El pasado 31 de octubre de 2025 se celebró en la ciudad surcoreana de Gyeongju, en la provincia de Gyeongsangbuk-do (Gyeongsang del Norte), el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Asia-Pacific Economic Cooperation, APEC) en el Centro Internacional de Convenciones Hwabaek.
El encuentro ha tenido lugar en un momento de especial sensibilidad internacional, marcado por la incertidumbre en los mercados, la competencia tecnológica y la reconfiguración de alianzas estratégicas en la región del Indo-Pacífico. Allí, los líderes de las economías miembro debatieron cómo reforzar la estabilidad comercial y garantizar cadenas de suministro más seguras ante los efectos de las tensiones geopolíticas y del resurgimiento del proteccionismo. Aunque Estados Unidos no participó directamente en la reunión principal de líderes, su rivalidad con China protagonizó las conversaciones adicionales, demostrando que la cooperación regional no es solo una necesidad económica, sino también un desafío político.
¿Qué es APEC y por qué importa en la economía global?
El Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) es una plataforma multilateral creada en 1989 con el objetivo de promover el crecimiento económico sostenible, la integración regional y la cooperación entre las economías del Pacífico. Actualmente, el foro reúne a 21 miembros: Australia, Brunei Darussalam, Canadá, Corea, Chile, China, Estados Unidos, Filipinas, Hong Kong, Indonesia, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea, Perú, Rusia, Singapur, Taiwán, Tailandia y Vietnam. Estas economías representan en conjunto cerca del 60 % del PIB mundial, alrededor del 50 % del comercio internacional y aproximadamente la mitad de la población del planeta. Este peso económico y demográfico convierte a APEC en un actor central en la configuración de las estrategias comerciales globales.
A diferencia de otros organismos internacionales como la Organización Mundial del Comercio (OMC), APEC no se basa en tratados obligatorios ni sanciones, sino en el consenso y el compromiso político voluntario. Esta estructura flexible permite que economías muy diversas —desde potencias industriales hasta países en desarrollo— avancen en la liberalización del comercio, la facilitación de inversiones y la cooperación técnica de acuerdo con sus propias realidades nacionales. Su relevancia no solo se mide en acuerdos concretos, sino también en la creación de estándares compartidos, proyectos regionales y espacios de diálogo que hacen posible construir confianza en una región marcada por rivalidades estratégicas.
En un contexto donde economía, seguridad y tecnología están cada vez más entrelazadas, APEC actúa como un ‘laboratorio diplomático’ para equilibrar intereses y fomentar la estabilidad.
El papel de Corea del Sur como país anfitrión
Para Corea del Sur, la presidencia y organización de la cumbre tuvieron un significado estratégico tanto económico como diplomático. Como potencia media con vínculos comerciales y de seguridad con Estados Unidos y, al mismo tiempo, con fuertes lazos económicos con China, Seúl ha buscado ejercer un papel de mediador en una región marcada por la rivalidad geopolítica entre ambas potencias. La celebración del encuentro ofreció al gobierno surcoreano una plataforma para proyectarse como actor responsable y estabilizador, capaz de fomentar el diálogo y promover la cooperación incluso en un clima internacional tenso.
El presidente surcoreano, Lee Jae-myung, orientó la agenda hacia tres ejes fundamentales: la innovación tecnológica, la resiliencia económica y la sostenibilidad, enfatizando que “para mantener la prosperidad de la región necesitamos expandir el comercio y cooperar mutuamente”. Sectores como los semiconductores o las baterías avanzadas —donde Corea ocupa una posición líder a nivel mundial—, Seúl insistió en fortalecer las cadenas de suministro regionales y reducir vulnerabilidades provocadas por tensiones comerciales o interrupciones globales.
La elección de Gyeongju como sede no fue casual. Además de su alto valor cultural e histórico, la ciudad simboliza la voluntad de Corea del Sur de conectar tradición y modernidad, proyectando una imagen de estabilidad y continuidad. Así, la cumbre sirvió para reforzar su papel como puente diplomático en la región y como referente en innovación, especialmente en ámbitos emergentes como la inteligencia artificial (IA), el cambio demográfico y las tecnologías verdes.
La posición de Estados Unidos: seguridad económica y alianzas regionales
Aunque Estados Unidos no participó directamente en la reunión principal de líderes del APEC, mantuvo una presencia activa a través de actividades paralelas y encuentros bilaterales. La administración del presidente Donald Trump envió a altos funcionarios de la Casa Blanca y representantes comerciales para reforzar alianzas con socios estratégicos y reiterar el compromiso del país con la estabilidad regional. Washington considera este foro fundamental para contrarrestar la creciente influencia de China, especialmente en los sectores tecnológico y energético, donde la competencia estratégica se intensifica cada vez más.
En este contexto, Estados Unidos puso el foco en la seguridad económica, que vincula la estabilidad geopolítica con la fortaleza de sus industrias y suministros estratégicos. La Casa Blanca insistió en la diversificación de las cadenas de suministro para reducir la dependencia de un solo proveedor, promoviendo asociaciones con países considerados aliados fiables. Este enfoque tuvo especial relevancia en los ámbitos de los semiconductores, la inteligencia artificial y las energías limpias, sectores en los que Washington intenta afianzar una ventaja sostenible.
Más allá de los debates multilaterales, los movimientos más significativos se produjeron en el plano bilateral. La administración estadounidense impulsó propuestas de cooperación tecnológica y energética, así como iniciativas para diversificar las cadenas de suministro y fortalecer la seguridad económica en el Indo-Pacífico. Trump anunció un nuevo acuerdo comercial con Corea del Sur que incluía reducciones arancelarias del 25 % al 15 % en el sector automotriz a cambio de una inversión surcoreana de 350.000 millones de dólares. Asimismo, la Casa Blanca presentó una iniciativa de 20 millones de dólares destinada a impulsar el desarrollo y la regulación de una IA en la región, alineándose con la agenda tecnológica de Seúl.
A pesar de su ausencia en la sesión principal, Washington buscó proyectar el mensaje de que sigue comprometido con los valores de apertura, transparencia y competencia justa en la región.
Repercusiones de la ausencia estadounidense
La no participación directa de Estados Unidos en la reunión principal del APEC ha podido generar tanto repercusiones simbólicas como estratégicas. En el plano diplomático, varios analistas interpretaron la ausencia como una señal de distancia con los mecanismos multilaterales de la región, lo que podría debilitar su influencia frente a China, que sí participó activamente y aprovechó la ocasión para proyectarse como líder regional.
No obstante, Washington ha tratado de compensar su falta de presencia formal mediante una agenda paralela, centrada en reuniones bilaterales y en la promoción de iniciativas tecnológicas y de seguridad. Esta estrategia refleja una priorización del enfoque bilateral y temático sobre la participación multilateral tradicional, acorde con su política exterior reciente.
A largo plazo, esta ausencia podría erosionar parte del peso diplomático de Estados Unidos dentro del APEC, especialmente si otros miembros perciben un menor compromiso institucional. Sin embargo, su capacidad económica y su red de alianzas estratégicas le permiten seguir siendo un actor central, aunque con una influencia más fragmentada y dependiente de su capacidad de coordinación directa con aliados clave.
La relación China–Estados Unidos dentro de la APEC
La relación entre Estados Unidos y China volvió a ser uno de los ejes centrales de la cumbre. Aunque la rivalidad estratégica entre ambas potencias continúa siendo estructural, Seúl ofreció un espacio de diálogo donde se pudo evitar la escalada de tensiones y explorar áreas de cooperación limitada. Según la oficina presidencial, Corea del Sur «ejerció un fuerte liderazgo para alcanzar un texto con el que EE. UU. y China estuvieran de acuerdo”.
El encuentro bilateral entre las delegaciones de ambos países fue el momento más seguido del foro. Tras casi dos horas de reunión, ambos líderes anunciaron una tregua parcial en la disputa comercial que ha afectado a la economía global desde 2018: China se comprometió a posponer nuevas restricciones a la exportación de tierras raras —minerales esenciales para la industria tecnológica— y a reforzar el control sobre los precursores químicos vinculados al fentanilo. A cambio, Estados Unidos anunció una reducción del 10 % en los aranceles aplicados a productos tecnológicos chinos, bajando el promedio del 57 % al 47 %, y confirmó el reinicio de la exportación de soja hacia el mercado chino.
Aunque estos gestos fueron considerados un paso significativo hacia la desescalada comercial, no se firmaron acuerdos definitivos y los temas más sensibles —como Taiwán, el acceso a tecnologías avanzadas o la política energética vinculada a Rusia— quedaron fuera de la negociación formal. Tanto Washington como Pekín fueron cuidadosos al mantener un tono diplomático que permitiera mostrar avances sin comprometer sus posiciones estratégicas. Asimismo, la falta de una reunión al más alto nivel dejó en evidencia el enfriamiento del diálogo político entre ambas potencias dentro del APEC, aunque no impidió que China aprovechara la oportunidad para reforzar su imagen como promotora del libre comercio y la integración regional.
La dinámica bilateral influyó en el clima general de la cumbre: por un lado, generó un cierto optimismo en los mercados, al mostrar que el diálogo sigue siendo posible; por otro, dejó claro que la competencia por la influencia en el Indo-Pacífico se mantendrá como telón de fondo. En este sentido, APEC actuó como un espacio útil para gestionar tensiones y evitar rupturas, pero también como recordatorio de que la cooperación seguirá siendo selectiva y limitada en aquellos ámbitos donde ambos países se disputan el liderazgo tecnológico y geopolítico.
Resultados y acuerdos de la cumbre
La cumbre concluyó con la adopción de la Declaración de Gyeongju. Se trata de un documento en el que los países reafirmaron su compromiso con la cooperación económica, el comercio abierto y la innovación tecnológica. Aunque los acuerdos no son vinculantes, sí que marcan una hoja de ruta compartida que orientará las políticas regionales en los próximos años.
Estados Unidos, pese a no participar directamente en la firma, expresó su apoyo a los principios generales de la declaración a través de un comunicado emitido por la Casa Blanca. Los líderes centraron sus esfuerzos en cuatro áreas estratégicas esenciales para la estabilidad y el desarrollo del Indo-Pacífico:
Cooperación tecnológica e inteligencia artificial
Uno de los ejes centrales de la declaración fue la apuesta por impulsar la cooperación en sectores tecnológicos avanzados, especialmente en inteligencia artificial y semiconductores. Se respaldó la iniciativa surcoreana de promover un marco común para el desarrollo y uso responsable de la IA, así como el fortalecimiento de la capacidad regional en la fabricación de chips, un ámbito decisivo donde Corea del Sur, Japón y Estados Unidos tienen papeles protagonistas.
Cadenas de suministro resilientes y seguras
Los líderes coincidieron en la necesidad de reforzar la resiliencia de las cadenas de suministro, después de que la pandemia y las tensiones comerciales globales pusieron en evidencia su fragilidad. El objetivo es reducir la dependencia de un único proveedor y promover redes de producción más diversificadas y transparentes dentro de la región. Este compromiso responde a preocupaciones compartidas tanto por economías industrializadas como en desarrollo.
Transición energética y sostenibilidad
Otro punto central fue la apuesta por una economía más sostenible, mediante la promoción de energías renovables, la reducción progresiva de emisiones y la cooperación en tecnologías verdes. La declaración subrayó que la transición energética no solo es una responsabilidad climática, sino también una oportunidad para generar nuevos sectores industriales y empleo de alto valor añadido.
Comercio digital y regulación común
Finalmente, la cumbre reafirmó el impulso al comercio digital para poder facilitar el intercambio transfronterizo y garantizar la protección de consumidores y empresas. Los países acordaron trabajar en la armonización de normas y estándares digitales, dado que la economía global depende cada vez más de servicios en línea, plataformas digitales y datos como recurso estratégico.
Conclusiones: el futuro de APEC y los desafíos del Indo-Pacífico
La cumbre dejó claro que el Indo-Pacífico continúa siendo el centro de gravedad de la economía mundial y el escenario principal donde se define el equilibrio de poder entre grandes potencias. A pesar de la rivalidad entre Estados Unidos y China, la reunión demostró que aún existe espacio para la cooperación económica y diplomática, siempre que se mantengan canales de diálogo y se prioricen objetivos compartidos.
APEC, sin imponer aún obligaciones vinculantes, se reafirma como un foro fundamental para gestionar tensiones, construir confianza y avanzar en acuerdos que faciliten el desarrollo sostenible, la transición energética y la integración digital. Su principal fortaleza se centra en su capacidad para reunir economías y promover consensos que, con el tiempo, pueden traducirse en políticas más sólidas a nivel nacional y regional.
Sin embargo, el desafío clave será transformar los compromisos en acciones concretas. La estabilidad de las cadenas de suministro, la adopción de tecnologías emergentes, la competencia por el liderazgo tecnológico y la necesidad de acelerar la sostenibilidad marcarán la agenda del Indo-Pacífico en la próxima década. El éxito de APEC dependerá de la voluntad política de sus miembros para equilibrar intereses nacionales con objetivos comunes y mantener el espíritu de cooperación incluso en un entorno geopolítico cada vez más competitivo.







