04/12/2008 | Actualidad > AsiaMedia
El parlamento de Indonesia ha aprobado una ley contra la pornografía fruto del creciente peso de los grupos islamistas en la política del país. Los defensores de los derechos humanos consideran que representa un grave retroceso, especialmente para la igualdad de la mujer, principal víctima de esta radicalización. Siti Musdah Mulia, presidenta de la Muslimat Nahdlatul Ullama, explica su punto de vista sobre esta ley y sobre los problemas de género en su país

El parlamento de Indonesia ha aprobado una ley contra la pornografía fruto del creciente peso de los grupos islamistas en la política del país. Los defensores de los derechos humanos consideran que representa un grave retroceso, especialmente para la igualdad de la mujer, principal víctima de esta radicalización. Siti Musdah Mulia, presidenta de la Muslimat Nahdlatul Ullama, explica su punto de vista sobre esta ley y sobre los problemas de género en su país.

El parlamento de Indonesia ha aprobado una ley contra la pornografía fruto del creciente peso de los grupos islamistas en la política del país. Los defensores de los derechos humanos consideran que representa un grave retroceso, especialmente para la igualdad de la mujer, principal víctima de esta radicalización. Siti Musdah Mulia, presidenta de la Muslimat Nahdlatul Ullama, explica su punto de vista sobre esta ley y sobre los problemas de género en su país.

Indonesia es un país con una gran diversidad cultural, formado por miles de islas, con una población de 231 millones de personas y con más de 300 lenguas. El 80 % de la población es musulmana, y el resto se lo reparten mayoritariamente budistas e hinduistas.

Sin embargo, la nueva ley antipornografía aprobada a finales de octubre por el parlamento se ha visto por muchos sectores como un ataque a esta pluralidad y como una cesión más a los islamistas.

Siti Musdah Mulia, presidenta de la Muslimat Nahdlatul Ullama, la mayor organización civil islámica del país, y del Congreso Indonesio sobre Religión por la Paz, una ONG que promueve el diálogo interreligioso y la democracia, considera que esta ley no es necesaria: ‘Tenemos al menos ocho leyes que permiten luchar para erradicar la pornografía, como la ley de protección de menores, la ley contra la distribución de pornografía, etc. El problema es su aplicación, que es todavía muy débil. Por eso creo que lo que necesitamos es activar de verdad estas normativas y que tengan una influencia en la sociedad’.

El proyecto que ha precedido la ley ha sido ampliamente debatido y casi la mitad de sus artículos han sido eliminados, pero aun así prohíbe extremos como el uso del bikini por parte de mujeres indonesias en la playa. Bali, gran enclave turístico, ha sido especialmente dura con una norma que considera que no se podrá implantar en esta isla porque no se corresponde con los valores y tradiciones de su población, que no es musulmana. Desde Bali se argumenta que podría afectar al sector turístico, fuente de ingresos principal, pero también las tradiciones de las minorías culturales de varias islas, como danzas o vestidos típicos, podrían ser perseguidas por la nueva ley.

Sin embargo, el punto que más controversia ha levantado es el ataque que presenta a la libertad individual y a los derechos de las personas. La ley contempla la posibilidad de que cualquier ciudadano pueda tomar acciones preventivas para evitar cualquier situación que él piense que pueda desembocar en pornografía o ser contraria al texto legal, que define ambiguamente la pornografía como ‘cualquier tipo de comunicación que pueda suscitar deseo sexual’.

Mulia explica que las organizaciones civiles han luchado mucho contra este punto ‘porque es muy discriminatorio y convierte a la mujer en víctima’. Desde su perspectiva de musulmana tolerante y feminista, está convencida de que, en general, la población no está a favor de esta ley: ‘Creo que la mayoría está en contra, pero algunos partidos islamistas quieren convertir este tema en su promoción propagandística’.

Indonesia es una democracia reciente, que realizó sus primeras elecciones presidenciales en 2004, tras pasar 30 años bajo el mandato del dictador Suharto y varios años de transición. Según Mulia, quizás esta transición fue demasiado corta: ‘Creo que, por desgracia, nuestra sociedad y nuestra estructura legal no estaba preparada para la democratización, porque durante la era de Suharto los radicales estaban reprimidos, pero ahora pueden expresar sus ideas y opinar en el nombre de la democracia’.

Ésta sería para ella una de las claves que explicarían el creciente peso de los sectores islamistas en la política del país, pero también hay otros: ‘La posición de Estados Unidos sobre países musulmanes como Irán o Irak tiene un grave impacto para nuestra lucha contra los radicales y a favor de los derechos humanos, porque se está entendiendo que la democracia significa la hegemonía de Occidente. Y también el fracaso del gobierno para traer progreso y bienestar a la población, que ha facilitado el argumento de los radicales de que es un problema del gobierno laico y proponen implantar la ley islámica como solución’.

Bodas no registradas

Este país, que tiene la mayor población musulmana del mundo con 200 millones, es oficialmente laico. Pero en realidad tiene una doble legislación para asuntos relacionados con las familias, con una ley nacional y una para los musulmanes y dos tipos de tribunales. La ley de familia musulmana incluye la ley sobre herencias y la ley matrimonial.

Esta activista musulmana quiere dejar claro que en Indonesia hay muchos problemas relacionados con la igualdad de género, pero los más graves son quizás la situación de las mujeres que emigran para trabajar en otros países, los matrimonios forzados de niñas y las bodas no registradas. La ley matrimonial estipula un límite de edad para casarse de 19 años para hombres y 16 para mujeres. ‘En la realidad, muchos mienten sobre la edad’, explica, ‘pero el principal problema es que no es obligatorio registrar el matrimonio y el 48% de bodas no lo están. Estamos presionando al gobierno para que obligue a ir al registro y así se descubran los matrimonios entre menores y los de niñas con hombres adultos’.

Las ONG trabajan muy activamente contra estas bodas, pero también por mejorar la ley del divorcio. ‘Desde el feminismo islámico luchamos por enmendar la ley matrimonial porque algunos de sus artículos discriminan a la mujer y la posicionan como objeto sexual’, expone Mulia. Desde su organización intenta promover un nuevo proyecto de ley matrimonial desde 2001 y confía que por fin los partidos políticos cumplan su promesa de debatirlo en el parlamento el año próximo.

Actualmente las mujeres musulmanas que se quieren divorciar tienen que presentar una petición ante un tribunal islámico y el proceso es muy lento y sofisticado por lo que muchas desisten. En cambio los hombres se pueden divorciar cuando quieren. En el proyecto de ley impulsado por las asociaciones se exige que las mujeres puedan proponer el divorcio cuando y donde quieran, con las mismas facilidades que sus maridos.

La implantación de la sharia

No deja de ser una ardua lucha en un país donde la ley islámica o sharia se implanta cada vez en más regiones gobernadas por musulmanes radicales. ‘Esto conlleva la domesticación de la mujer, quieren hacer creer a las mujeres que no tienen derechos y se les niega el acceso a la educación, especialmente a la superior, se les impone una forma de vestir, y se permite incluso la poligamia’, afirma Mulia, que considera que sin embargo la mayoría de la población es moderada, pero calla y acepta las imposiciones, lo que dificulta el trabajo de la gente como ella que denuncia y combate los abusos contra los derechos humanos.

Pero para Mulia, el Islam no tiene nada que ver con todas estas discriminaciones. ‘Es una religión totalmente compatible con la democracia y con los derechos humanos. Desafortunadamente se promueven las interpretaciones que estipulan lo contrario, por eso los moderados como yo trabajamos para explicar las verdaderas enseñanzas’, explica Mulia. Pero especifica que su religión no se entiende igual en su país que en Oriente Medio, dado que el Islam no llegó hasta el siglo XVII a Indonesia y basó su éxito en su perspectiva cultural que le ha permitido convivir desde entonces con budistas e hinduistas.

¿Seguirá siendo este país de mayoría musulmana un ejemplo de convivencia religiosa y de respeto a la pluralidad y a los derechos humanos? Mulia no quiere adelantar acontecimientos y prefiere quedarse a la expectativa: ‘Depende de la situación política. Espero que en las próximas elecciones haya una oportunidad para grupos no militares y no radicales para ganar. En mi experiencia, los militares y los islamistas radicales son lo mismo’.