14/10/2025 | Actualidad > AsiaView
Tras casi una década de diálogo y conversaciones, el pasado 23 de septiembre, la República de Indonesia y la Unión Europea concluyeron las negociaciones para establecer uno de los acuerdos comerciales más ambiciosos de su relación bilateral: el Acuerdo de Asociación Económica Global (CEPA, por sus siglas en inglés).

Este tratado de libre comercio es una de las iniciativas más complejas y prometedoras en su relación bilateral, dado que no solo busca reducir los aranceles y liberalizar el comercio de bienes y servicios, sino también reforzar la cooperación en distintas áreas —desde la gobernanza hasta la sostenibilidad—. Con ello, Bruselas y Yakarta demuestran su objetivo de consolidar una asociación estratégica más sólida y proyectar una visión compartida ante un contexto marcado por el crecimiento del proteccionismo económico.

Antecedentes y motivaciones

Actualmente, la Unión Europea es el quinto socio comercial de Indonesia y, a su vez, Indonesia ocupa la misma posición para la UE dentro de la región de la ASEAN. En la última década, estos vínculos se han ido consolidando, impulsados por el dinamismo económico indonesio y el interés europeo en diversificar sus alianzas en Asia. Indonesia es la primera economía del Sudeste Asiático gracias a su población, sus recursos y su creciente proyección regional. Con la firma del CEPA, el país se podría convertir en un socio clave para Europa en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas y comerciales.

Las negociaciones del acuerdo comenzaron formalmente en 2016 —tras varios meses de consultas técnicas—, y acabaron en 2024, después de diecinueve rondas de negociaciones. El proceso fue impulsado por la necesidad de formalizar y ampliar sus relaciones económicas, con el fin de establecer un marco más seguro y predecible para su comercio, capaz de estimular su crecimiento e inversión a largo plazo.

Inicialmente, el proceso de negociación fue lento y sufrió alguna que otra ralentización debido a diferencias en torno a ámbitos sensibles como la deforestación y productos como el aceite de palma. La deforestación ocupa un asunto prioritario para la agenda verde europea, mientras que la producción de aceite de palma en Indonesia ha sido objeto de una fuerte oleada de críticas por su impacto ambiental. Sin embargo, el auge del proteccionismo estadounidense bajo la presidencia de Donald Trump y su imposición política arancelaria del 19 % a las importaciones indonesias llevó a ambos a acelerar su interés en diversificar sus socios comerciales y garantizar rutas de exportación más estables y fuertes. Autoridades indonesias han reconocido que esta “guerra arancelaria y el proteccionismo” las empujaron a buscar la estabilidad en un acuerdo bilateral con Europa.

En este sentido, la presión externa de EE.UU. actuó como un catalizador indirecto, convirtiendo el CEPA en una herramienta para mitigar riesgos y reforzar lazos económicos estables frente a la volatilidad internacional.

Para la Unión Europea, la motivación para la creación de un acuerdo era clara: diversificar sus socios comerciales y cadenas de suministro, reducir su dependencia de grandes potencias tradicionales como China o Estados Unidos y reforzar su presencia en el Indo-Pacífico, garantizando así el acceso a un mercado emergente de más de 270 millones de habitantes. Esto les permitiría acceso a recursos críticos como minerales, productos agrícolas y tropicales, además de fomentar un comercio más ‘responsable’, a través de la promoción de estándares más elevados.

Para Indonesia, el acuerdo le ofrece la posibilidad de atraer inversión extranjera directa de calidad, aumentar sus exportaciones, modernizar su marco regulatorio y obtener mejores condiciones de acceso al mercado europeo de más de 450 millones de consumidores, especialmente en sectores como el aceite de palma, los textiles o el calzado.

Marco de acuerdos: comercio, política y sostenibilidad

El CEPA constituye el núcleo del pacto, sin embargo el acuerdo no se limita solo al ámbito comercial, sino que se articula en varios pilares complementarios: el Acuerdo de Protección de Inversiones (IPA); el Acuerdo Marco de Asociación y Cooperación Global (PCA) de 2014; y un nuevo acuerdo político alcanzado en 2025, que ha permitido cerrar definitivamente las negociaciones entre ambos iniciadas en 2016.

En julio de 2025, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, subrayó que —aparte de un acuerdo económico—, la firma de un ‘acuerdo político’ con Indonesia era esencial para consolidar el proceso y sentar las bases de un pacto más amplio.

El CEPA (Comprehensive Economic Partnership Agreement)

El CEPA es un acuerdo comercial que busca eliminar hasta el 99 % de los aranceles y barreras no arancelarias sobre los bienes, servicios e inversiones —lo que equivale a prácticamente la totalidad de los intercambios bilaterales—. Con su entrada en vigor, se estima que los exportadores europeos se ahorrarán alrededor de 600 millones de euros anuales en aranceles en la mayoría de sus sectores clave —como la maquinaria, equipos eléctricos, productos químicos, farmacéuticos, agroalimentarios, entre otros—, haciendo que sus productos sean más accesibles para los consumidores indonesios. Sin embargo, algunos sectores estratégicos como la automoción tendrán una liberación gradual a lo largo de cinco años.

Por su parte, Indonesia obtendrá mejores condiciones de acceso al mercado europeo para sus principales exportaciones —como productos agrícolas, textiles y calzado—, estimando alcanzar un aumento del 60 % en sus ventas hacia la UE durante la fase inicial del acuerdo. No obstante, ciertos productos sensibles —como el arroz o el azúcar— han quedado excluidos o sujetos a cuotas especiales, reflejando los límites de la negociación. Asimismo, el país espera que el CEPA le abra oportunidades a proveedores europeos en sectores como servicios financieros, telecomunicaciones, transporte marítimo y energías renovables, dentro de un marco que refuerce la protección a la inversión extranjera.

El IPA (Investment Protection Agreement)

Junto al CEPA, le acompaña un Acuerdo de Protección de Inversiones (IPA). Este acuerdo ofrece seguridad jurídica y un marco estable para las inversiones, garantizando un trato justo y equitativo a los inversores, así como mecanismos de resolución de disputas entre Estados y empresas.

El PCA (Partnership and Cooperation Agreement)

Por otro lado, previo a estos acuerdos, en 2014 se firmó un Acuerdo Marco de Asociación y Cooperación Global (PCA). Este acuerdo no regula el comercio directamente, sino que proporciona una base política y jurídica sobre la que se han construido los tratados posteriores. El PCA establece un marco amplio de cooperación que abarca temas como la paz y la seguridad, la lucha contra el terrorismo, la migración, los derechos humanos, la protección de la propiedad intelectual y la cooperación medioambiental. Su objetivo es definir un comercio que garantice el respeto mutuo, la democracia, el estado de derecho y la sostenibilidad.

El acuerdo político de 2025

Desde 2016, las negociaciones del CEPA se ralentizaron debido a ciertos desacuerdos técnicos y diferencias en sectores sensibles. Sin embargo, el 13 de julio de 2025, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Prabowo Subianto, el presidente de Indonesia, alcanzaron un acuerdo político más ambicioso que les permitió desbloquear los puntos pendientes que arrastraban desde hace años. Esta declaración sembró el camino para la consolidación del CEPA y el IPA dos meses más tarde en Bali.

Sostenibilidad

A su vez, una de las prioridades de la Unión Europea ha sido incorporar la sostenibilidad en todos sus acuerdos y negociaciones. La UE ha insistido en que la liberalización comercial debe ir de la mano con un compromiso social y ambiental. De hecho, el CEPA incluye un capítulo de comercio y desarrollo sostenible que obliga a ambas partes a respetar el Acuerdo de París y a cooperar en áreas como la transición energética, los derechos laborales, la biodiversidad y a respetar las leyes ambientales.

Desde el inicio, la UE exige que toda su producción y exportación cumplan ciertos criterios de sostenibilidad, trazabilidad y lucha contra la deforestación para garantizar un comercio más justo y sostenible. Indonesia, por su parte, ha aceptado avanzar hacia estándares más exigentes y abrir un diálogo regulatorio con Bruselas, en parte para atraer inversión europea en energías limpias y movilidad eléctrica.

La propia Comisión Europea afirma que este pacto ‘va más allá del comercio’, dado que combina la liberación económica con compromisos sostenibles y unos valores sociales. Por ello se presenta como un instrumento mixto y multifacético, que busca la combinación entre lo económico con lo político y lo normativo.

España e Indonesia

Aunque el CEPA se negocia a nivel europeo, España e Indonesia desempeñan un papel activo en el fortalecimiento de sus relaciones económicas y diplomáticas.

El volumen comercial entre ambos países sigue siendo modesto en comparación con otros socios europeos, pero ha mostrado una tendencia creciente, impulsada por el interés español de ampliar su presencia en el Sudeste Asiático. En los últimos años, las exportaciones españolas han ido aumentando —especialmente en sectores como la maquinaria, la tecnología industrial, productos farmacéuticos, químicos, artículos de acero o hierro, perfumería y cosméticos—, alcanzando en 2019 un máximo de casi 500 millones de euros. Por su parte, Indonesia ha incrementado sus ventas a España en sectores como el textil, el calzado y productos agrícolas y derivados como el aceite de palma. Aunque el volumen total de las exportaciones indonesias no es elevado en términos globales, su evolución ha sido positiva y estable, con algunas variaciones en algún sector. Se calcula que en junio de 2025, Indonesia exportó un total de casi 180 millones de euros a España, aumentando un 26,1 % en respecto a junio del año pasado.

La presencia empresarial española en Indonesia es aún reducida, pero muestra una tendencia creciente. El CEPA podría facilitar la entrada de empresas españolas en el mercado indonesio, especialmente en sectores como infraestructuras, servicios financieros, turismo y agroalimentación. La creciente clase media indonesia y su dinamismo económico ofrecen una oportunidad estratégica para la internacionalización de las pymes españolas, gracias a su estabilidad, su mercado creciente y sus perspectivas de futuro. Por su parte, Indonesia considera a España un socio relevante dentro del marco europeo, tanto por su potencial tecnológico como por su posición estratégica como puerta de entrada a los mercados de América Latina y del norte de África. Sin embargo, la inversión directa del país en España sigue siendo limitada aunque existen posibilidades de crecimiento en el futuro.

Por otro lado, España también ha mostrado cierto interés y compromiso con los capítulos del CEPA en relación a la sostenibilidad y trazabilidad, siendo uno de los países más comprometidos con la agenda verde europea. Gracias a su capacidad tecnológica, este acuerdo le abre oportunidades para que pueda cooperar en energías renovables y gestión ambiental. Indonesia, por su parte, podría beneficiarse de la experiencia española para nutrirse y avanzar hacia nuevos modelos de producción y consumo más sostenibles.

En el plano político, España ha respaldado los esfuerzos estratégicos de la UE para reforzar su presencia en el Indo-Pacífico y ha participado activamente en foros de diálogo con países de ASEAN. La implementación del CEPA podría actuar como catalizador para fortalecer los vínculos bilaterales entre Madrid y Yakarta, tanto en el ámbito económico como en el diplomático.

Riesgos y críticas

A pesar de los beneficios potenciales, este acuerdo también ha generado ciertas críticas y polémicas. Varias organizaciones no gubernamentales han advertido que los compromisos de sostenibilidad podrían resultar insuficientes si no se acompañan de mecanismos de verificación sólidos y transparentes.

Aunque el acuerdo incluye un capítulo específico sobre deforestación y compromisos ambientales, en Europa, ciertos sectores temen de competencia desleal si no se aplican unos estándares homogéneos. De hecho, algunos críticos sostienen que las medidas actuales no son suficientes para frenar la deforestación ni para garantizar condiciones laborales justas en el sector. Por el contrario, Indonesia ha defendido sus prácticas, acusando en algunas ocasiones a la UE de imponer normas proteccionistas y discriminatorias.

También existen ciertas dudas sobre la distribución de los beneficios. En Indonesia, algunos analistas temen que las ganancias podrían concentrarse en grandes conglomerados, dejando atrás a pequeñas y medianas empresas. En Europa, sectores agrícolas e industriales han reclamado garantías adicionales para evitar pérdidas de competitividad frente a las importaciones de Indonesia.

Al final, el éxito real de estas medidas y compromisos dependerá de la voluntad política de ambos y de la eficacia en su aplicación.

Estado actual de las negociaciones

Tras casi una década de trabajo, en la 19.ª ronda de negociación se anunció el cierre de las negociaciones tanto para el CEPA como para el IPA. Aunque ambos tratados ya están firmados, todavía no han entrado en vigor: aún deben ser ratificados por los parlamentos de ambos socios. Por ello, los siguientes pasos del proceso serán los más decisivos para comprobar si el pacto logra superar las resistencias políticas y sociales tanto de Indonesia como de la Unión Europea. Se espera que el acuerdo entre en vigor en 2027, tras completar los trámites legislativos y técnicos necesarios.

La firma de este tratado llega en un momento en que la UE está acelerando sus negociaciones con otros países del Sudeste Asiático —como Filipinas, Tailandia, Malasia—, con la esperanza de consolidar un acuerdo más amplio con ASEAN. Este ‘apuro’ demuestra  la estrategia europea de diversificar al máximo sus mercados para contrarrestar al proteccionismo impulsado por las grandes potencias.

Comparaciones con otros acuerdo regionales

Paralelamente, en los últimos años, la Unión Europea ha firmado varios acuerdos con otros países como Japón, Corea del Sur y Nueva Zelanda, además de un acuerdo de libre comercio con Singapur en 2019 y uno con Vietnam en 2020, que ayudaron a impulsar significativamente sus exportaciones hacia Europa. De hecho, el CEPA es el tercer acuerdo comercial que la Unión Europea firma con estos países, después de Singapur y Vietnam.

En todos estos casos, Bruselas ha buscado establecer estándares comunes en comercio, inversión y sostenibilidad, reforzando su presencia en esta región. Sin embargo, a diferencia de los pactos con Singapur y Vietnam —que avanzaron con mayor rapidez—, el acuerdo con Indonesia presentó varios desafíos particulares que hicieron más difícil su negociación. Esto refleja la singularidad de cada país y la importancia de abordar de manera específica las preocupaciones de cada uno para alcanzar un acuerdo equilibrado y justo.

Asimismo, a nivel regional, Indonesia forma parte del RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership), el mayor tratado comercial del mundo, que reúne a varias economías del Este y Sudeste Asiático.

Todos estos tratados han servido de referencia para el CEPA, tanto en estructura como en ambiciones normativas. Otros países de la ASEAN, como Filipinas, Tailandia y Malasia también han iniciado y reanudado negociaciones con la UE, aunque con menos avances: Tailandia reactivó las negociaciones en marzo de 2023 y Filipinas en marzo de 2024. En el caso de Filipinas, el país también ha mostrado interés en negociar un acuerdo similar, lo que muestra que existe una tendencia regional hacia la integración económica con Europa.

En paralelo, Indonesia ha avanzado en acuerdos bilaterales con otros socios asiáticos. El CEPA Indonesia-Corea, vigente desde enero de 2023 tras su firma en 2020, sirvió para eliminar gran parte de los aranceles y cubrir servicios e inversiones entre ambos países.

La conclusión del CEPA refuerza la estrategia de Bruselas de tejer una red de alianzas económicas en Asia, como contrapeso a la influencia de China y como medida de seguridad frente a la incertidumbre comercial de EE.UU. En lugar de crear un acuerdo con todo el bloque ASEAN, la UE ha optado por la vía bilateral para adaptar mejor los pactos a las características de cada economía, aunque el proceso resulte ser más largo y complejo.

Conclusión

En un contexto internacional marcado por el creciente proteccionismo y la competencia geopolítica, el acuerdo de libre comercio y asociación política entre Indonesia y la UE representa una apuesta conjunta por la apertura económica regulada, sostenible y basada en reglas claras. Este pacto puede marcar el inicio de una nueva etapa en los vínculos entre ambas regiones y un paso significativo hacia una relación más estrecha y estratégica.

Aunque aún persisten desafíos por resolver —especialmente en impactos ambientales y sociales—, el CEPA tiene el potencial de transformar el vínculo bilateral y servir como modelo para futuras alianzas euroasiáticas en un mundo cada vez más interdependiente.

Pese a que las negociaciones ya han acabado, el tratado aún no está en vigor y los procesos de ratificación y adaptación pueden prolongarse. El CEPA será un experimento decisivo para demostrar hasta qué punto los acuerdos de libre comercio pueden combinar la liberalización económica con agendas de sostenibilidad y justicia social.