27/11/2008 | Actualidad > AsiaMedia
El incendio en las habitaciones altas del Hotel Taj Majal de Bombay simboliza hasta qué extremo es vulnerable la India frente al terrorismo de signo islamista. Hoteles y restaurantes frecuentados por turistas, pero también espacios públicos como la estación central de Bombay o dos hospitales han sido el objetivo de un ataque coordinado de hombres armados, la acción terrorista de mayor envergadura en territorio indio

El incendio en las habitaciones altas del Hotel Taj Majal de Bombay simboliza hasta qué extremo es vulnerable la India frente al terrorismo de signo islamista. Hoteles y restaurantes frecuentados por turistas, pero también espacios públicos como la estación central de Bombay o dos hospitales han sido el objetivo de un ataque coordinado de hombres armados, la acción terrorista de mayor envergadura en territorio indio.

Un grupo desconocido hasta la fecha, los Muyahidines del Decan, reivindicaban los ataques, un indicio de la implicación islamista en una acción perfectamente preparada y coordinada para destruir algunos de los principales símbolos del éxito de la India emergente abierta al mundo, y a Occidente.

Los asaltantes iban armados con fusiles AK-47 y granadas que utilizaban dentro de los recintos atacados para sembrar el terror y tomar rehenes. Un testigo asegura que los terroristas buscaban ciudadanos con pasaporte británico o norteamericano, es decir, de los dos países designados por el islamismo más radical como los objetivos prioritarios.

El ataque coordinado se cobraba la vida de al menos ochenta personas y dejaba heridas a casi un millar. Entre las víctimas se encuetran algunos destacados jefes de la seguridad en la ciudad, como el jefe del escuadrón antiterrorista, Hemant Karkare.

India se sabe en la primera línea de fuego de la amenaza terrorista internacional, por multiples factores. Con un 12% de población musulmana, la convivencia con la mayoría hindú no siempre ha sido fácil. La enemistad tradicional con Pakistán, el país de los musulmanes en el subcontinente indio, con el que se disputa la soberanía de Cachemira, la sitúa como objetivo prioritario de los grupos afines a Al Qaeda.

Es más, en los últimos tiempos, Nueva Delhi se ha aproximado claramente a Estados Unidos, con el que ha sellado un acuerdo en materia de industria nuclear civil, e incluso a Israel.

Los atentados en los trenes de Bombay del verano de 2006 expusieron los graves déficits de seguridad que un país emergente de mil millones de habitantes permiten a los terroristas una notable impunidad. En los trenes de Bombay morían 190 personas y 700 resultaban heridas. Desde entonces, la seguridad había sido reforzada en los lugares públicos y algunos objetivos preferentes, como el Hotel Taj Mahal, a cuya lujosa recepción se accedía a través de arcos de rayos y depositando bolsos y equipaje en un escaner.

A la estación de CST, la antigua Victoria Terminus, un bello edificio colonial, no se puede acceder sin pasar por el arco de rayos. Lo mismo sucede en los principales lugares públicos, como centros comerciales.

Con todo, los ataques coordinados contra los máximos símbolos de la India moderna y abierta suponen un nuevo desafío para las fuerzas de seguridad, que decidían asaltar los edificios donde los terroristas se habían hecho fuertes, como el Hotel Oberoi, donde retenía a numerosos rehenes.

La lectura inevitable de esta sangrienta acción es que India no es segura para nadie, ni para los extranjeros de alto poder adquisitivo que deseen hacer negocios en esta potencia emergente.

Pero incluso más preocupante es el hecho de que el enemigo de este nuevo país vive en él y disfruta de su dinámico desarrollo. Uno de los terroristas más buscados por las autoridades en los últimos tiempos había trabajado durante largo tiempo para Wipro, una de las empresas de mayor éxito en el pujante sector tecnológico indio.

Si la amenaza islamista está presente en todo el mundo, India dispone de muchos más objetivos perfectos para provocar el terror que cualquier otro país. Sus espacios públicos y privados, abiertos o cerrados, están siempre abarrotados.

Con menor intensidad, numerosas ciudades han sido escenario recientemente de atentados en lugares públicos. Al tiempo, dispone de menos medios que Europa o Estados Unidos para combatir un terrorismo que encuentra en las magnitudes indias amplios espacios para organizarse.