03/04/2009 | Actualidad > AsiaMedia
Salman Rushdie ha vuelto a Barcelona para presentar su nueva creación, La encantadora de Florencia, un libro en el que saca a la luz sus mejores dotes de historiador trasladándose al siglo XVI, en pleno imperio de Akbar ‘el Grande’, en un escenario donde la realidad cohabita con la ficción. Son la magia, las supersticiones y las leyendas las que dan vida a los personajes de este libro y los envuelven en una aureola que, estilísticamente, acerca la nueva creación de Rushdie a los cuentos de Las mil y una noches, más que a una narración histórica. La novela es un juego entre lo que es real y lo que no lo es, un territorio en el que se hace necesario un ‘contrato’ entre autor y lector que legitime este engaño literario. Y es precisamente en este registro donde Rushdie afirma sentirse más cómodo: ‘La dimensión de la ficción, ese contrato entre las dos partes, te permite enfocar diferentes realidades desde los laterales. Puedo decir: el relato no es verdad pero dentro de él podéis encontrar un gran número de verdades. Y esa falta de didactismo es lo que hace el relato más democrático’

Salman Rushdie ha vuelto a Barcelona para presentar su nueva creación, La encantadora de Florencia, un libro en el que saca a la luz sus mejores dotes de historiador trasladándose al siglo XVI, en pleno imperio de Akbar ‘el Grande’, en un escenario donde la realidad cohabita con la ficción. Son la magia, las supersticiones y las leyendas las que dan vida a los personajes de este libro y los envuelven en una aureola que, estilísticamente, acerca la nueva creación de Rushdie a los cuentos de Las mil y una noches, más que a una narración histórica. La novela es un juego entre lo que es real y lo que no lo es, un territorio en el que se hace necesario un ‘contrato’ entre autor y lector que legitime este engaño literario. Y es precisamente en este registro donde Rushdie afirma sentirse más cómodo: ‘La dimensión de la ficción, ese contrato entre las dos partes, te permite enfocar diferentes realidades des de los laterales. Puedo decir: el relato no es verdad pero dentro de él podéis encontrar un gran número de verdades. Y esa falta de didactismo es lo que hace el relato más democrático’. Precisamente es este ánimo de desdibujar el límite entre realidad y ficción el que acerca la obra de este escritor a la literatura de las antípodas de su Bombay natal. Rushdie se confiesa gran admirador del realismo mágico de García Marquez y afirma que fue leyendo Cien años de soledad cuando descubrió el tipo de novela que él quería hacer.

Amante del trabajo bien hecho, el autor de La encantadora de Florencia nos descubrió el largo período de gestación de este libro: La idea le empezó a rondar por la cabeza a finales de los 90′ pero no se sentía preparado para escribirlo. Empezó entonces un largo trabajo de documentación que transcurrió paralelamente a la creación de otros títulos, Furia y Shalimar el payaso y no fue hasta la publicación de este último, y después de otro año de arduo trabajo de documentación, cuando sintió que era el momento de parir esta nueva criatura. ‘Aprendí mucho de estos libros y la extensa bibliografía que aparece en La encantadora de Florencia es un modo de agradecimiento a ellos, pero también una invitación a la lectura’, afirma Rushdie.

Tan lejano y tan parecido

El rey Akbar encabezó el gran Imperio Mogol desde 1556 hasta 1605. Por aquél entonces las relaciones entre el mundo oriental y el mundo occidental se limitaban a poco más que el contacto que podía tener ese imperio con los misioneros y comerciantes portugueses. Las diferencias culturales y el encuentro entre estas dos grandes formas de organizar y entender el mundo fue el eje central de la investigación de Rushdie que, finalmente, le empujó a escribir este libro. Una investigación que le condujo a pensar que lejos no significa necesariamente diferente: ‘Quería escribir sobre las diferencias culturales pero me di cuenta que, al fin y al cabo, esas dos grandes culturas eran la misma’. Para Rushdie las culturas se definen necesariamente por el intercambio y mestizaje, hecho que las acerca en vez de separarlas. ‘No son entidades separadas, tienen límites difusos. Bombay no había existido nunca como gran ciudad hasta que los británicos la construyeron. La ciudad es británica pero construida en la India’.

Calma después de la tormenta

Veinte años después que el ayatolá Jomeini lanzara una fátua por radio Teherán amenazándolo de muerte, Salman Rushdie ha recobrado la calma y se dedica sin reservas a su trabajo, que es lo que de verdad le interesa. Afirma que si no se hubiera escrito ese amargo capítulo en su historia, quizás no se habría interesado tanto por la religión. Pero Rushdie ha decidido vivir en el aquí y el ahora: ‘Los hombres han creado a los dioses, y no a la inversa’. Seguir escribiendo es un vicio que no va a poder dejar, actualmente está trabajando en la publicación de un nuevo libro dedicado al público juvenil y también en la adaptación cinematográfica de Los hijos de la Medianoche, que se rodará en verano del 2010 dirigida por Deepa Mehta. Salman Rushdie continua y continuará activo, con ganas de seguir creando y de seguir lanzando una mirada crítica sobre el mundo que nos rodea, una mirada que sigue de cerca los cambios que están transformando su India natal y que la llevan hacia nuevos horizontes que Rushdie comenta con recelo: ‘Cuando un 20% de la población controla toda la riqueza, la India tiene que empezar a pensar en solucionar su problema de justicia social’.