19/01/2009 | Actualidad > AsiaMedia
Entrevista a Muthiah Alagappa, Distinguished Senior Fellow del East-West Center, una organización con sede en Honolulu que fomenta la cooperación entre Estados Unidos y Asia a través de la investigación, la educación y la organización de seminarios

Entrevista a Muthiah Alagappa, Distinguished Senior Fellow del East-West Center, una organización con sede en Honolulu que fomenta la cooperación entre Estados Unidos y Asia a través de la investigación, la educación y la organización de seminarios.

Uno de sus principales temas de investigación es la evolución de los sistemas políticos asiáticos. ¿Qué opina de la calidad de la democracia en Asia?

Algunos países están en la buena dirección. Indonesia, el más poblado de la región con 200 millones de habitantes, ha realizado una transición y ahora su democracia está funcionando razonablemente bien, más allá de pequeñas dificultades. En cambio, en Filipinas hay algunos problemas en cuanto al desarrollo de la democracia, y especialmente en Tailandia los enfrentamientos entre gobierno y oposición en los últimos meses pueden dañar el proceso democrático.

Otros países como Vietnam o Birmania no van por este camino, especialmente Birmania donde la Junta se niega a transferir el poder. Podemos decir que la imagen es muy diversa y que en algunos casos la tendencia es incluso a peor, pero en general tengo esperanzas de que a largo plazo la democracia se acabe imponiendo como sistema político en todo el sureste asiático.

¿La falta de legitimidad política de algunos gobiernos es el principal obstáculo para la emergencia de Asia como gran actor internacional?

Sí, para los países asiáticos uno de los principales retos es establecer sistemas políticos legítimos con gobiernos legítimos. Es el gran reto. Si tomamos como ejemplo China, está consiguiendo un gran desarrollo económico, pero su sistema político en cambio genera muchos interrogantes.

Se creó un Estado a partir de la base ideológica marxista y sus dirigentes del Partido Comunista la seguían, pero ahora ya no es así. Ahora el gobierno chino se reafirma en el poder gracias al gran desarrollo y crecimiento económico y una cierta dosis de nacionalismo. Pero es muy difícil mantener la legitimidad sólo por estos factores.

Creo que China está buscando un modelo político alternativo, pero por el momento no lo ha encontrado. Esperemos que incremente su giro hacia una sociedad más abierta y hacia un gobierno más receptivo con su población.

India tiene un sistema político mucho más satisfactorio, una democracia que no es perfecta pero que al menos permite alternancia en el gobierno. Japón tiene una democracia asentada y otros países como Taiwán o Corea del Sur considero que también funcionan bien. Por lo que tenemos 3 o 4 países con Indonesia que tienen sistemas políticos democráticos más o menos estables y esto me da optimismo a largo plazo.

De hecho, China ha anunciado recientemente que ya no es oficialmente un país pobre. ¿Está preparada para ser un país líder en la escena internacional?

China es una gran mezcla. No creo que podamos decir que ya no es un país pobre, todavía hay mucha población que vive por debajo del umbral de la pobreza. En algunas zonas el país funciona extraordinariamente bien, sobre todo en la costa, pero en las regiones del interior hay muchos problemas económicos por resolver y hay muchas diferencias sociales también entre regiones.

Sin embargo es verdad que en términos de PIB China ha hecho grandes mejoras y ya es uno de los primeros países del mundo. Por ello creo que China empezará a jugar un papel de liderazgo, tanto en Asia como el mundo. Pero no creo que sea un rol que pueda contraponerse o minar el liderazgo de Estados Unidos. Creo que China tiene un gran interés en mantener la estabilidad a nivel global y que ese va a ser su papel a nivel internacional.

Asia como conjunto es un continente emergente. ¿Cuál es su límite? ¿Puede convertirse en el nuevo polo de poder global?

De alguna forma sí. A largo plazo, Asia puede convertirse en lo que llamaría un nuevo centro de gravedad mundial. Ahora lo es Estados Unidos, pero creo que cada vez más algunos países asiáticos, como India, China o Japón están incrementando su fuerza. Pero aun así, vivimos en un mundo global donde todo está interconectado. No creo en una regionalización aislada, creo realmente que Asia puede ser el nuevo centro de poder pero de forma muy gradual y sin que el resto del mundo deje de importar.

Durante mucho tiempo creo que Europa y Estados Unidos seguirán siendo fundamentales. Además, hay que ir con cuidado cuando se habla del crecimiento asiático porque no podemos decir que es ilimitado, hay unos círculos y ya ha habido crisis como la del 97-98. A largo plazo, veo subidas y bajadas, pero con una tendencia final al alza gracias especialmente a la gran población de China e India que provocarán que el conjunto de Asia como potencia económica sea cada vez más fuerte. Y no olvidemos a Japón, que sigue siendo la segunda potencia económica mundial, con tecnología muy sofisticada.

¿Podemos decir que hoy el Este está ganando al Oeste?

Creo que es mejor no decir que una parte gana y la otra pierde. Vivimos en un mundo realmente global y a pesar de la crisis económica, Estados Unidos sigue siendo el gran motor. Si falla su economía, esto impacta en el resto del mundo. China exporta más del 50% de sus bienes a Estados Unidos, y si la crisis afecta a China ésta influye en otros países asiáticos. Sin embargo, es verdad que el Este gana poder e influencia. Y en este sentido algunas cosas tienen que cambiar, como la proporción de votos en el Banco Mundial, que deberá reflejar la importancia de las economías asiáticas.

Uno de sus libros se titula ‘Civil Society and the Political Change in Asia’. ¿Cómo actúa y qué papel tiene actualmente la sociedad civil para impulsar cambios en sus países?

La sociedad civil es una fuerza muy importante en Asia. Incluso en China, a pesar del control del gobierno. Pero la sociedad necesita un gobierno efectivo, sin él la sociedad civil por ella misma no pueda realizar cambios, aunque sí que puede interactuar con los poderes efectivos y presionar. También tiene un gran papel en la gobernanza misma, porque no todo debe ser gestionado desde el gobierno. Por ejemplo, en India la religión es muy importante y la mayoría de temas religiosos no necesitan intervención gubernamental.

En Asia, la sociedad civil es fuerte pero no uniforme. Mucha gente tiende a considerar que la sociedad civil son sólo las ONG y es un error porque es mucho más que eso y además no siempre juega un papel a favor de la democracia. Hay grupos de población antidemocráticos, como algunos movimientos religiosos. En mi libro explico que algunos grupos usan el espacio democrático mientras que otros los constriñen y su fuerza depende del país pero sobre todo del tema del que estemos hablando.

Algunos países asiáticos son potencias nucleares pero son económicamente frágiles, como Pakistán, o viceversa, como Japón. ¿Qué será más determinante en el futuro geopolítico, la capacidad económica o la militar?

Un país será juzgado como potencia por su importancia como poder global, no sólo por la economía o el armamento nuclear. Miremos la Unión Soviética, cuando se desintegró Rusia heredó el potencial nuclear pero eso sólo no la convirtió en una superpotencia.

China tiene armas nucleares desde los años 60 y sólo ahora se está empezando a considerar como un gran poder gracias al desarrollo económico, igual que India. Por eso creo que para convertirte en una superpotencia hay que tener en cuenta la influencia económica, política, militar, cultural, e ideológica incluso.

Hoy ya no puedes colonizar otro país como antiguamente, hoy la soberanía es muy importante y cada país va a defender la suya, por lo que el aspecto militar tampoco se puede dejar de lado, pero es más determinante el poder diplomático, económico o cultural.

Ha estudiado también el declive de la influencia militar en la política. ¿Podemos decir que sigue disminuyendo en el este de Asia, donde algunos Estados combaten a guerrillas terroristas (Filipinas, Indonesia?)?

El poder militar todavía tiene un papel importante en países como Tailandia o Filipinas, pero cuando un sistema político se vuelve más fuerte el papel político del ejército decrece, como ha ocurrido en India o en Japón. En China tenía un poder muy considerable, pero en los últimos años veo una separación entre las élites militares y las políticas.

En Indonesia sigue siendo una institución muy importante, pero el poder civil, elegido democráticamente [desde 2004] va a ser cada vez más hegemónico. No todo está hecho, aun habrá que esperar, pero mi sensación es que a medida que los sistemas políticos se afianzan en Asia, la influencia de los ejércitos decae. Y si hablamos del papel del poder militar en las políticas internacionales asiáticas también cae su influencia.

Hoy ningún conflicto puede ser resuelto por la fuerza militar. Aunque hablemos de Corea del Norte, del estrecho de Taiwán o de Cachemira, la fuerza militar no podrá resolver el conflicto, sólo puede llevar a una situación de disuasión en la que nadie puede ganar. Hay que negociar, especialmente si tienes armas nucleares, porque con ellas puedes destruir un país, pero no ganarás una guerra.

Esto se ha evidenciado en el proceso de negociaciones a seis para Corea del Norte, que va despacio, pero sigue en pie. Por ello creo que hay un reconocimiento de que la fuerza militar hoy sólo tiene un papel de disuasión y de defensa, pero no ofensivo o de dominación.

¿Este declive es extrapolable a los países que combaten la violencia talibana y de Al Qaeda?

Aquí entraríamos en un área distinta. Al Qaeda no es un actor estatal y no la puedes combatir con los mismos medios. Al Qaeda no puede igualar jamás a Estados Unidos en términos de capacidad militar convencional. En estos casos hay que encontrar los métodos que provocan más daño en el adversario para lo que la fuerza sigue siendo importante. Pero en el otro lado, los países que se enfrente al terrorismo no pueden usar la fuerza militar como única solución porque aunque mates muchos terroristas surgirán otros.

La solución tiene que ser más amplia y en relación con el problema político o económico subyacente. En países como Irak o Afganistán, aunque son muy diferentes, también influyen otros factores como el intento de construcción del Estado desde el exterior, pero aislando el tema terrorista la estrategia debe ir dirigida concretamente contra los métodos de la organización.

Es un error plantear ‘la guerra contra el terror’, porque no luchas contra el terror sino contra una organización, sea Al Qaeda u otra. Por eso hay que tomar estrategias diferentes en Irak, en Afganistán y en la lucha contra Al Qaeda.

¿Y en Pakistán?

El problema en Pakistán es que nunca ha sido un Estado de verdad. Desde su creación, los dirigentes han priorizado la dimensión militar a crear un Estado fuerte con un destino conjunto. Por eso el sistema político está continuamente siendo cuestionado en términos de legitimidad. Además, en algunas de las provincias y distritos el gobierno central nunca ha tenido el control, es decir que la autoridad del Estado no llega a todo el país. Y una de las características de una nación-estado moderna es que el gobierno central tenga el monopolio del uso de la violencia.

En Pakistán no es el caso, por lo que surgen conflictos entre la periferia y el centro. Entonces tenemos además a los talibanes y a los miembros de Al Qaeda refugiándose en estos territorios no controlados y el gobierno, no sé si quiere hacerles frente o no, pero no puede porque no tiene autoridad en la región. Es de nuevo un problema de construcción de estado y legitimidad. A largo plazo creo que Pakistán será un país más viable pero cómo conseguirlo es la gran cuestión, será muy difícil combatir a los terroristas en estos terroristas.

Muthiah Alagappa, de origen malayo, es actualmente Distinguished Senior Fellow del East-West Center, una institución creada por el Congreso de Estados Unidos hace unos 40 años con el fin de promover la cooperación entre Estados Unidos y Asia, y con sedes en Honolulu y Washington. A parte de su trabajo en esta organización, Alagappa ha dedicado su vida a la docencia en varias universidades y a la investigación en el campo de la legitimación política de los gobiernos, los cambios políticos y la sociedad civil, el rol político de los ejércitos o la política internacional y la seguridad en el Asia Pacífico. También ha publicado varios libros relacionados con estos temas.