeres porque podían resultar provocativos y habría visitantes hombres. Experiencias como esta fueron duras y desafiantes, pero me enseñaron a convertir los obstáculos en oportunidades para descubrir nuevas voces y perspectivas, enriqueciendo mi lenguaje artístico y mi manera de contar historias.


Figura 4. Fragmentos de «Una persa en Cataluña», novela gráfica aún inédita de Sayeh Somayeh Sabokbar
¿A qué retos te has enfrentado al llegar a Barcelona?
Llegué a España, a Barcelona, en octubre de 2020. Como todos los países, España estaba inmersa en la crisis del COVID-19 y, al principio, todo me resultaba confuso. Al poner un pie en la ciudad, una oleada de soledad me invadió de repente. Sin embargo, intenté avanzar con determinación y no mirar atrás. Dejar atrás todo lo que habías construido durante años es muy difícil, pero yo había tomado esta decisión con más fuerza que nunca.
Me dije a mí misma: «Eres una mujer fuerte, como tu madre, así que puedes empezar de cero». Levanté la cabeza y cargué mis maletas —llenas de recuerdos de mi madre, mis libros y algunas prendas de ropa— en aquel día lluvioso y solitario.
En ese momento, mi nivel de español era B2, ya que sabía que debía dominar el idioma para participar en el programa de doctorado. Pronto conseguí alquilar un piso en el corazón del barrio histórico de Barcelona, cerca del hermoso Palau de la Música Catalana. Después debía encontrar trabajo, pero descubrí que los estudiantes no tenían permiso para trabajar en ese momento. Durante la crisis del COVID comencé a crear la novela gráfica 23 horas más 60 minutos en la calle, una obra que habla de la pandemia a través del lenguaje de los símbolos y las metáforas, al mismo tiempo que iniciaba mi investigación doctoral.
Fueron días llenos de estrés y desafíos, pero, avanzando paso a paso, en 2022 este libro se publicó en España. Di mis primeros pasos en otro país y debía seguir adelante; y todavía sigo caminando, siempre hacia adelante, nunca hacia atrás.
Figura 5. Fragmentos de 23 horas más 60 minutos en la calle, novela gráfica de Sayeh Somayeh Sabokbar, publicada en 2022 por ECC, España
¿Tienes familia en Irán y qué noticias recibes, si las recibes?
Sí, mi familia vive en Irán. A pesar de las condiciones difíciles, las restricciones y la falta de comunicación, hablar o mantener cualquier tipo de contacto con ellos es muy complicado. Muchas personas siguen las noticias de Irán desde la televisión o el móvil, pero mi familia y mi gente ven las explosiones desde las ventanas de sus casas.
Con el sonido y la onda de las explosiones, sus corazones tiemblan, pero no abandonan sus hogares y se mantienen firmes hasta que llegue la primavera. Aunque en lugar del aroma de flores y brotes perciben el olor a pólvora y humo, y su cielo lleva años gris, la esperanza sigue viva en el corazón de mi gente.
¿Qué futuro podemos temer o soñar?
El futuro no es predecible y puede estar lleno de desafíos, pero al mismo tiempo está cargado de esperanza. Las personas y las comunidades, especialmente las mujeres y los jóvenes, siempre buscan hacer escuchar su voz al mundo y abrir caminos hacia el cambio y la justicia. Un futuro en el que se respeten la libertad de expresión, la igualdad y los derechos humanos para todas las personas puede hacerse realidad si existe atención y solidaridad a nivel global.
¿Crees que se entiende bien la situación aquí?
Quizá algunas personas puedan sentir empatía, otras juzgar o incluso debatir sobre lo que ocurre, pero la realidad profunda solo la conocen quienes la viven día a día. Desde fuera, la situación puede parecer sencilla o clara, pero quienes la habitan perciben la complejidad de cada decisión, cada silencio y cada gesto. La vida allí transcurre entre restricciones visibles e invisibles, entre miedos y pequeños actos de resistencia; solo quienes la experimentan pueden comprender plenamente ese delicado equilibrio entre sobrevivir, crear y mantener la esperanza.
¿Qué podemos hacer desde aquí?
Desde fuera, nuestra acción puede consistir en escuchar con atención, aprender sobre las realidades a las que se enfrentan otras personas, amplificar sus voces y acompañar sus luchas con solidaridad. No se trata solo de observar, sino de comprometerse con la justicia y el respeto por los derechos humanos, ofreciendo apoyo desde nuestras propias posibilidades y contextos.
¿Quieres compartir un sueño?
Sueño con un mundo donde todas las personas puedan expresarse libremente, crear sin miedo y vivir en comunidades donde la igualdad, el respeto mutuo, la paz y la tranquilidad sean la norma. Un mundo en el que la diversidad cultural y la creatividad se celebren, y donde los jóvenes y las mujeres puedan ser plenamente escuchados y valorados.
¿Qué consejos darías a mujeres jóvenes?
Les diría que confíen en su fuerza y en su creatividad, que aprendan a transformar los obstáculos en oportunidades y que nunca subestimen el poder de su voz. Que persigan sus sueños con valentía, cultiven la curiosidad y la resiliencia, y recuerden que su experiencia y su visión tienen un valor único en el mundo.
¿Qué mujer te ha inspirado en tu vida y por qué?
La mujer que más me ha inspirado es alguien a quien conocí desde el primer momento en que abrí los ojos al mundo: mi madre. Siempre estaré agradecida por sus esfuerzos, sus enseñanzas y su cariño. Aunque hace muchos años que la perdí, su recuerdo sigue siendo una fuente constante de energía, inspiración y guía en mi vida.
En el ámbito literario, desde mi adolescencia me sentí profundamente atraída por la poesía de Forugh Farrokhzad. Sus versos me enseñaron a escuchar mi voz interior, a cuestionar las normas establecidas y a expresar mis emociones y pensamientos con sinceridad y valentía.
¿Puedes compartir con nosotras algunas recomendaciones?
Si se desea conocer mejor Irán y la cultura de su gente, recomiendo leer sobre su civilización y tradiciones. Las obras de escritores y artistas contemporáneos iraníes ofrecen una imagen vívida de la vida, los sentimientos y la resistencia de su pueblo. La música iraní, especialmente la tradicional y la fusión, es también una ventana privilegiada para comprender su cultura y su espíritu.
Y nos gustaría leer unas líneas de tu poesía…
Me gustaría compartir aquí uno de mis poemas, escrito para la gente de mi país; un poema sobre los suspiros y los deseos cansados de estos días:
“Quiero respirar, pero el aire huele a humo,
a metal caliente y a sueños a medio quemar.
Mi pecho sube y baja, pero es como si el mar
no quisiera devolverme los pulmones.Ojalá tuviera dos alas.
No alas grandes y míticas…
Solo dos alas sencillas,
como el deseo de un niño junto al mar.Volaría sobre las minas escondidas en la tierra,
entre ciudades cuyos nombres se han perdido bajo la ceniza,
lejos de las sirenas que golpean el corazón como una ola fría.Subiría, cada vez más alto,
hasta que la guerra se hiciera pequeña,
hasta que las personas volvieran a ser personas,
hasta que la tierra recordara que fue creada para florecer, no para arder.Y entonces, suave y ligero,
llegaría a un lugar donde la luz es solo luz,
sin sombra de miedo, sin rastro de pólvora.Un lugar donde pueda respirar…
profundo, sin dolor,
como el primer aliento después de nadar en un mar en calma.”
Entrevista realizada por Gaëlle Patin Laloy, responsable del programa Diversidad e Interculturalidad de Casa Asia, con motivo del 8M.







