23/04/2025 | Actualidad > AsiaView

Tailandia se ha consolidado como una de las economías emergentes más dinámicas del Sudeste Asiático. Con una población superior a los 70 millones de habitantes y una ubicación preferencial en esta región, el país se ha posicionado como la principal puerta de entrada a uno de los mercados de más rápido crecimiento a nivel mundial. Asimismo, Tailandia ha ganado relevancia como centro regional de comercio, turismo y manufactura.

Una perspectiva histórica del desarrollo económico de Tailandia

Gracias a su privilegiada ubicación geográfica y a la riqueza de sus recursos naturales , Tailandia ha logrado sostener un crecimiento económico a lo largo de los años, hasta convertirse actualmente en la segunda mayor economía del Sudeste Asiático. A partir de su incorporación al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial en 1949, el país inició un proceso de apertura e internacionalización, impulsado también por una creciente afluencia de inversión extranjera, procedente de Estados Unidos, Japón, los llamados Tigres Asiáticos y, más recientemente, de China.

Durante la década de 1960, con la industrialización asiática en pleno auge, Tailandia impulsó una modernización económica que transformó su estructura productiva. Mientras que la economía tailandesa se había caracterizado tradicionalmente por su fuerte base agrícola, el sector industrial empezó a adquirir un peso creciente, pasando de representar un 17,6% del PIB en la década de 1970 a un 32,9% del PIB en la de 1990. Sin embargo, en este último período el sector agrícola aún significaba un 63,5% del empleo, y concentraba la mayoría de la población en las zonas rurales, perpetuando así un desarrollo regional desigual.

En este proceso de transformación, la agricultura se diversificó y evolucionó hacia la agroindustria, incorporando la producción de alimentos procesados para animales, semillas, productos marinos, etc. Paralelamente, la economía tailandesa se volvió cada vez más dependiente de las exportaciones, que se diversificaron hacia sectores como la electrónica y el textil, de manera que para 1997, las manufacturas pasaron a representar el 71% del total exportado. Este período, también se vio acompañado por programas de privatización y desregulación de los mercados financieros, una creciente inversión extranjera, la expansión del turismo internacional y el auge del sector exportador. Como resultado, Tailandia registró un crecimiento económico sostenido, con una tasa promedio anual del 8,5% anual.

El papel de Tailandia en la ASEAN

El desarrollo económico de Tailandia ha estado estrechamente vinculado a la integración regional de bienes y flujo de inversión con sus países vecinos. En este contexto, uno de los hitos más significativos fue la creación de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) en 1967, junto a Filipinas, Indonesia, Malasia y Singapur. Esta organización regional, que se ha expandido progresivamente a lo largo de los años, fue concebida con el objetivo de acelerar el crecimiento económico, fomentar el progreso social y promover la cooperación cultural entre sus Estados miembros.

En la actualidad, Tailandia desempeña un papel clave dentro de la ASEAN, siendo una de las economías más importantes del bloque. Adicionalmente, el país también forma parte de otros mecanismos de integración económica como la Comunidad Económica de Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (AEC-ASEAN), el Área de Libre Comercio ASEAN-China (ACFTA), o la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), los cuales refuerzan la inserción de Tailandia en las cadenas de valor regionales y globales, además de consolidar al país como una importante puerta de entrada geográfica a las economías del Sudeste Asiático.

A lo largo del tiempo, Tailandia ha logrado un entorno cada vez más favorable para el comercio y la inversión regional. Con una política exterior orientada al fortalecimiento de las relaciones multilaterales, aunque da prioridad a la cooperación dentro del bloque ASEAN, también ha estrechado lazos con potencias extrarregionales como Japón, Estados Unidos, la Unión Europea y China, consolidando su posición como un actor relevante en el escenario económico y político del Asia-Pacífico.

La crisis financiera de 1997 y el proceso de recuperación económica

La crisis financiera del Sudeste asiático de 1997 tuvo un impacto devastador en los mercados financieros, las divisas y otros activos económicos de varias economías asiáticas. Tailandia fue el epicentro inicial de esta crisis debido a una creciente volatilidad de los flujos de capital, una burbuja especulativa en los sectores financieros y de bienes, y problemas relativos al aumento de la deuda externa, que se situaba en un 56% del PIB en 1997.

La crisis de la balanza de pagos derivó en una devaluación de la moneda tailandesa – baht –, que perdió gran parte de su valor frente al dólar estadounidense, y provocó una contracción económica cercana al 20% en los años posteriores. Esta situación evidenció los problemas estructurales que Tailandia había acumulado desde el inicio de la modernización económica en 1960, así como la falta de infraestructura, la política cambiaría rígida, la fragilidad financiera y las fallas en la gobernanza.

Posteriormente, el país emprendió un proceso de recuperación mediante el impulso de su competitividad exportadora, y reformas del sistema financiero y del sector privado, con el objetivo de corregir los desequilibrios internos y restaurar la estabilidad macroeconómica. Este proceso se respaldó con un rescate del FMI, que destinó más de 35.000 millones de dólares a programas de ajuste estructural en Tailandia, Corea del Sur e Indonesia.

Durante los años siguientes, Tailandia logró estabilizar gradualmente su economía, con un crecimiento del PIB y el fortalecimiento de su sistema financiero. A nivel macroeconómico, el país ha mantenido desde entonces un déficit público moderado, alrededor del 1% del PIB, una inflación controlada y una reserva de divisas sólida. De ese modo, aunque Tailandia ha enfrentado desafíos posteriores relacionados con la crisis financiera de 2008, el aumento de desastres naturales, la pandemia de la COVID-19, y la reciente guerra comercial, la economía del país ha mostrado ser resiliente a los choques externos, pudiendo mantener un crecimiento estable del PIB con una media del 5,5% anual.

En las últimas décadas, Tailandia ha avanzado hacia un modelo de desarrollo más sostenible. Este dinamismo ha sido impulsado principalmente por el crecimiento de las exportaciones, la expansión del turismo internacional y su posición geográfica estratégica para la conectividad regional. En este sentido, el país se ha consolidado como una de las economías emergentes más abiertas del mercado global, destacando también por sus inversiones estratégicas en infraestructura comercial y la diversificación productiva como pilares fundamentales de su estabilidad económica a largo plazo.

Los principales sectores económicos de Tailandia

En las últimas dos décadas, el comercio de Tailandia ha experimentado un crecimiento superior al 30%, debido principalmente al turismo y la industria manufacturera, que conjuntamente generan una cuarta parte del PIB del país.

Por un lado, el sector primario ha desempeñado históricamente un papel significativo en la economía tailandesa, aunque se encuentra en un retroceso relativo. Actualmente, representa cerca del 8,8% del PIB del país, y su mayor componente, la agricultura, más de un 30% de la fuerza laboral de Tailandia. Durante años, el país se ha consolidado como un importante productor de arroz, uno de los principales cultivos de exportación, además de destacar otros productos como los ganaderos y de pesca. Este último subsector, también posee una clara orientación exportadora, con un 77% de la producción pesquera destinada a mercados internacionales.

Por otro lado, el sector secundario ha sido un motor clave del crecimiento económico tailandés desde finales del siglo XX. Actualmente, orientado mayoritariamente a la exportación, representa aproximadamente el 35% del PIB nacional, con una composición interna liderada por las manufacturas (27,01% del PIB), los sectores de electricidad y gas (2,45%) y la minería (2,17%). El impulso de la base industrial de Tailandia se debe a la llegada de inversiones extranjeras en 1980, que permitió su especialización en sectores como la automoción, el textil, el calzado y la electrónica. En los últimos años, el gobierno tailandés ha promovido la diversificación industrial hacia sectores de mayor valor añadido, como la industria química, la producción de fertilizantes y la fabricación de componentes avanzados para el sector automotriz.

Finalmente, el sector terciario es el mayor componente de la economía tailandesa, aportando el 56,2% del PIB y empleando a un 52% de la fuerza laboral del país. Entre los principales servicios destacan el comercio (16,70% PIB), y los servicios financieros y de seguros (8,28%), con una creciente tendencia a la digitalización bancaria. El turismo, también ocupa un lugar destacado dentro de este sector. Antes del impacto de la pandemia de COVID-19, Tailandia se encontraba entre los principales destinos turísticos del mundo, y el turismo llegó a representar cerca del 18% del PIB del país. Aunque el sector sufrió una contracción significativa en los últimos años, la recuperación ha sido más acelerada que en otros sectores, impulsada por la reapertura internacional, el fortalecimiento de las infraestructuras turísticas y una mayor valorización del patrimonio cultural y natural del país.

La importancia de las exportaciones en la economía tailandesa

Tailandia se ha destacado por su fuerte sector exportador, que representa aproximadamente un 60% del PIB del país. Los principales destinos de las exportaciones han sido, tradicionalmente, Estados Unidos (16,6% del total exportado en 2022), China (12%), Japón (8,6%), y la Unión Europea (7%). Sin embargo, al considerar al conjunto de países del ASEAN, este bloque se convierte en el principal socio comercial de Tailandia, representando casi un 26% del total de exportaciones.

El sector secundario constituye la partida más importante en las exportaciones tailandesas, representando un 86% del total. Dentro de este, destacan la industria automovilística y sus componentes, las manufacturas agrícolas, los productos electrónicos, y la maquinaria y equipamientos. Además, Tailandia se encuentra entre los principales exportadores de piedras preciosas a nivel mundial, actuando como centro logístico y de distribución para productos con origen de países vecinos.

En menor medida, el sector primario también desempeña un papel relevante en la economía exportadora tailandesa, representando un 8,4% del total. Según la Organización Mundial del Comercio (OMC), el país ocupa la posición 13º a nivel mundial por exportaciones agrícolas. Además, algunos productos marinos como el langostino, el camarón y el atún son especialmente dependientes a la exportación.

Desafíos económicos de Tailandia  

Tailandia enfrenta diversos desafíos estructurales que pueden limitar su crecimiento sostenido. A corto plazo, factores como la disminución de la inversión privada, la debilidad de la demanda externa, las tensiones comerciales y los efectos del cambio climático, amenazan con desacelerar el crecimiento económico. En lo más reciente, se estima que el sismo que afectó al norte del país el pasado marzo, podría reducir en un 1% el crecimiento del PIB proyectado para este año, además, las tensiones comerciales con Estados Unidos provocan cambios en la cadena global de suministro afectando a inversiones y empleo del sector manufacturero.

A largo plazo, el país se enfrenta a la desigualdad en la distribución de ingresos, la sostenibilidad de la deuda, los problemas demográficos y la menor competitividad de algunos sectores exportadores. Según el Informe de Consulta Anual 2024 sobre Tailandia de la Oficina de Investigación Macroeconomía de la ASEAN, el país requiere de una transformación estructural que impulse reformas económicas profundas, políticas fiscales y monetarias más restrictivas, y una orientación clara hacia la innovación, la digitalización y el fortalecimiento del capital humano. Además, también destacan la necesidad de reorientar la producción hacia sectores emergentes, junto con la mejora de infraestructuras logísticas e industriales.

Oportunidades de Tailandia en clave económica

A pesar de los desafíos, el gobierno ha manifestado un firme compromiso con la estabilidad macroeconómica, el fortalecimiento institucional y la atracción de inversiones. En ese aspecto, se prevé que el PIB de Tailandia continúe creciendo en una tasa promedio de entre el 3% y el 4% anual durante los próximos años.

Tailandia se posiciona de forma destacada en el entorno empresarial internacional, ocupando el puesto 21 en el Índice de Facilidad para Hacer Negocios elaborado por el Banco Mundial. Entre las ventajas competitivas del país, se encuentra la posibilidad de establecer operaciones en el sector manufacturero con capital 100% extranjero, así como la disponibilidad de incentivos para inversiones que promuevan la competitividad y la innovación. Adicionalmente, en un contexto donde los productos industriales se asocian a servicios desagregados, el sector terciario ofrece amplias oportunidades de expansión, especialmente en áreas como logística, tecnologías de la información y servicios financieros digitales.

Asimismo, el país también cuenta con elevados niveles de reservas internacionales, una política monetaria prudente y una ambiciosa agenda de modernización bajo el plan estratégico Thailand 4.0, enfocado en el desarrollo de infraestructura, la digitalización de la economía y la formación de capital humano. En conjunto, estos factores refuerzan la posición de Tailandia como un destino atractivo para la inversión extranjera y un actor clave en las cadenas de valor regionales y globales.

Departamento de Economía y Empresa de Casa Asia