Aunque las islas del Pacífico solo producen el 0,02% de las emisiones globales, son extremadamente vulnerables a sus efectos debido a sus características geográficas y socioeconómicas. Se encuentran en la primera línea de devastación, sufriendo de manera desproporcionada los impactos más severos del calentamiento global, como la subida acelerada del nivel del mar y el calentamiento de los océanos.
Contexto
Estas islas están aisladas por vastas extensiones de océano, lo que limita su diversificación económica: la base de sus economías es la pesca, el turismo y la agricultura. El potencial económico de estos archipiélagos es limitado y por eso se cuentan entre las naciones más dependientes de la ayuda internacional. A pesar de su poca contribución a las emisiones globales, estos países sufren con mayor intensidad las consecuencias climáticas, especialmente los fenómenos meteorológicos extremos.
La población de las islas del Pacífico (excluyendo Nueva Zelanda) asciende a aproximadamente 8,5 millones de personas y alrededor del 90% de esta población reside a menos de 5 kilómetros de la línea de costa y a pocos metros sobre el nivel del mar, lo que sitúa a estas comunidades en una posición extremamente arriesgada y vulnerable.
Riesgos principales
El peligro principal provocado por el cambio climático es la subida del nivel del mar, una amenaza directa que podría resultar en la desaparición de varios archipiélagos. Según datos de la NASA, entre 1993 y 2023, el nivel del mar en la región del Pacífico subió entre 10 y 15 centímetros, mientras que la media mundial se situó en 9,4 cm.
Este ritmo acelerado reduce el tiempo de respuesta de los gobiernos locales. En el corto y medio plazo, las poblaciones tendrán que desplazarse a los lugares más altos sobre el nivel del mar para sobrevivir o, en el peor de los casos posibles, cruzar sus fronteras nacionales, lo que las convertirá en los primeros refugiados climáticos de la historia moderna.
Tuvalu es el primer país en riesgo inminente de hundirse y desaparecer por completo. Otros países bajo esta misma amenaza son Fiji y Papúa Nueva Guinea (esto último con aproximadamente 10 millones de habitantes).
Otro factor de riesgo fundamental es el calentamiento de los océanos. Según la Organización Meteorológica Mundial, entre 1981 y 2023, la tasa global de incremento de la temperatura oceánica fue de 0,15 °C por década. Sin embargo, en la región del Pacífico se observó un incremento de 0,4 °C por década, casi el triple del promedio mundial.
Además, este aumento de temperatura provoca el blanqueamiento de los corales que rodean las islas, afectando gravemente a la flora y fauna marina y reduciendo la biodiversidad del ecosistema. Dada la alta dependencia que estas islas tienen del turismo y la pesca, este fenómeno amenaza directamente sus medios de subsistencia económica.
Un desafío adicional es la escasez de agua potable. Con la subida del nivel del mar, se reduce la disponibilidad de agua para consumo humano e industrial, obligando a los países a realizar inversiones masivas en infraestructuras de seguridad hídrica.

El mapa (a) muestra la región del Pacífico sudoccidental en su estado actual, mientras que el mapa (b) muestra cómo era hace 20 000 años, cuando el nivel del mar era 120 m más bajo. No solo había más islas, sino que las que existen hoy en día eran más grandes y estaban más próximas entre sí. Algunas islas grandes, como Bellona Platform, han desaparecido por completo.
Fuente: Nunn, 2009a citado por Asia-Pacific Human Development Report Background Papers Series 2012/07 (UNDP).
Medidas e iniciativas de resiliencia
Algunos países de la región ya han tomado la iniciativa. En 2014, por ejemplo, la República de Vanuatu creó el Ministerio de Cambio Climático, a través del cual se coordinan labores de activismo, investigación y financiación para la adaptación climática.
No obstante, es necesario anticiparse a los desastres climáticos con una respuesta regional consolidada. Por eso, los países de la zona, articulados a través del Foro de las Islas del Pacífico (Pacific Islands Forum) han tomado la iniciativa política: en septiembre de 2025 se firmó el tratado Pacific Resilience Facility Treaty, que establece instituciones de financiación para la lucha contra el cambio climático y el apoyo a las comunidades más vulnerables de la región, definiendo una ruta estratégica clara con objetivos fijados para el año 2050.
El 6 de mayo de 2026, Fiyi y Australia ratificaron este tratado, sumándose a otras naciones como Tonga, Nauru, las Islas Marshall, las Islas Salomón, Tuvalu, las Islas Cook, Nueva Zelanda y Niue. Esto indica el nivel de apoyo a la iniciativa y allana el camino para la convocatoria inicial de propuestas en la 55ª Reunión de Líderes del Foro de las Islas del Pacífico en Palaos, prevista para finales de agosto de 2026.
Para adaptarse a la nueva realidad climática, los países necesitan financiación para tomar medidas diversas:
• Infraestructura y relocalización: construcción de defensas costeras y elevación de infraestructuras críticas por encima del nivel del mar proyectado. En casos extremos, planificar el traslado de los pueblos y ciudades hacia el interior para que estén más lejos del mar.
• Transición energética e hídrica: implementación masiva de sistemas de energías renovables para reducir la dependencia de combustibles importados; reingeniería de los suministros de agua potable y creación de nuevos sistemas de drenaje.
• Resiliencia alimentaria: Modernización de la flota pesquera local para adaptarse a las nuevas rutas migratorias de las especies marinas causadas por el cambio de temperatura.
El caso de Tuvalu: un acuerdo histórico
Se estima que la mitad del territorio de Tuvalu quedará baja del agua para el año 2050 y que el país podría desaparecer totalmente para 2100. Ante los peores pronósticos, Australia se ha posicionado para ofrecer un hogar a los afectados. En el año 2023, Tuvalu y Australia firmaron el primer acuerdo para frenar el cambio climático (con el nombre Unión Falepili – una palabra que en tuvaluano significa buena vecindad, cuidado y respeto mutuo).
El tratado establece una vía especial para la obtención de visados que permite a un máximo de 280 ciudadanos de Tuvalu al año vivir, estudiar y trabajar en Australia. Australia tiene la obligación legal de prestar asistencia a Tuvalu en caso de catástrofes naturales graves. También, ambos países se comprometen a ayudar a los habitantes de Tuvalu a permanecer en sus hogares ancestrales con seguridad y dignidad, promoviendo sus intereses en la adaptación climática a nivel mundial, pero en caso de cumplirse los peores pronósticos, Australia puede proponer el hogar para los refugiados climáticos de Tuvalu. Es el primer acuerdo específico sobre movilidad a causa del cambio climático, garantizando vías legales de refugio.
De la vulnerabilidad a la agencia
Observando esta proactividad, la conferencia climática mundial de Naciones Unidas (COP31), que se celebrará en noviembre de 2026 en Antalya (Turquía), busca dar un papel de liderazgo a las islas del Pacífico. El objetivo es que las naciones más vulnerables pasen de ser meras observadoras a protagonistas indiscutibles en el establecimiento de la nueva agenda climática internacional.
Conclusión
La situación extrema en la que se encuentran hoy las islas del Pacífico es el resultado directo de un modelo de desarrollo global fundamentado en las emisiones descontrolados de las grandes potencias industriales. La posición de máxima vulnerabilidad de esta región es una consecuencia directa de la acción humana externa.
A largo plazo, su supervivencia no solo depende de la resiliencia interna, sino de las medidas vinculantes y la financiación que la comunidad internacional esté dispuesta a asumir de forma inmediata. Salvar al Pacífico representa la prueba definitiva para la justicia climática global.







