26/09/2008 | Actualidad > AsiaMedia
China huele a nuevo. Parece que todo estuviese recién terminado. De ayer mismo. El aeropuerto es grande como una ciudad, con una sala de recogida de equipaje que parece un bosque de columnas. Todo está limpio, aséptico, moderno. Has llegado a un gran aeropuerto internacional. Lo único que te recuerda que estás en la vieja China es el hilo musical, un tonillo chino que te recuerda al arroz tres delicias. Al pasar inmigración cada puesto tiene un pequeño teclado con dos botones, son para indicar si estás satisfecho con quién ha revisado tu pasaporte. Eres tú quién evalúa al personal de inmigración y no al contrario. Todos te atienden con una enorme sonrisa. La bienvenida más cálida que se pueda recibir a un país

China huele a nuevo. Parece que todo estuviese recién terminado. De ayer mismo. El aeropuerto es grande como una ciudad, con una sala de recogida de equipaje que parece un bosque de columnas. Todo está limpio, aséptico, moderno. Has llegado a un gran aeropuerto internacional. Lo único que te recuerda que estás en la vieja China es el hilo musical, un tonillo chino que te recuerda al arroz tres delicias. Al pasar inmigración cada puesto tiene un pequeño teclado con dos botones, son para indicar si estás satisfecho con quién ha revisado tu pasaporte. Eres tú quién evalúa al personal de inmigración y no al contrario. Todos te atienden con una enorme sonrisa. La bienvenida más cálida que se pueda recibir a un país.

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