Inspirada en las antiguas rutas comerciales de la seda, China inició en 2013 la llamada Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), que en un primer momento buscaba conectar la infraestructura física de Eurasia. A día de hoy, 22 países de América Latina y el Caribe (ALC) se han adscrito a la Iniciativa, lo que ha supuesto un aumento del comercio bilateral con China, de los flujos de inversión directa chinos, y del desarrollo de proyectos relacionados con la infraestructura y la energía.
La cooperación entre China y ALC
Durante el Foro China-CELAC de 2015 en Pekín, el presidente Xi Jinping propuso la iniciativa de establecer un marco nuevo de cooperación entre China y los países de América Latina y el Caribe llamado “1+3+6”. El 1 se refiere al Plan de Cooperación entre China y ALC, el 3 son los tres motores: el comercio, la inversión y la cooperación financiera, y el 6 los seis terrenos: recursos energéticos, infraestructura, agricultura, manufactura, innovación tecnológica y tecnología informática.
En 2017, Pekín denominó a América Latina y el Caribe como una “extensión natural de la Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI”. En noviembre del mismo año, Panamá se convirtió en el primer país latinoamericano en participar oficialmente en la Iniciativa. En los dos años siguientes, dieciocho de los veintitrés estados de la región siguieron el ejemplo.
Desde entonces, se han aprobado más de 200 proyectos en países latinoamericanos, predominantemente centrados en mejorar la conectividad. Ello incluye inversiones en sistemas de transporte público, carreteras, puertos, autopistas y redes de transporte de electricidad. Más allá de la infraestructura física, la Iniciativa también ha promovido alianzas en ciencia y tecnología.
Cabe destacar que los acuerdos firmados bajo el marco de Iniciativa no son vinculantes, por lo que no suponen obligaciones legales para ninguna de las partes. En su lugar, sirven para determinar los mecanismos de cooperación y facilitar la implementación de los proyectos.
Comercio
Según el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina, (CONICET), la creciente influencia de China en la región y la adhesión de numerosos países latinoamericanos a la Iniciativa les ha permitido aumentar significativamente sus exportaciones. El comercio bilateral entre China y ALC alcanzó un récord de 565.000 millones de dólares en 2025, un aumento interanual del 6,5%, consolidando a China como el segundo socio comercial más importante de la región y el principal socio comercial de países como Chile, Brasil y Perú.
Sin embargo, este intercambio comercial está altamente concentrado, tanto en términos geográficos como en el tipo de bienes. Entre 2015 y 2019, casi el 70% de las exportaciones latinoamericanas a China fueron de soja, crudo, cobre y hierro. El 90% de éstas vinieron de 4 países: Brasil, Chile, Perú y Venezuela. Las exportaciones de China, por el contrario, fueron principalmente de bienes de consumo, con especial énfasis en productos tecnológicos. Esto fue, en parte, gracias a la creciente presencia de empresas chinas en el sector de las tecnologías de la información y la comunicación y a la influencia de la “Iniciativa de la Franja y la Ruta Digital”.
Inversión y financiación
Según datos de UNCAD, la inversión extranjera directa de China en América Latina y el Caribe alcanzó los 55.624 millones de dólares entre 2020 y 2024. A pesar de ser una cifra menor a la del periodo 2015-2019, la región sigue siendo el segundo mayor destino de la inversión directa china en el extranjero, y China es la tercera mayor fuente de inversión de América Latina.
Hasta abril de 2025, el Banco de Desarrollo de China proporcionó apoyo financiero a más de 260 proyectos de América Latina. Chile, además, se convirtió en el primer centro de compensación en yuanes de Sudamérica y en el primer país de la región en participar en el programa piloto de Inversionistas Institucionales Extranjeros Calificados en Yuanes –un grupo de entidades financieras extranjeras autorizadas por China para invertir sus fondos en yuanes directamente en el mercado de capitales onshore del país–.
A diferencia de la ayuda oficial para el desarrollo (AOD) proporcionada por las instituciones tradicionales –como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional–, la financiación otorgada en el marco de la Iniciativa se caracteriza por una falta de condicionalidad y un respeto a la soberanía de los países en desarrollo. Esto hace posible que los países en cuestión diseñen sus propias estrategias nacionales sin interferencias externas, permitiéndoles hacer frente a sus necesidades y fomentando el desarrollo sostenible.
La importancia de las materias primas
Entre los años 2000 y 2018, China invirtió más de 73.000 millones de dólares en el sector de las materias primas de América Latina, incluyendo la construcción de refinerías y plantas de procesamiento en países abundantes en carbón, cobre, gas natural, petróleo y uranio. Recientemente, China ha centrado sus inversiones en la producción de litio en el llamado Triángulo del Litio, que incluye Argentina, Bolivia y Chile, y que juntos contienen aproximadamente la mitad de los yacimientos del mundo de este mineral, clave para la fabricación de vehículos eléctricos y baterías.
La relación económica entre China y ALC se concentra cada vez más en las materias primas relacionadas con la transición energética. Según el Boletín Económico China-América Latina y el Caribe, en los últimos cinco años se ha duplicado la inversión china en minerales de transición –los minerales más necesarios para apoyar la transición energética, como el aluminio, el cobre o el hierro–. Por el contrario, la inversión de China en combustibles fósiles en ALC alcanzó su punto álgido a principios de la década de 2010 y desde entonces ha pasado a ser secundaria.
Infraestructura
La integración de América Latina y el Caribe en la IFR ha supuesto un gran cambio en la conectividad de la región y ha ayudado a superar el déficit histórico en infraestructura física. Actualmente, la región latinoamericana es el tercer mercado más grande del mundo para las empresas de infraestructura chinas.
Un ejemplo es el proyecto del puerto de Chancay en Perú, considerado el mayor puerto inteligente y ecológico de Sudamérica, que establece un corredor logístico entre Latinoamérica y Asia con capacidad para 18.000 contenedores y capaz de reducir los tiempos de envío de mercancías de 45 a 23 días. Otro proyecto emblemático es la modernización del Ferrocarril Belgrano Cargas en Argentina, que ha incrementado el volumen anual de carga de 760.000 a 8,4 millones de toneladas desde su lanzamiento en 2019, reduciendo los costes logísticos en un 30% y revitalizando las exportaciones de granos de las regiones productoras.
El gráfico muestra todos los proyectos de infraestructura, tanto completados como en construcción o en fase de planificación, en los cuales participa China.

Fuente: Repositorio Regional sobre la Inversión China en América Latina
Sostenibilidad
La Iniciativa también se ha enfrentado a críticas por cuestiones ambientales y de sostenibilidad. Sin embargo, en los últimos años se han impulsado varias iniciativas y esfuerzos para crear una Franja y una Ruta más ecológicas. En 2018, por ejemplo, el Comité de Finanzas Verdes de la Sociedad China de Finanzas y Banca y la Iniciativa de Finanzas Verdes de la City de Londres publicaron los Principios de Inversión Verde para la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
Los principios instaban a prestamistas, inversores y planificadores a garantizar que los proyectos de la Iniciativa cumplieran los requisitos de sostenibilidad. Además, se pedían la evaluación y divulgación de estrategias de mitigación del riesgo climático, la creación de objetivos de inversión verde y compromisos para eliminar gradualmente las inversiones intensivas en carbono.
Asimismo, se ha promovido la implementación de una iniciativa denominada “Ruta de la Seda Verde”. En 2024, el 52,73% de los proyectos chinos en infraestructura energética de América Latina y el Caribe correspondieron a energías renovables, principalmente solar y eólica.
De entre los proyectos más importantes de la Ruta de la Seda Verde se encuentra la Central Hidroeléctrica Belo Monte en Brasil que, con una capacidad de 11.233 MW, abastece actualmente a 60 millones de hogares al año y cubre el 10% de las necesidades eléctricas del país. Otro ejemplo es el Parque Eólico Punta Sierra en Chile, financiado por empresas energéticas chinas, que proporciona electricidad limpia a 130.000 hogares y ha reducido las emisiones de carbono en 157.000 toneladas al año. Por último, cabe destacar el Parque Solar Caucharí en Argentina, el mayor parque solar de América Latina, que cuenta con 1,2 millones de paneles solares y una potencia de 315 MW.
Conclusión
Tras más de una década desde su implementación, la Iniciativa de la Franja y la Ruta ha demostrado un gran potencial para redefinir el modelo de desarrollo en América Latina y el Caribe. A parte de aumentar significativamente el comercio bilateral con China, la región ha logrado captar inversiones que priorizan la transición hacia energías limpias y la industrialización de minerales críticos.
A diferencia de los modelos de AOD convencionales, la Iniciativa ha permitido que estos países modernicen su infraestructura —desde puertos inteligentes hasta redes eléctricas— sin imposiciones políticas. Esta flexibilidad ha sido clave para que los gobiernos locales diseñen proyectos que realmente responden a sus carencias logísticas y energéticas.







