Tristemente famoso en Occidente debido a la Guerra del Vietnam y representado como un descenso a las tinieblas por Coppola en el film Apocalypse Now, todo lo que rodea al Mekong es mito. Incluso, el folklore vietnamita creía que está habitado por siete dragones que lanzan bolas de luz cuando el sol se refleja sobre sus aguas.
Pese a ser una importante vía de comercio, no es enteramente navegable. La razón principal son las Cataratas de Khone Phapeng en Laos. justo en su frontera con Camboya. Y tal cómo existe ésta separación geológica, existe la unión acerca del productor de riqueza que es el Mekong. Un buen ejemplo de ello es el Puente de la Amsitad Thai-Lao entre estas dos naciones desde la expulsión de los colonos franceses.
La biodiversidad del Mekong también deja asombrados a científicos hasta hoy en día y sólo es superada por la del Amazonas. En 2009, se catalogaron 145 nuevas especies y 29 jamás habían sido vistas. Se pueden encontrar animales tan atípicos como: carpas gigantescas de hasta 3 metros de largo, tortugas de Cantor sin caparazón alguno, manta rayas de 4 metros de ancho, delfines de agua dulce o gatos pescadores que han aprendido a nadar.
Y en lo que concierne al patrimonio cultural, la ciudad laosiana de Luang Prabang, construida en un recodo del río, está protegida por la UNESCO. Medio centenar de templos budistas pueblan la ciudad y son, según los expertos, de los más bellos construidos en todo el sudeste asiático. Entre ellos destaca el de Wat That Chomsi, en la cima del monte Phu Si, es el templo que más visitas recibe de laosianos por su espiritualidad, vistas y belleza arquitectónica.
Por lo tanto, el Mekong resulta ser un seno de cultura y naturaleza en el corazón del sudeste asiático. Un cordón umbilical que une a los pueblos de ésta zona y ofrece uno de los parajes más atractivos en toda Asia.






