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Política y sociedad > Los retos de la urbanización china en el siglo XXI

Los retos de la urbanización china en el siglo XXI

El rápido proceso de urbanización en China y los nuevos retos a los que se enfrentan los líderes chinos en el presente siglo, fue el tema de debate de la mesa redonda que reunió en Casa Asia, el pasado 25 de abril a cuatro expertos en la materia: François Guipouloux, editor de “China’s Urban Century: Governance, Enviroment and Socio-Economic Imperatives; Athar Hussain, director del Asia Research Centre de la London School of Economics; Miquel Martí, profesor de arquitectura de la Universitat Politècnica de Catalunya; y Miguel Elosúa, investigador del proyecto UrbaChina financiado por la Unión Europea.

François Guipouloux destacó en su intervención que la urbanización era un tema capital en China dado el cambio de modelo económico que estaba experimentando el país. “En los últimos 30 años China ha estado exportando productos a bajo precio y nivel tecnológico y con una mano de obra intensiva, mientras que ahora está apostando por el consumo doméstico”. Y la urbanización, aseguró, es uno de los indicios de este cambio.

Guipouloux explicó que en la década de los 70, inicio de la apertura política en China, había un bajo nivel de urbanización y de residentes que vivían en ciudades, menos de un 20% del total de la población, mientras que ahora representaba ya el 55%. "Es la primera vez en la historia de China que el número de las personas que vive en ciudades sobrepasa al número de campesinos que vive en el campo", afirmó, aunque de este 55%, solo el 35% cuenta con  una residencia administrativa propia. 

Athar Hussain, dijo que desde 1980 la acelerada urbanización de las ciudades chinas ha ido en aumento, y ha conllevado toda una serie de problemas. Uno de ellos es el elevado nivel de polución y contaminación en las grandes ciudades, como es por ejemplo Beijing, que cuenta con más de 6 millones de vehículos, y otro es la destrucción del entorno y del medio ambiente. 

Para Hussain, otro problema vinculado con la urbanización es el sistema de registro chino, un sistema que favorece la división de la sociedad ya que una parte de su ciudadanía no está oficialmente registrada; “así podríamos deducir que el 20% de la población china es extranjera en su propio país”. Esta población migrante que vive y trabaja en las zonas urbanas no cuenta con el mismo nivel de servicios públicos que los habitantes que disponen del certificado o registro de residencia (hukou), por lo que “en estos años se han acrecentado las diferencias entre residentes urbanos y los procedentes del campo”.

Por su parte, Miquel Martí habló del espacio público y reflexionó sobre la identidad urbana, centrada, según él, en el patrimonio, el paisaje y la movilidad. Martí señaló que cada ciudad tiene unos elementos arquitectónicos y un paisaje que las define, pero “cada vez es más complicado encontrar esa identidad en las ciudades chinas por culpa de este proceso intensivo de urbanización”

Y por eso se preguntó ¿cómo encontrar una identidad urbana en ciudades que crecen tan rápidamente? En cambio, el espacio público chino no sufre el problema del hiperdiseño ni de la hiperregulación, y eso es al menos un factor positivo, añadió. La dificultad que supone la problemática de la movilidad en estas grandes ciudades es otro aspecto que dificulta el poder construir una ciudad más cívica y con mayor identidad, subrayó Martí.

Finalmente, Miguel Elosúa puso el acento en la dificultad que supone el acceso a la vivienda sobre todo para el trabajador migrante chino por culpa del sistema de propiedad vigente en el país, razón por la cual, según Elosúa “solo el 0’6% de estos trabajadores que emigran a la ciudad tienen vivienda propia”.

Para Elosúa este problema se debe en gran parte al sistema de propiedad dual chino y a la creación en 1998 del mercado inmobiliario, año en que el estado transfirió las viviendas urbanas a sus ocupantes a precios muy bajos, pero por el contrario no aplicó el mismo criterio a los campesinos que vivían en el campo. La consecuencia es que “la mayoría de estos trabajadores que proceden del campo vive de alquiler y lo hace a las afueras de las grandes urbes, en asentamientos informales o en los llamados pueblos urbanos”.

En suma, estos treinta años de crecimiento económico en China han aportado numerosos beneficios pero también algunos problemas relacionados con este proceso de urbanización,  que afectan a la calidad de vida de la nueva sociedad urbana del país que se concentra en su gran mayoría en el este de China.

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