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En la mayoría de países asiáticos existe alguna leyenda tradicional que explica cómo se descubrió el té. Una de las más conocidas parte del budismo y cuenta que durante la meditación bajo el árbol Bodhi, Buda contempló los sufrimientos y los graves problemas a los que se enfrenta el hombre en la vida: la tristeza, la soledad, la enfermedad, la vejez y la muerte. Ante estos pensamientos el sabio y compasivo Siddharta dejó caer una lágrima de sus ojos. En el mismo lugar donde cayó su lágrima creció de la tierra el arbusto del té, la poción que ha proporcionado consuelo espiritual a millones de personas durante la historia de la humanidad.

Sin embargo los orígenes que se atribuyen al té son diversos. La historia china cuenta que fue el emperador chino Sheng Nung quien descubrió el té 2737 años a.C., hace casi 5.000 años. El emperador dormía a la sombra de un arbusto mientras a su lado se hervía agua en un recipiente. Algunas hojas de este arbusto cayeron casualmente en el agua hirviendo y el emperador encontró la infusión deliciosa y vigorizante. Sin embargo la difusión del té se produjo en la dinastía T'ang (618-907) cuando el monje budista Lu Yu recopiló experiencias y conocimiento de sus antepasados en el primer compendio sobre esta infusión: Clásico del té. Más tarde el monje budista Yeisei llevó el té hasta Japón, donde se convirtió en un brebaje unido al arte, la perfección y la pureza.

De lo que podemos estar seguros es que el té es una bebida ancestral que la cultura asiática ha utilizado durante muchos siglos como revitalizador físico y espiritual. La difusión por el continente asiático se debe sobre todo a los monjes budistas, que lo difundieron por Asia. En el siglo XVII la Compañía Holandesa de las Indias Orientales importó el té a Europa juntamente con la nobleza británica.


En occidente el té se viene consumiendo desde hace siglos, y hoy todavía se desconocen muchas de las propiedades de este remedio universal. El té no es únicamente una bebida conocida como potenciador de nuestro bienestar y equilibrio mental, sino que engloba una tradición vinculada a la meditación, a las relaciones sociales, a la cultura, al arte y al intercambio social. Se trata, en definitiva, de un ritual de comunicación atávico. Para muchas personas, el descubrimiento de los secretos del té se vincula a un mayor entendimiento con la consciencia y a una mejora de la relación con el entorno y con nosotros mismos.


"El teísmo"

Existe toda una tradición milenaria que convierte al ritual del té y sus características como bebida, en una creencia, una forma de vivir. Se trata de lo que algunos autores denominan como teísmo, un culto basado en la adoración de la belleza entre la vulgaridad de la vida cotidiana. Es una forma de inspirar pureza y armonía.

La filosofía del té, comentada por Kakuzo Okakura en su escrito El libro del Té, "no es una simple estética en la acepción corriente de la palabra, puesto que nos ayuda a expresar junto con la ética y la religión, nuestra concepción integral del hombre y de la naturaleza: es una higiene, porque impone la pulcritud; es una economía, porque enseña que el bienestar consiste más en la sencillez que en la complicación de los dispendios; es una geometría moral, porque define los límites de nuestra capacidad en relación con el universo. Representa, en fin, el verdadero espíritu democrático del extremo oriente, en cuanto hace de todos sus adeptos unos aristócratas del gusto".