17/01/2013 | Actualidad

Esta coyuntura provocó que a principios de los años sesenta, el rey Jigme Singye Wangchuk, promoviera las reformas en un país que no contaba con carreteras asfaltadas, teléfono o luz eléctrica. Sin embargo, la pérdida de la identidad del país era el principal escollo para el monarca, a la hora de abrir su país al mundo y adaptarse a su ritmo. Para solucionar este dilema, el monarca se basó en la vía del medio de Buda (escapar de los extremos)y creó la Felicidad Interior Bruta (FIB), un índice que persigue ante todo que los habitantes sean felices. Un medida acorde con la filosofía budista que persigue intensificar el bienestar humano a partir de la garantía de derechos fundamentales, parámetros sociales y promover el desapego de los bienes materiales.

Pese a estar abierto al turismo hace escasos años, el interés en este pequeño reino de los Himalayas, considerado como el último Shangri-la o tierra virgen, ha sido muy grande entre los viajeros. Sin duda, gracias a su espectacular paisaje, su hermetismo y su milenaria cultura se convierte en un reto atractivo para cualquier viajero. El paisaje abarca desde las llanuras subtropicales en el sur a las alturas del Himalaya en el norte, con algunos picos que superan los siete mil metros.

Los principales puntos de interés en el país son; El hermoso valle de Paro que acoge muchos de los más antiguos monasterios y templos de Bután; Thimbu la actual capital, Bumthang, un fascinante valle que es el corazón de la nación y el hogar de los templos y beneficios más antiguos del país y, sobre todo, el monasterio del nido del tigre un singular monasterio ubicado a 3.120 metros sobre el nivel del mar en la ladera de una montaña.