19/01/2026 | Actualidad > AsiaView
Récord comercial en 2025
Para la República Popular China, cuyas autoridades anunciaron el pasado 14 de enero el mayor superávit comercial de su historia, 2025 ha reflejado la resiliencia de su economía a pesar de las tensiones arancelarias con Estados Unidos. Estas cifras récord han superado en un 20% las de 2024, alcanzando 1,19 billones de dólares, y demostrando así tanto el potencial exportador de Pekín como su capacidad para redefinir la economía global. Se trata de la primera vez que el superávit comercial chino supera el billón, con un volumen que equivale aproximadamente a la suma de los superávits comerciales de la segunda a la décima economía mundial con mayor saldo positivo.

En 2025, las exportaciones chinas han crecido un 5,5%, hasta alcanzar los 3,77 billones de dólares, mientras que las importaciones, por su parte, se han mantenido relativamente estables, con un valor de 2,58 billones de dólares. La capacidad para pivotar de la economía China, aumentando el comercio con mercados emergentes a medida que el comercio con EE.UU. se ha reducido.

Tras meses de conversaciones, en octubre Trump y Xi Jinping acordaron una tregua que permitió reducir la carga arancelaria media sobre las importaciones chinas de Estados Unidos del 57% al 47%, mejorando los márgenes de las empresas chinas. Entre las medidas incluidas en la tregua se encuentra la reducción de ciertos aranceles específicos, como los relacionados con el fentanilo, que pasaron del 20% al 10%. La tregua sigue vigente, aunque persiste la incertidumbre sobre su continuidad en 2026.

Diversificación de mercados y resiliencia exportadora

Sin embargo, los aranceles se mantienen por encima del umbral que permitiría a China exportar con márgenes sostenibles, fomentando así el crecimiento de las exportaciones chinas hacia nuevos mercados. Este crecimiento es especialmente significativo en África, con un aumento del 26,5%, seguido por la ASEAN, con un 14%, así como por la Unión Europea y América Latina, con incrementos del 9% y el 8%, respectivamente.

También cabe mencionar que, a pesar de un aumento generalizado del comercio chino, existen algunas excepciones. Destaca el caso de Rusia, con la que el comercio ha disminuido por primera vez en cinco años. Esta caída se explica, en parte, por una menor demanda rusa de vehículos chinos y por la reducción en el valor de las importaciones chinas de crudo ruso. China ha proporcionado un importante apoyo económico a Rusia mientras ésta navega las sanciones impuestas por Estados Unidos y Europa tras la invasión de Ucrania en 2022, aunque el contexto actual refleja una relación comercial más compleja y menos expansiva.

Las autoridades chinas han destacado públicamente la fortaleza del comercio exterior, especialmente en sectores estratégicos como los vehículos eléctricos, como prueba de la capacidad de adaptación del país. Entre los principales motores del crecimiento exportador se encuentra la fuerte demanda internacional de chips informáticos, otros dispositivos electrónicos y los materiales necesarios para su fabricación. Las exportaciones de bienes tecnológicos de alto nivel, que incluyen maquinaria avanzada y robots industriales, han crecido un 13% interanual, mientras que las de vehículos eléctricos, baterías de litio y productos fotovoltaicos, como los paneles solares, han aumentado un 27%.

Aunque la resiliencia de Pekín puede interpretarse como una victoria, este dinamismo exportador también conlleva riesgos. Podría intensificar las tensiones comerciales a nivel global, especialmente en países cuyas industrias locales se vean desplazadas por un incremento de las importaciones procedentes de China, alimentando preocupaciones sobre prácticas comerciales desleales y el impacto sobre sectores nacionales sensibles, con posibles efectos en el empleo y la seguridad económica.

El aumento del superávit refleja, además, el desequilibrio entre la enorme capacidad de producción de China y una demanda interna todavía débil, una vulnerabilidad que probablemente se mantenga a corto y medio plazo. Aunque las exportaciones han sido un motor clave, el prolongado ajuste del sector inmobiliario y la caída de la inversión continúan lastrando el crecimiento interno.

Por otro lado, existen indicios de que la estrategia de comercio exterior de China está evolucionando. En diciembre de 2025, se aprobaron revisiones a la Ley de Comercio Exterior tras solo dos lecturas, en lugar de las tres habituales, gesto que se interpretó como una señal dirigida a los miembros clave del Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico, mostrando que China está dispuesta a pasar de un modelo más basado en subsidios industriales a una política comercial más abierta.

Transformaciones en la política comercial y el decimoquinto Plan Quinquenal

El crecimiento de las exportaciones también refleja un cambio estructural. China está aumentando el peso de bienes de mayor calidad y valor añadido, lo que evidencia su avance en las cadenas de valor globales, al tiempo que reduce importaciones de productos como los vehículos. A medida que las cadenas de suministro se desplazan parcialmente al extranjero, la construcción de fábricas en otros países, en muchos casos impulsada por inversión china, incrementa la demanda de componentes, equipos y maquinaria producidos en China, algo que se ve plasmado en su15º Plan Quinquenal (2026-2030).

A finales del año pasado, China definió los objetivos de su decimoquinto Plan Quinquenal, que ofrece las primeras señales de una nueva estrategia adaptada a un entorno internacional más volátil e impredecible. Tradicionalmente, los planes quinquenales anticipan la dirección estratégica del país y señalan prioridades que, dada la magnitud de la economía china, influyen en los flujos de inversión, las cadenas de suministro y los ecosistemas de innovación a escala global.

El nuevo plan pone el acento en la modernización del sistema industrial, más que en la mera promoción de la innovación tecnológica, como han hecho planes pasados. Sectores como la manufactura avanzada, los semiconductores, las tecnologías de la información y la industria aeroespacial destacan como pilares estratégicos, al ofrecer tanto resiliencia como elevados multiplicadores de crecimiento. El enfoque busca transformar los avances en investigación en capacidad productiva de alto valor, fomentando así una cultura de innovación orientada más hacia resultados.

Del mismo modo, la estrategia comercial china se ajusta hacia una apertura más selectiva y estratégica. En lugar de centrarse en el volumen de comercio e inversión, el plan subraya la consolidación de apertura de alto estándar y la profundización de la cooperación en regiones, industrias y sectores clave. Esta visión refleja una gestión más sofisticada de la interdependencia global a través de la que China busca aprovechar las oportunidades comerciales sin exponerse a riesgos estratégicos.

El plan también refuerza la demanda interna como motor del crecimiento sostenible. Políticas centradas en el empleo, la educación, el cuidado infantil y las redes de protección social no se ven solo como medidas de bienestar, sino como instrumentos para fortalecer la productividad y la confianza de los hogares. Otro pilar es la planificación territorial, que se vuelve más selectiva, priorizando grandes áreas metropolitanas y polos estratégicos como el delta del Yangtsé y la Gran Área de la Bahía.

Conclusión: impacto global y perspectivas futuras

El récord histórico del superávit chino en 2025 no solo refleja la fortaleza productiva del país, sino también una recalibración estratégica de su política comercial y desarrollo industrial. China está avanzando hacia bienes de mayor valor añadido, priorizando sectores estratégicos y ajustando su apertura económica de manera selectiva. Esta combinación de resiliencia exportadora, modernización industrial y gestión sofisticada de la interdependencia global apunta a un crecimiento más sostenible y orientado a resultados, con implicaciones considerables para las cadenas de suministro y la economía mundial de cara al futuro.