25/02/2026 | Actualidad > AsiaView
En las últimas décadas, China ha pasado de tener una presencia anecdótica en América Latina a convertirse en el primer socio comercial y uno de los principales inversores de la región. El capital chino hoy controla una gran parte de sectores críticos como la energía, la infraestructura y la minería.

El inicio de la relación comercial

El ascenso económico de la República Popular China llevó consigo un aumento exponencial de la demanda de materias primas, energía y bienes intermedios para sostener el acelerado crecimiento industrial del país, y eso es precisamente lo que ofrecía la región latinoamericana. Con exportaciones masivas de productos como soja, petróleo, cobre y hierro, China se convirtió en 2010 en su segundo socio comercial, desplazando a la Unión Europea. Los países latinoamericanos, por su parte, empezaron a importar todo tipo de productos manufacturados, desde maquinaria industrial hasta bienes de consumo, convirtiéndose en un importante mercado para las empresas chinas.

El petróleo es uno de los productos más demandados por los chinos, lo que explica, en buena medida, su interés por los países productores de hidrocarburos, como Venezuela, Brasil, Colombia y Ecuador. Ello ha llevado a gigantes como Sinopec — empresa estatal china y uno de los mayores conglomerados de energía y petroquímica del mundo — a desarrollar alianzas estratégicas bilaterales con algunos de estos países. Los alimentos son otros de los productos más solicitados. Esto está relacionado con la enorme población a la que tienen que alimentar y la insuficiente producción agrícola nacional.

Financiación

Desde 2005, los principales bancos estatales chinos – China Development Bank y China Export-Import Bank – han concedido miles de millones de dólares en préstamos a países latinoamericanos, superando al Banco Mundial, el Banco de Desarrollo Interamericano o el Banco de Desarrollo de América Latina. El 93% de los préstamos se ha destinado a 4 países: Argentina, Brasil, Perú y Venezuela. La mayoría del dinero ha sido invertido en proyectos relacionados con la energía (69%) y las infraestructuras (19%), favoreciendo el desarrollo de sectores de los cuales China se beneficia enormemente.

La iniciativa de la franja y la ruta

Actualmente, 21 países de América Latina se han adherido a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. El objetivo de ésta es integrar infraestructuras de transporte, energía y comunicaciones, facilitar el comercio y flujos financieros y establecer marcos de cooperación bilateral.

Con el 22% de las reservas de petróleo mundial, el 66% de las reservas de litio, el 47% de las de cobre y el 45% de las de plata, entre otras, la región latinoamericana era un objetivo clave.

Intercambio cultural

Más allá de los lazos económicos, el gobierno chino ha realizado importantes esfuerzos para fortalecer las relaciones culturales. Uno de los instrumentos más visibles son los más de 40 Institutos Confucio en la región – centros financiados por universidades públicas chinas destinados a promover el idioma y la cultura del país.

Además, los principales canales de comunicación estatales – Xinhua y CGTN – han establecido acuerdos con medios nacionales y ampliado su oferta de contenido en español y portugués. Con ello se pretende atraer a espectadores latinoamericanos y difundir una narrativa que mejore su percepción del país.

Ecuador

A día de hoy, la influencia directa del gigante asiático sobre la economía ecuatoriana equivale a entre el 9% y el 10% del PIB, y las empresas estatales chinas ya controlan el 90% de las exportaciones de petróleo del país. China no es solo el segundo socio comercial de Ecuador – por detrás de Estados Unidos – sino su principal fuente de inversión extranjera directa, su primer comprador de productos no petroleros y uno de los actores dominantes en sectores estratégicos como el petróleo, la minería y la industria automotriz.

En 2022, ambos países firmaron un acuerdo de libre mercado con el objetivo de aumentar los intercambios comerciales en 3-4 mil millones de dólares en una década.

Argentina

También en Argentina, Beijing sigue a Washington como el principal socio comercial, y diversas empresas estatales tienen participación directa en proyectos relacionados con la explotación de yacimientos de litio, oro, plata y cobre. La presencia china en el territorio argentino incluye, además, la única estación espacial que Beijing tiene fuera de su país. La inversión más importante es la de las centrales hidroeléctricas en Santa Cruz, un megaproyecto de 4.700 millones de dólares que promete transformar la matriz energética del país. Es importante destacar, sin embargo, que la mayoría de los proyectos participados por China se encuentran paralizados.

Brasil

Brasil, pese a no participar en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, es el principal destino del capital chino entre las economías emergentes. Tan solo en 2024, el país recibió una inversión de 4.180 millones de dólares, un 113% más que el año anterior.

El sector energético es el que atrae una mayor financiación, concretamente un 34% del total. La empresa estatal State Grid Corporation of China posee actualmente algunas de las mayores concesiones eléctricas brasileñas, lo que le permite controlar gran parte de la red eléctrica nacional. Destaca también la fuerte inversión china en la central hidroeléctrica Belo Monte – una de las más grandes del mundo –, en la explotación de yacimientos de petróleo y en el Puerto de Santos – el mayor de América Latina.

Venezuela

China ha sido el mayor financiador externo de Venezuela desde la primera década de este siglo, con compromisos que superan los 60-100 mil millones de dólares en préstamos e inversiones. El eje central de esta relación es el petróleo. Con una economía extremadamente débil, se acordó que el gobierno venezolano repagaría la deuda con barriles y derechos de producción de este recurso. Así, China se aseguró el acceso a la mayor reserva de petróleo del mundo, y Venezuela consiguió la financiación que ningún otro país estaba dispuesto a proporcionarle.

Debido a una caída de la producción petrolera, el país latinoamericano ha sido incapaz de cumplir con su compromiso, lo que ha llevado a China a adoptar una estrategia mucho más prudente. Desde la detención de Nicolás Maduro, esta situación se ha visto agravada: el desvío de las exportaciones de petróleo venezolanas hacia Estados Unidos reduce el volumen de crudo destinado a China, y la inestabilidad política dificulta las operaciones de las empresas chinas. Por ello, la rentabilidad esperada a corto plazo de las inversiones energéticas ha disminuido notablemente.

Perú

En Perú, la inversión se ha focalizado en el sector del transporte, en concreto, del transporte marítimo. De todos los proyectos, destaca el puerto de Chancay, el primer puerto inteligente y automatizado de Sudamérica con el que se pretende hacer de Perú el principal hub logístico del Pacífico Sur. Vinculado a este puerto está el Parque Industrial de Ancón — también mayormente financiado con capital chino —, concebido como una “ciudad productiva” que dinamizará las exportaciones, el movimiento de carga y la actividad productiva del país.

China también es el principal socio comercial de Perú, y ambos países mantienen un acuerdo de libre comercio desde 2010. Esta relación se ha intensificado con la construcción del puerto de Chancay, ya que permite reducir los costes logísticos y el tiempo de transporte.

Colombia

Beijing se ha consolidado como el contratista de obra pública más relevante en Colombia, liderando proyectos que buscan transformar la movilidad urbana del país. El proyecto más importante es la primera línea de metro de Bogotá, que prevé su apertura en 2028. A éste se suman el Regiotram de Occidente – un tren ligero 100% eléctrico – y la Autopista Mar 2, megaproyectos que buscan mejorar la conectividad entre las grandes ciudades y el resto de municipios.

Chile

La inversión en Chile busca controlar toda la cadena de producción de energía, desde la generación hasta la distribución. En 2020, la firma china State Grid adquirió casi la totalidad de la propiedad de la distribuidora CGE — la mayor por número de clientes —, tomando el control de más del 50% de la distribución eléctrica del país y convirtiéndose en el principal actor del mercado eléctrico chileno.

La producción de litio también ha acaparado un gran volumen de inversiones, ya que su suministro es considerado prioritario por China. Un ejemplo es el de la empresa estatal Tianqi Lithium, que se hizo con el control del 24% de una de las principales productoras de litio del mundo.

México

Con flujos superiores a los 100 mil millones de dólares en 2024, México es, con diferencia, el principal destino de las exportaciones chinas en la región. Además, un 49% de las empresas con proyectos industriales son de origen chino. El país es el destino favorito en cuanto a inversiones en nearshoring debido a su proximidad con Estados Unidos. Su ubicación estratégica, situada junto a una extensa red de tratados de libre comercio, lo convierte en la ubicación ideal para reducir los costes.

Conclusión

Bajo un modelo de exportación masiva de materias primas e importación de bienes manufacturados – en especial tecnología de alto valor agregado y maquinaria industrial – China se ha consolidado como uno de los principales socios comerciales de los países latinoamericanos.

Esta presencia se apoya en una inversión que ha trascendido el ámbito comercial para concentrarse en sectores críticos para el desarrollo regional: la infraestructura, mediante la construcción de puertos y redes de transporte; la energía, a través del control de la distribución eléctrica y proyectos renovables; y la minería de minerales estratégicos como el litio y el cobre.