29/10/2025 | Actualidad > AsiaView
Los pasados 3 y 4 de abril de 2025 se celebró en Samarcanda (Uzbekistán) la primera Cumbre entre la Unión Europea (UE) y los países de Asia Central. Este encuentro marcó el inicio de una nueva etapa en las relaciones euroasiáticas, con la participación de altos representantes de la UE junto con los líderes de las repúblicas centroasiáticas. El objetivo principal de la cumbre fue reforzar la cooperación política, económica y medioambiental, además de consolidar una asociación estratégica basada en la seguridad, la energía, la conectividad y la sostenibilidad.

El encuentro sirvió como la primera plataforma institucional de alto nivel para definir un marco de cooperación más sólido. La reunión culminó con una declaración conjunta que elevó oficialmente su relación al rango de asociación estratégica. La declaración no solo simboliza 30 años de lazos bilaterales y foros sectoriales, sino que también envía un mensaje geopolítico: Europa busca diversificar alianzas y reducir dependencias estratégicas, mientras que Asia Central aspira a abrirse económicamente, ganar independencia y reforzar su estabilidad regional, en un escenario marcado por la guerra en Ucrania, la rivalidad global con China y los retos del cambio climático.

Marco estratégico y contexto internacional

Esta primera cumbre se enmarca en un momento de profunda reconfiguración del orden internacional. Las tensiones derivadas de la invasión rusa de Ucrania, la competencia estratégica entre potencias como China y Rusia, y la aceleración de la transición energética y de materias primas críticas han llevado a Bruselas a redefinir sus alianzas. En este contexto, Asia Central emerge como un socio clave para la diversificación de suministros energéticos y de materias primas críticas, la conectividad euroasiática y la cooperación en materia de sostenibilidad.

En consecuencia, la cumbre representa un punto de convergencia entre las dos regiones. Para la UE, supone avanzar hacia una política exterior más proactiva; para los países centroasiáticos, una oportunidad de diversificar sus vínculos exteriores y reducir su dependencia tradicional de Moscú o Pekín. La iniciativa refleja, además, el compromiso europeo con una conectividad global basada en estándares internacionales, transparencia, sostenibilidad y desarrollo compartido, en línea con el marco de inversiones de la estrategia Global Gateway, que impulsa la financiación de infraestructuras seguras, verdes y digitales en regiones asociadas.

Asia Central: una región clave entre potencias

Asia Central es una región de creciente importancia geopolítica. Está compuesta por cinco países situados entre Europa y Asia Oriental —Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán— que comparten una historia postsoviética, una diversidad cultural notable y una gran riqueza en recursos naturales. En conjunto, la región reúne a más de 80 millones de habitantes y ocupa una extensa área de alto valor estratégico, rodeada por potencias como Rusia, China, Irán y Afganistán, convirtiendo su ubicación en un punto clave dentro de los principales flujos energéticos, comerciales y de seguridad.

Durante gran parte del siglo XX, estos países formaron parte de la Unión Soviética, actuando como repúblicas satélite de Moscú. Su papel era principalmente económico y estratégico: producían materias primas, energía y alimentos, además de servir como una zona de amortiguamiento frente al sur de Asia y Oriente Medio. Tras la disolución de la URSS en 1991, las nuevas repúblicas enfrentaron el enorme desafío de construir estados soberanos prácticamente desde cero, manteniendo a la vez una fuerte dependencia económica y cultural de Rusia. Moscú ha seguido considerando a Asia Central como parte de su esfera de influencia natural, tanto por lazos históricos como por intereses de seguridad y control energético.

Países de Asia Central:

Kazajistán es el país más extenso y económicamente más desarrollado, con abundantes recursos y reservas naturales; entre sus principales exportaciones están el petróleo, el gas y el uranio. Uzbekistán cuenta con la población más joven y dinámica, y se posiciona como referente regional en la implementación de reformas económicas orientadas a atraer inversión extranjera. Turkmenistán posee enormes reservas de gas natural y petróleo —junto con otros recursos estratégicos—, aunque mantiene un sistema político más cerrado. Tayikistán y Kirguistán, por su parte, destacan más por su potencial hidroeléctrico y sus recursos hídricos, esenciales para el desarrollo ambiental y energético de la región. Ambos países dependen en mayor medida de la ayuda internacional y buscan modernizar infraestructuras para impulsar sus economías.

La región ocupa una posición geoestratégica destacada, actuando como puente —o de ‘patio trasero’— entre Rusia, China, Irán y Europa. Tradicionalmente, Asia Central ha mantenido fuertes vínculos con Moscú; sin embargo, con la creciente influencia de Pekín a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (nueva ruta de la Seda) y el interés de la UE, estos países han buscado diversificar sus alianzas. Esa política exterior de “múltiples vectores” pretende equilibrar las relaciones con las distintas potencias sin comprometer su soberanía. Su ubicación convierte a la región en un nodo clave para proyectos de conectividad como el Corredor Medio (Middle Corridor), que conecta China con Europa evitando las rutas tradicionales que atraviesan Rusia.

No obstante, la región enfrenta desafíos persistentes: desigualdad social, dependencia de las exportaciones de materias primas, tensiones fronterizas y una creciente vulnerabilidad ante los efectos del cambio climático. Estos factores explican por qué los gobiernos centroasiáticos buscan nuevos socios internacionales —entre ellos la UE— que ofrezcan cooperación tecnológica, institucional y económica sin imponer condiciones geopolíticas dominantes.

Los intereses de la Unión Europea en Asia Central

El interés de la UEuropea en Asia Central se ha intensificado en los últimos años, especialmente tras la invasión rusa de Ucrania.

Diversificación de recursos y energía

La diversificación energética y de materias primas constituye uno de los ejes centrales de la agenda europea. Tras la invasión rusa, la UE ha buscado reducir su dependencia del gas ruso y ampliar sus fuentes de suministro. En este contexto, países como Kazajistán y Turkmenistán —ricos en hidrocarburos y en otros recursos estratégicos, incluidas algunas tierras raras—, ofrecen alternativas clave en petróleo, gas y minerales esenciales para la transición energética y la industria tecnológica. A su vez, Uzbekistán y Tayikistán pueden desempeñar un papel relevante en el desarrollo de energías renovables y en la cooperación técnica para la transición hacia una economía verde.

Asia Central es también clave para el acceso a materias primas críticas que la UE necesita para sectores como la automoción eléctrica y las tecnologías limpias. Por ello, la UE busca consolidar alianzas que impulsen una gestión sostenible de los recursos naturales, el desarrollo de energías limpias y la adaptación al cambio climático, contribuyendo a los objetivos del Pacto Verde Europeo (European Green Deal).

Conectividad y rutas estratégicas

Otro eje prioritario es la conectividad. La UE impulsa el Corredor Trans-Cáspio (o Corredor Medio), una ruta comercial que conecta China y Europa atravesando Kazajistán, el mar Caspio, Azerbaiyán y Turquía. Este proyecto es apoyado por la iniciativa Global Gateway y su objetivo es reforzar la resiliencia de las cadenas de suministro europeas y crear corredores logísticos más seguros, sostenibles e independientes del tránsito tradicional por Rusia.

Seguridad, gobernanza y valores

Bruselas busca fortalecer la estabilidad política y la seguridad regional, promoviendo reformas democráticas, el Estado de derecho y transparencia. Europa colabora con los países centroasiáticos para prevenir la evasión de sanciones a Rusia y abordar desafíos comunes como la ciberseguridad, el control fronterizo o la lucha contra la radicalización, especialmente dada la cercanía con Afganistán. En este sentido, la UE ofrece una alternativa frente a las influencias rusa y china, basada en cooperación, valores democráticos y desarrollo sostenible.

Transición verde y adaptación climática

Finalmente, el cambio climático constituye otro pilar de la cooperación. El Pacto Verde Europeo y la EU–Central Asia 2025 incluyen proyectos conjuntos centrados en la gestión del agua, la lucha contra la desertificación, la eficiencia energética y el uso sostenible de los recursos naturales. Estos programas reflejan el compromiso de la UE de acompañar a los países centroasiáticos en una transición verde, inclusiva y resiliente.

Qué busca Asia Central en su relación con Europa

Desde la perspectiva de los países de Asia Central, la UE se considera un socio económico y tecnológico clave para el desarrollo y la modernización de la región.

Equilibrar su posición geopolítica

Bruselas representa una oportunidad para equilibrar su balanza geopolítica, reducir la dependencia y avanzar hacia un modelo de crecimiento más sostenible y autónomo. El objetivo común de estas repúblicas es alcanzar una mayor independencia económica y modernización estructural, diversificando sus alianzas para poder adoptar una política exterior más equilibrada y sólida.

Atraer inversión y diversificar la economía

La inversión directa europea —que en los últimos años ha superado el 40 % del total de la inversión extranjera directa en la región— se ha convertido en un motor esencial para la diversificación económica, la mejora de infraestructuras y la creación de empleo. Para Asia Central, Europa no solo es una fuente de capital, sino también de tecnología, conocimiento, financiación y acceso a mercados, en muchos casos sin las condiciones políticas restrictivas que suelen asociarse a otras cooperaciones internacionales.

Impulsar la modernización tecnológica y verde

La cooperación tecnológica constituye otro eje fundamental de la relación. Abarca desde la digitalización de servicios públicos y la modernización agrícola, hasta el desarrollo de energías limpias. En este ámbito, la UE actúa como catalizadora de innovación y buenas prácticas, aportando experiencia en gobernanza, estándares medioambientales y desarrollo sostenible.

Reforzar la cooperación bilateral y regional

En los últimos años, países como Kazajistán y Uzbekistán han firmado acuerdos de cooperación reforzada con la UE, centrados en comercio, digitalización y energías renovables. Turkmenistán, por su parte, explora vías para exportar gas hacia Europa a través del mar Caspio. Mientras tanto, Kirguistán y Tayikistán, economías más frágiles y dependientes de remesas, se benefician de la asistencia europea en ámbitos como educación, desarrollo rural y gestión del agua.

Fortalecer la gobernanza y la proyección internacional

Más allá del ámbito económico, los gobiernos centroasiáticos aspiran a reforzar su papel internacional y ampliar su acceso a los mercados globales, contrarrestando el proteccionismo y consolidándose como socios de pleno derecho en la escena internacional. La cooperación europea les brinda instrumentos para avanzar en modernización institucional, buena gobernanza y atracción de capital. La ayuda técnica de la UE en transporte, infraestructuras y estándares internacionales contribuye a integrar la región en las cadenas globales de valor y fortalecer su resiliencia económica. Además, la apertura hacia Europa responde a un deseo de mejorar la imagen internacional, fomentar el turismo y promover intercambios educativos y culturales.

En conjunto, la UE ofrece a estos países una vía para equilibrar su posición entre Moscú, Pekín y Bruselas, reforzando su autonomía y consolidando su papel como actores estratégicos en Eurasia.

España y Asia Central: lazos crecientes y oportunidades

En el marco de esta nueva asociación, España está adoptando un papel cada vez más activo. Aunque históricamente estas relaciones han sido más modestas en comparación con otros socios europeos, en los últimos años se ha producido un notable impulso diplomático y comercial. El Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación ha reiterado en varias ocasiones su apoyo a la estrategia europea hacia Asia Central, subrayando el potencial que ofrece la región en sectores como energía, infraestructuras y tecnología.

Las relaciones bilaterales entre España y los países centroasiáticos —especialmente Kazajistán, Uzbekistán y Kirguistán— muestran un crecimiento sostenido en los ámbitos económico, energético, cultural y educativo. Aunque el volumen de intercambio sigue siendo limitado en comparación con otros socios, existe un amplio margen para la expansión de vínculos bilaterales en sectores estratégicos. En el ámbito energético, España considera Kazajistán un proveedor estratégico clave de uranio, dado que el país es uno de los principales productores mundiales. Además, empresas españolas muestran interés en explorar oportunidades en energía solar y eólica, así como en proyectos de infraestructuras verdes en Asia Central.

El sector de infraestructuras y transporte ferroviario también ofrece oportunidades de colaboración. España busca reforzar la presencia de sus empresas en el marco del Global Gateway, participando en proyectos internacionales de infraestructuras financiados por la UE. Además, la apuesta europea por el Corredor Medio genera nuevas perspectivas para empresas españolas de logística y servicios, que podrían desempeñar un papel relevante en el desarrollo de esta ruta euroasiática.

En el plano institucional, España y Kazajistán firmaron en 2009 un Acuerdo de Asociación Estratégica (Strategic Partnership) que marca el marco de su cooperación política y económica. Con Uzbekistán y Kirguistán existen también convenios en materia de cultura, educación y turismo. En el ámbito académico y cultural, institutos y universidades españolas colaboran con instituciones centroasiáticas mediante programas como Erasmus+ y proyectos conjuntos de investigación. Esta cooperación se extiende al ámbito de la formación profesional, el turismo sostenible y la preservación del patrimonio cultural, donde España aporta una experiencia consolidada.

En conjunto, la apertura progresiva de países como Kazajistán y Uzbekistán ofrece un terreno fértil para profundizar las relaciones bilaterales. Para España, la región representa no sólo un mercado emergente de alto potencial, sino también una oportunidad para diversificar sus fuentes de materias primas y equilibrar su balanza comercial. De esta forma, España se presenta como un socio comprometido con el desarrollo sostenible, la cooperación técnica y el fortalecimiento de alianzas empresariales y culturales, consolidando una presencia multifacética y a largo plazo.

Retos y perspectivas futuras

Pese al optimismo generado, la relación entre la UE y Asia Central aún enfrenta importantes desafíos estructurales que podrían poner a prueba la solidez de su nueva asociación.

Gobernanza y derechos fundamentales

La gobernanza, los derechos humanos y la transparencia siguen siendo áreas sensibles en varios países centroasiáticos, donde persisten restricciones a la libertad de prensa, la participación política y la independencia judicial. Estas limitaciones pueden obstaculizar el desarrollo pleno de la cooperación con la UE. Bruselas deberá equilibrar sus intereses estratégicos con la promoción de sus valores fundamentales, fomentando un diálogo que incentive avances graduales en materia de Estado de derecho y derechos humanos.

Competencia geopolítica

Las tensiones geopolíticas también suponen un desafío persistente. La región se encuentra en un espacio donde confluyen los intereses de Rusia, China, Turquía, Irán y, más recientemente, la creciente presencia europea. Esta competencia multipolar puede dificultar la consolidación de una asociación estable y equilibrada si no se gestiona con pragmatismo. La UE deberá actuar con diplomacia, coherencia y visión a largo plazo, manteniendo un equilibrio entre sus aspiraciones políticas y su voluntad de cooperación económica.

Cambio climático y sostenibilidad

A ello se suman los efectos del cambio climático —en particular la escasez de agua y la desertificación—, que amenazan la estabilidad económica y social de la región. La UE ha reiterado su disposición a acompañar a los países centroasiáticos en la transición hacia un desarrollo sostenible, basada en el diálogo constructivo y el respeto mutuo. La cooperación medioambiental y las inversiones verdes serán determinantes para mitigar estos riesgos.

Perspectivas de futuro

Pese a las dificultades, las perspectivas de crecimiento conjunto son prometedoras. La inversión en conectividad bajo la iniciativa Global Gateway, el acceso a materias primas críticas y el apoyo a la modernización tecnológica dibujan un camino hacia una relación más profunda y equilibrada que podría redefinir la dinámica euroasiática. Si ambas partes logran equilibrar intereses estratégicos y valores democráticos, podrán construir una asociación duradera basada en la modernización compartida, la conectividad y el desarrollo sostenible.

Conclusión: un nuevo puente euroasiático

La Cumbre de Samarcanda, más que un punto de llegada, marca el inicio de un nuevo ciclo de cooperación estratégica. Al elevar su relación estratégica, Europa y Asia Central no solo buscan beneficios mutuos en comercio, energía y seguridad, sino que también reafirman su compromiso con un orden internacional basado en la soberanía, la integridad territorial y el multilateralismo.

Para Bruselas, esta alianza representa una oportunidad de fortalecer su autonomía estratégica y diversificar sus rutas energéticas y comerciales. Para los países centroasiáticos, supone un impulso hacia un desarrollo más diversificado, una modernización económica sostenida y una inserción más equilibrada en el sistema internacional. En este contexto, España puede desempeñar un papel de enlace clave, reforzando la dimensión mediterránea del proyecto europeo y contribuyendo a la consolidación de este nuevo puente entre Europa y Asia.

En un mundo cada vez más interdependiente y fragmentado, el entendimiento entre ambas regiones no solo responde a una lógica económica, sino también a una visión estratégica y medioambiental compartida. La cooperación euroasiática se perfila así como una de las alianzas emergentes del nuevo orden global. El reto ahora será mantener el impulso, superar los riesgos geopolíticos y de gobernanza, y transformar este puente euroasiático en un eje duradero.